Del aeroclub a los cielos de Europa: el marplatense que vuela para una de las principales líneas aéreas
Valentín del Señor nació en Mar del Plata y se crio en Miramar. A los 8 años soñó con volar y hoy es primer oficial de un Airbus A320. Su historia, desde el aeroclub local hasta los aeropuertos de Europa.
A los ocho años, una computadora vieja del consultorio odontológico de su padre cambió su vida para siempre. Allí, en esa máquina, Valentín del Señor descubrió un simulador de vuelo y quedó fascinado con el mundo de la aviación. Dieciocho años después, aquel chico que pasaba horas frente a la pantalla volando virtualmente hoy pilotea aviones comerciales para la aerolínea española Vueling y vive en Barcelona.
El joven piloto tiene 26 años. Nació en Mar del Plata pero creció en Miramar, donde cursó toda la escuela primaria y secundaria. Allí se forjó su sueño de convertirse en piloto de línea aérea. “Mi padre me trajo una computadora vieja del consultorio para que juegue. No sé cómo encontré un simulador de vuelo y ahí empezó todo”, recuerda.
Durante casi una década, su aprendizaje fue autodidacta. Mientras estudiaba inglés y terminaba la escuela, pasaba horas perfeccionando su habilidad en simuladores que replicaban con gran realismo la operación de aeronaves. "La similitud con la realidad es prácticamente muy cercana. Es un mundo muy friki", reconoce.
Sus primeros pasos en la aviación
Su primer contacto real con un avión llegó a los 16 años, cuando realizó un vuelo de bautismo. Un año después comenzó formalmente el curso de piloto privado en el aeroclub de Miramar. En 2018 consiguió la licencia al mismo tiempo que finalizaba la escuela secundaria. Pero Valentín empezaba a mirar hacia afuera: intuía que fuera del país podían estar las oportunidades para cumplir su objetivo.
“En Argentina la aviación estuvo muy parada durante mucho tiempo. Es un ambiente muy cerrado y complicado de evolucionar”, señala. Fue así, que en 2019 se mudó a Florida, Estados Unidos, para continuar su formación. Allí obtuvo su licencia de piloto comercial y la certificación de instructor de vuelo. A los 20 años ya estaba enseñando a otros pilotos.
Durante varios años combinó la instrucción bajo normas estadounidenses y europeas, lo que le permitió obtener certificaciones de ambas autoridades aeronáuticas. Para 2022 ya tenía todas las habilitaciones necesarias para aspirar a volar en una aerolínea.
El ingreso a una aerolínea europea
El gran salto llegó en octubre de 2024, cuando se presentó a los procesos de selección de distintas compañías. Finalmente fue contratado por Vueling, una de las principales aerolíneas low cost de Europa. Desde diciembre de ese año vive en Barcelona, base principal de la compañía. Hoy trabaja como primer oficial en la familia de aeronaves Airbus A320, que incluye los modelos A319, A320 y A321.
Su rutina laboral está lejos de ser convencional. Los pilotos no tienen fines de semana ni horarios fijos. “Podemos volar hasta 100 horas en 28 días. El promedio está entre 70 y 80 horas mensuales”, explica.
En general trabaja entre cuatro y cinco días consecutivos de vuelos, seguidos por tres días de descanso. Los días comienzan muy temprano: muchas veces se levanta entre las tres y media y las cinco de la mañana para presentarse en el aeropuerto una hora antes del vuelo. "Nosotros no tenemos de por sí un lunes a viernes y los fines de semana libre. La aviación son 24 horas", resalta. “Analizamos la meteorología, el plan de vuelo, el avión y hacemos el briefing de seguridad. Después arranca el embarque”, describe.
Una jornada típica incluye hasta cuatro vuelos diarios entre distintas ciudades europeas. En una misma semana puede volar a destinos como Praga, Génova, Catania, Gran Canaria o Londres. "No tengo una ruta asignada, sino una base", aclara.
Aunque en el avión puede transportar más de 200 personas, Valentín asegura que no siente presión por esa responsabilidad. “Siempre me gustó manejar cosas grandes: trenes, barcos, aviones. Cuanto más grande, mejor”, dice entre risas.
A pesar de ser contratado, los primeros seis meses los vivió bajo presión. "Uno está en instrucción. Volás con un comandante que es instructor y que te está evaluando. Tenés que estar a la altura del estándar de la compañía, que es muy alto, y luego mantenerte contratado", cuenta.
“Sentía felicidad y estrés al mismo tiempo. Venís de tantos exámenes que cuando llegás todavía no caíste. Después de un tiempo, cuando me vi con el uniforme, dije: lo logré. Soy piloto”, admite.
Lo mejor y lo más difícil de volar
Lo que para muchos pasajeros puede ser un momento de estrés, lógicamente, para Valentín es un momento muy satisfactorio. “Estar a 10.000 metros de altura, tomando un café y viendo el amanecer. Sos parte de un grupo muy pequeño de personas que tiene ese privilegio todos los días”.
Pero la profesión también tiene su lado exigente. Los horarios alteran el ritmo biológico y el cuerpo sufre los cambios constantes. “Levantarse a las tres de la mañana no es natural. La presurización, el aire seco y estar sentado tantas horas desgastan mucho. Uno nota cómo baja más hinchado. El avión es muy abrasivo”, reconoce.
En vuelo, el mayor desafío no son las turbulencias sino las tormentas cerca del aeropuerto. “Cuando hay tormentas en el destino la carga de trabajo es enorme. Turbulencia, lluvia, cambios de velocidad… ahí te das cuenta por qué hay dos pilotos en la cabina”.
La mirada sobre la aviación argentina
A pesar de vivir en Europa, mantiene un fuerte vínculo con su ciudad y con el aeroclub donde comenzó a volar. Su familia y amigos siguen en Miramar y cada vez que puede intenta volver. “Las raíces nunca se olvidan”, afirma.
Sin embargo, cree que la aviación argentina arrastra problemas estructurales desde hace décadas. “La aviación en Argentina está muy atrasada. Hay demasiada burocracia y muchas trabas. En otros países el Estado regula, pero deja que el sistema funcione”.
Aun así, mira con interés algunos cambios recientes en el sector y espera que en el futuro haya más oportunidades para quienes sueñan con volar.
Mientras tanto, aquel chico que descubrió los aviones en un simulador sigue cumpliendo su sueño cada día, cruzando los cielos de Europa desde la cabina de un Airbus.
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