El número que no para de crecer: cuántos trabajadores hacen delivery o son choferes de aplicaciones en Argentina
Un dato que marca la radiografía del presente laboral en el país. Cómo sigue el mercado ocupacional.
Por Redacción 0223
PARA 0223
La tasa de desempleo del 7,5% registrada en el cierre de 2025 impulsa un cambio profundo en el empleo de la Argentina. Ante la retracción de las vacantes en el sector privado, el uso de plataformas digitales de transporte y delivery surgen como el principal ingreso para miles de familias. También, a modo de un necesario segundo trabajo para otros laburantes.
Los datos del sector son contundentes: indican que la actividad ya involucra a más de un millón de personas en todo el país. Este universo laboral se compone de aproximadamente 900 mil conductores y 200 mil repartidores vinculados a firmas como Uber, Rappi, PedidosYa, Didi y Cabify.
La secretaria adjunta del Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación (SiTraRepA), Belén D’Ambrosio, advirtió al medio Chequeado que el crecimiento es “exponencial” y está directamente vinculado con la pérdida de empleo formal y la necesidad de sumar ingresos. Compañías como Cabify y Rappi confirmaron aumentos de hasta el 38% en su nómina de usuarios activos durante el último año.
La dinámica del servicio exige jornadas laborales de alta intensidad para alcanzar un piso de rentabilidad. “Trabajamos entre 10 y 12 horas diarias, seis días por semana, con ingresos cercanos a $1,3 millones”, explicó D’Ambrosio. Un informe complementario señala que un repartidor requiere finalizar 454 pedidos mensuales para solventar el costo de vida básico.
El perfil de los choferes muestra una tendencia marcada hacia el pluriempleo, con un 60% de trabajadores que posee otra ocupación en paralelo. La media de edad se sitúa en los 36 años y destaca una presencia femenina superior al 30%, junto a una alta proporción de profesionales con estudios superiores.
El auge de este modelo expone una tensión estructural entre la flexibilidad de horarios y la falta de protección social. Las aplicaciones funcionan como una válvula de escape frente a la crisis, aunque el esquema traslada los riesgos y los costos de mantenimiento de los vehículos a los propios trabajadores.
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