Así eran las playas de Mar del Plata en 1888: reglas absurdas que hoy parecen de otro planeta

El reglamento de baños nació en el siglo XIX y, con el correr del tiempo, se fue liberalizando.

Los hombres no podían estar a menos de 30 metros de las mujeres.

6 de Marzo de 2026 11:33

Por Redacción 0223

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En 1888, Mar del Plata vio nacer su primer reglamento de baños, pensado para velar por el orden y el decoro público. La llegada del ferrocarril y el auge de los balnearios hizo que las autoridades decidieran regular quién podía bañarse dónde, cómo y con qué vestimenta. Las reglas parecían sacadas de otra época, casi absurdas para nuestros ojos actuales.

Entre las disposiciones más llamativas, se prohibía a los hombres acercarse a menos de 30 metros de las mujeres durante el baño, salvo que fueran familiares. Además, los trajes debían cubrir desde el cuello hasta la rodilla, y se restringía el uso de cualquier anteojo o instrumento de aumento que permitiera observar indebidamente a los bañistas femeninos. También se establecían horarios para el baño, de modo que ciertas prácticas y recorridos en la playa quedaban limitados a franjas específicas del día, con eventual pena de cárcel si no se cumplía la normativa.

El tipo de vestimenta estaba regulado por ley.

Los animales también tenían prohibido bañarse

El reglamento no solo incluía distancias, vestimenta y horarios, sino que también contenía normas curiosas: estaba prohibido bañar animales en las playas familiares, y cualquier palabra o acción deshonesta era considerada contraria al decoro. Incluso, se designó un equipo con boyas, carpinteros y marineros para vigilar la seguridad de los bañistas, dejando claro que la norma tocaba tanto la moral como aspectos prácticos del verano.

El impacto de estas reglas generó críticas en la prensa de la época, que las consideraba excesivas frente a otras necesidades del país. Sin embargo, la historia recuerda que incluso el presidente Miguel Juárez Celman pasó sus vacaciones mientras se discutía el reglamento, mostrando cómo la playa se convirtió en un escenario de control social y curioso debate público.