Del esplendor a un duro presente: cómo sobreviven las galerías comerciales de Mar del Plata

Supieron brillar décadas atrás y ahora reflejan otra realidad. Algunos se reconvirtieron y cambiaron la estética de esos paseos obligados de marplatenses y turistas.

Los centros comerciales supieron albergar a las mejores firmas de la ciudad. Foto: 0223.

7 de Abril de 2026 08:25

Por Redacción 0223

PARA 0223

Durante décadas, las galerías comerciales de Mar del Plata fueron sinónimo de elegancia, movimiento y consumo. Las principales tiendas de ropa estaban ahí. En pleno microcentro, estos paseos supieron concentrar público (sobre todo los fines de semana) donde recorrer sus vidrieras demoraba varios minutos.

Sin embargo, ese pasado contrasta fuertemente con la realidad actual, que con la crisis y luego de la pandemia, ahora muestra locales cerrados, poca circulación de gente y una reconversión forzada por la crisis económica.

Hoy, recorrer estas galerías es adentrarse en un escenario muy distinto. Donde antes predominaban boutiques y tiendas de indumentaria con primeras marcas, ahora se multiplican rubros diversos que antes ni por asomo hubieran estado: electrónica, antigüedades, sex shops, accesorios para celulares o negocios de souvenirs.

Una recorrida realizada por 0223 por algunas de las galerías más emblemáticas permite dimensionar esta realidad.

La tradicional Galería Sacoa llama a la nostalgia, con el icónico cartel que invita a adentrarse a las maquinitas y los juegos electrónicos. Pero en su interior, el paseo que tiene entrada sobre la Peatonal –y salida por Rivadavia- ahora hay un importante número de locales cerrados. Aquellos que permanecen abiertos se concentran mayormente en la venta de ropa, junto a algunos negocios de numismática, filatelia, tecnología y bazar.

A pocos metros, la Galería Cristal también muestra signos del paso del tiempo. Supo destacarse por su estética, con un techo recubierto de espejos y una pequeña fuente en el centro del recorrido. Hoy, esos elementos distintivos desaparecieron: los espejos fueron retirados tras años de falta de mantenimiento y reemplazados por un cielorraso convencional. La fuente, donde los visitantes dejaban monedas y pedían un deseo, ya no está. La afluencia de público es mínima y la crisis se hace evidente en cada pasillo.

Por su parte, la Galería de las Américas, en la intersección de San Martín y Córdoba, aún impresiona por su diseño arquitectónico. Construida a principios de los años 70, su estructura de múltiples niveles, escaleras y grandes ventanales permite una notable entrada de luz natural. No obstante, esa particularidad no alcanza para revertir la caída de la actividad: muchos locales permanecen cerrados y los pocos que siguen en funcionamiento dependen, en gran medida, del flujo de personas en los accesos.

Finalmente, la Galería Lafayette presenta una realidad algo diferente. Con una mayor cantidad de comercios activos, principalmente de indumentaria femenina, y servicios como gimnasio y natatorio en su planta superior, mantiene cierto dinamismo. Sin embargo, la poca circulación de público y la caída del consumo limitan su actividad, evidenciando que ni siquiera las galerías icónicas mejor ubicadas, escapan al contexto económico que mes a mes evidencia la difícil realidad.

 

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