No es Italia: el impactante rincón a minutos de Mar del Plata con casas colgadas sobre el mar
La mayoría de los edificios son de los años 60 y resisten ante los embates del mar.
Por Redacción 0223
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A pocos minutos de Mar del Plata existe un refugio costero que parece detenido en el tiempo y remite a las postales más bellas de la costa mediterránea. Se trata de Costa Bonita, un balneario nacido del sueño de dos aviadores que, tras sobrevolar la zona, quedaron impactados por la fisonomía de sus acantilados y la inmensidad del mar. El lugar destaca por sus casas construidas literalmente sobre el borde del abismo, creando una imagen de "villas colgadas" que evoca el encanto de los pueblos de Italia. Esta joya oculta del sudeste bonaerense ofrece una experiencia de paz absoluta, lejos del ruido y las multitudes de las grandes ciudades balnearias.
La historia del lugar es tan fascinante como su geografía, marcada por leyendas de submarinos alemanes y un fuerte vínculo con la cultura del rock argentino de los años 70. Fue allí donde figuras como Gustavo Santaolalla y su banda Arco Iris encontraron la inspiración necesaria para componer clásicos que hoy son parte del patrimonio nacional. Se dice que el aire místico de sus dunas y el sonido constante de las olas fueron la musa directa para canciones emblemáticas de la época. Para muchos artistas y hippies de aquel entonces, este rincón representaba el equilibrio perfecto entre la naturaleza indómita y la búsqueda espiritual.
Cuáles son las principales atracciones de Costa Bonita
Además de su mística musical, el balneario alberga sitios de gran interés como la Gruta de la Virgen de Lourdes, construida por una fiel tras una promesa de sanación y muy similar a la ubicada en La Feliz, en el barrio Stella Maris. Entre sus médanos y calles de trazado rústico, se yerguen edificios de los años 60 que resisten el avance de la erosión marina y el paso de las décadas. Aunque el puerto de Necochea modificó la dinámica de sus playas, el paisaje hoy es una mezcla de piedras, cuevas naturales y atardeceres dorados que cautivan a cualquier viajero.
Sus construcciones sencillas pero sólidas mantienen el espíritu de la clase media que soñó con un paraíso frente al acantilado. Aunque algunos rincones hoy lucen desolados, esa misma atmósfera le otorga un encanto nostálgico que lo vuelve irresistible para la fotografía de naturaleza y el turismo contemplativo. Es, sin dudas, uno de los secretos mejor guardados de la Costa Atlántica.
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