Como Francia, pero en Mar del Plata: la joya que pocos conocen y esconde una oscura historia
La imponente construcción frente al mar supo ser el único establecimiento cinco estrellas de la ciudad.
Por Redacción 0223
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El Castillo de los Acantilados se erige como una imponente construcción frente al mar que marcó la historia de la zona sur de Mar del Plata. Diseñada por el arquitecto Valentín Meyer Brodsky, el mismo que proyectó el Alvear Palace, la estructura fue inaugurada el 1 de enero de 1951. Originalmente funcionó como un hotel de máximo lujo, llegando a ser el tercer establecimiento de cinco estrellas de la ciudad balnearia.
Durante su época dorada, el lugar ofrecía servicios de vanguardia como tambo propio, granja y hasta una exclusiva terraza con piscina frente al océano: era el destino predilecto de la clase alta porteña y figuras políticas, quienes disfrutaban de un balneario privado al que se accedía por escaleras. Incluso, se cuenta que los mozos de guante blanco realizaban los pedidos de los pasajeros a caballo desde el hotel hasta la playa.
De su transformación en una discoteca al hotel que perdió su brillo
En la década del 80, parte de la majestuosa construcción se transformó en la discoteca Puig Major, un boliche emblemático que marcó a toda una generación. El cartel de neón rojo sobre el castillo se veía desde el Faro y sus salas recibieron a grandes figuras del rock nacional como Charly García y Virus. Este periodo cambió el ritmo residencial del barrio, integrando a los vecinos que trabajaban en el complejo durante las temporadas de verano.
Actualmente, el antiguo hotel se reconvirtió en un consorcio de departamentos privados, mientras que el sector de la confitería permanece sin actividad comercial tras el cierre del boliche. De hecho, algunas partes están directamente abandonadas, algo que forma parte de su oscuro legado. La silueta de esta fortaleza sigue siendo el símbolo principal de Los Acantilados, un sector que nació de dunas y silencio para convertirse en un barrio consolidado. Su fachada de piedra continúa intacta, conservando el misterio de una joya arquitectónica que une el lujo aristocrático con la cultura popular.
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