Descubrió un robo que desató uno de los crímenes más sangrientos de la historia de Mar del Plata y arruinaron su vida: “Callate o quedás en la calle”

Aelita Ivars de Martiarena trabajaba como Jefa de personal en la fábrica Noel de Mar del Plata cuando descubrió un faltante de dinero que dio origen al brutal crimen de Roberto Anibal Ruíz a manos de Héctor Espiñeira. A 58 años del sangriento hecho, la familia de la mujer pide que se limpie su imagen. 

El horrible crimen en Chapadmalal desató una de las histotias más oscuras de Mar del Plata.

El crimen Roberto Aníbal Ruiz, contador de la sucursal local de la fábrica Noel a manos del gerente de la firma Héctor Espiñeira en 1968 y el posterior descubrimiento del cuerpo fue uno de los casos más resonantes de la historia criminal marplatense. Es que el cuerpo de la víctima apareció decapitado y sin manos en un baldío de la zona de Chapadmalal generando un sinfin de hipótesis.

Cuando se supo que el crimen fue para tapar un robo millonario que había descubierto la jefa de personal de la firma, Aelita Ivars de Martiarena, se tejieron varias de hipótesis: la que sonó con más fuerza fue que la mujer formaba parte de un triángulo amoroso (del que no era parte). A 58 años del caso, la familia de la mujer (que fue sobreseída) pide que se limpie su memoria.

En 1968, Aelita Ivars de Martiarena notó que había un faltante de dinero y dio aviso a las autoridades de  la sucursal de la célebre fábrica de dulces y conservas, situada en la calle Jujuy 3258 que decidieron realizar una auditoría interna. La suma superaba los ocho millones de pesos. Ante la inminente revisión de los balances, el gerente Héctor Espiñeira pergeñó un plan criminal para encubrir el desfalco y responsabilizar a su íntimo amigo y contador de la firma, Roberto Aníbal Ruiz.

El primer hallazgo decisivo ocurrió el 25 de agosto, cuando una transeúnte descubrió un cadáver mutilado entre los arbustos de las barrancas de la playa La Paloma, en Chapadmalal. El cuerpo presentaba una característica escalofriante al carecer de cabeza y manos, aunque una cicatriz quirúrgica por una operación de apendicitis permitió identificar a la víctima.

Dos días después, una patrulla policial halló abandonada en la ciudad de Azul la camioneta rural Fiat 1500 perteneciente al contador, la cual presentaba manchas de sangre en su interior.

Tras el macabro hallazgo, los medios de comunicación de la época se abocaron a llenar páginas y horas televisivas con detalles del caso, punto que sindicaron a Ivars de Martiarena como la mujer que habría integrado un triángulo amoroso con la víctima y el victimario, a pesar de que era mentira. “Dijeron cualquier cosa y cada tres meses vuelve a aparecer la noticia sin que nadie se tome el trabajo de preguntarme nada. ¿Sabés lo que es para los familiares leer eso?”, cuenta a 0223 la hija de Ivars, Norma Martiarena.

“Mamá trabajaba en la fábrica y había ascendido a jefa de personal. Tenía como jefes a Ruiz y a Espiñeira y encontró un faltante de dinero, por lo que se los advirtió. Ellos sabían cuál era la debilidad de mi mamá, que éramos nosotras dos, sus hijas, entonces la advirtieron: 'Callate la boca o terminás en la calle, pensá en tus hijas'".

Visto a la distancia, Norma reconoce que Aelita intentó por todos los medios solucionar el problema, pero eso le “jugó en contra”: “Me acuerdo que mamá se llevaba máquinas de escribir para ver dónde estaba el error: el problema eran ellos dos. Estábamos las dos solitas con mi hermana y llegó una prima de mi mamá avisándonos que había venido gente de Buenos Aires de Noel a hacer una auditoría, y habían encontrado el faltante. Lo malo es que quedó mi mamá también involucrada”, recuerda.

“Espiñeira en un principio dijo que mi mamá no estaba involucrada, pero los diarios hicieron unas novelas que nunca jamás a mi casa vinieron a preguntar sobre mi mamá. Ellos hacían la novela. Mi mamá estaba 24x24 con nosotros, ellos eran compañeros de trabajo y nada más”, aclara al tiempo que explica Aelita “confesó luego de ser torturada por la Policía”

"La involucraban con un triángulo amoroso que nunca fue, con esos dos tipos. Después, nunca aclararon nada y quedó todo ahí. Nosotros la pasamos muy mal, mi mamá se quedó sin trabajo, me acuerdo que una vez vinieron a hacer una entrevista a mi casa y los vecinos los querían matar a los periodistas por las cosas que habían escrito, porque sabían quién era mi mamá y las cosas que había pasado desde sus 19 años", asegura.

El caso quedó en el olvido hasta 1977 cuando se cumplieron cinco años del fallecimiento de Aelita y encontraron, al momento de quitar el cuerpo de su tumba una tijera en la zona del tórax. "Fue mala praxis. En 1972, mi mamá empieza a estar mal, vomitaba y no paraba. Van a la 25 de Mayo, el doctor Boussas, que era el director de la clínica, decía que había que operar, que había piedras en la vesícula. Lo operan, le sacan las piedras, está en la habitación, a la segunda o tercer noche mi mamá empieza con fatiga, la vuelven a meter a terapia y esa noche fallece", recuerda.

"Cuando vamos a sacarla de tierra cinco años después, el sepulturero dice: "¿Y esto qué es?" Era una tijera de esas que te traban las arterias cuando te operan. Como nosotros lo encontramos, investigamos y fuimos a la funeraria a buscar partida de defunción y no decía por operación de vesícula y firmado por los médicos; decía embolia pulmonar que falleció mi mamá. O sea, que la tijera, al movilizarla de terapia a la habitación o al movimiento, le perforó el pulmón", dice.

Cuando se hizo público el hallazgo, ocurrió algo que indignó a Norma. Uno de los diarios locales tituló: "Aelita Ivars de Martiarena, hasta después de muerta da que hablar". "¿Cómo lo tomás vos como hijo? ¿Qué tenés que decirle a estos tipos?" pregunta Norma, de 72 años, al tiempo que pide que dejen en paz la memoria de su madre. "Lo único que pretendemos es que la dejen en paz, que no vuelvan a revivir...han dicho cada pavada", cerró.

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