De barrer las calles a presidir la AFA: la impactante historia de vida de Chiqui Tapia
Antes de ser el hombre más poderoso del fútbol argentino, el "Chiqui" tuvo una infancia marcada por el trabajo, la familia y una cicatriz que aún conserva.
Por Redacción 0223
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Claudio "Chiqui" Tapia es hoy una de las figuras más influyentes del fútbol argentino, pero su historia comenzó muy lejos de los despachos de la AFA. Nacido en la provincia de San Juan, durante su infancia se mudó junto a su familia a Buenos Aires y se instaló en el barrio de San Telmo, donde construyó gran parte de los recuerdos que marcarían su vida.
Su crianza estuvo atravesada por el esfuerzo y los valores familiares. Su padre trabajaba como tintorero y planchador en una tradicional tintorería de la zona y fue quien le inculcó la cultura del trabajo desde muy pequeño. Entre los recuerdos más presentes de Tapia aparecen los tradicionales asados familiares de los domingos, una cita obligatoria en la que todos debían estar sentados a la mesa a la una de la tarde, sin excepciones.
La educación también ocupó un lugar importante en su formación. Asistió al colegio Dr. Guillermo Rauso, ubicado sobre la calle Humberto Primo. Con el paso de los años, Tapia confesó sentir nostalgia al ver que el edificio donde estudió fue demolido para dar lugar a una construcción moderna, algo que considera una pérdida para la identidad del barrio.
Mucho antes de iniciar su camino como dirigente deportivo, Tapia trabajó como barrendero en las calles porteñas. Los lunes, miércoles y viernes realizaba tareas en La Boca, mientras que los martes, jueves y sábados recorría San Telmo. Su zona de trabajo incluía calles emblemáticas como Defensa, Paseo Colón, Humberto Primo, Carlos Calvo y Estados Unidos, sectores que conoció como pocos durante aquellos años.
La cicatriz que conserva hasta hoy
Fue precisamente durante esa etapa cuando ocurrió uno de los episodios más curiosos de su vida. Tapia solía frecuentar una barbería ubicada en la esquina de Defensa y San Juan. A cambio de retirar los residuos y el cabello que quedaba tras los cortes, recibía el desayuno y el servicio de afeitado. En uno de esos encuentros, mientras un antiguo barbero llamado Pedro lo afeitaba con una navaja, una distracción provocó un profundo corte en su cabeza.
La herida sangró de manera abundante y dejó una cicatriz que aún hoy puede verse claramente. Más de tres décadas después, esa marca sigue acompañando al presidente de la AFA como un recuerdo permanente de aquellos años de esfuerzo en San Telmo, cuando todavía estaba lejos de imaginar que algún día conduciría el destino de la Selección Argentina y del fútbol nacional.
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