Hace 49 años, se comenzaba a escribir el capítulo más oscuro de la historia de Mar del Plata
Once personas fueron secuestradas por el Ejercito Argentino y cómplices civiles entre el 6 y el 8 de julio. Seis aún permanecen desaparecidas.
Por Redacción 0223
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Entre el 6 y el 8 de julio de 1977 se escribió una de las páginas más oscuras de la historia de la ciudad. Once personas fueron secuestradas por el Ejército Argentino, junto con cómplices civiles. Seis de ellas todavía están desaparecidas. La mayoría de ellos eran abogados laboralistas y fueron los mismos secuestradores quienes bautizaron el operativo como “La Noche de las Corbatas”.
Los abogados tenían como objetivo común la defensa de los derechos de los trabajadores. Ninguno de ellos tenía vínculo con la lucha armada ni una militancia orgánica activa. En “Cuando la dictadura silenció a los abogados de los trabajadores” Felipe Celesia y Pablo Waisberg repasan cómo fue la cadena de detenciones/desapariciones en la ciudad y hacen un recorrido por las biografías de las víctimas.
“La Noche de las Corbatas fue llevar al territorio, a la calle, aquella reforma legislativa que se había hecho en los escritorios”, indican los autores del texto que retoma el testimonio de Marta García de Candeloro, una de las sobrevivientes durante el juicio a las juntas.
Marta era esposa de Jorge Candeloro, el primer abogado detenido y el primero en caer. Raúl Hugo Alais, Salvador Manuel Arestín y Tomás José Fresneda también eran abogados laboralistas. Camilo Ricci era el socio de Alais. Carlos Bozzi era socio de Fresneda. “Estos abogados trabajaban por los más desprotegidos y tenían un código ético muy firme, de defensa de los trabajadores y sus organizaciones. De esa forma, subvertían el orden cultural que la burguesía marplatense pretendía imponer”, dice Celesía.
“La primera víctima fue Jorge Candeloro, secuestrado junto a su esposa Marta García el 13 de junio de 1977 en Neuquén por la Policía Federal, a pedido del GADA 601. Diez días después los trasladaron a Mar del Plata. Llegaron a La Cueva muy golpeados. Ese primer día, Marta escuchó los gritos de su marido en la sala de tortura. Después le tocó a ella. Les aplicaron picana eléctrica y los asfixiaron con bolsas. Marta fue violada dos veces por Molina durante los días de cautiverio”, indica el texto.
El 6 de julio llegaron Raúl Alais, Salvador Arestín y Norberto Centeno. Alais padecía sinusitis y les rogaba a los guardias que lo dieran vuelta porque atado boca abajo se ahogaba. Lo golpearon y le repitieron hasta el cansancio que era un cobarde.
Arestín llegó bañado en su propia sangre por un corte profundo en el cuero cabelludo, había perdido los anteojos en el secuestro y no veía nada. Alguien le suturó la herida sin anestesia.
Al día siguiente, deshidratado por las descargas eléctricas, Centeno pidió agua. Marta sabía que la combinación entre el agua y la energía que queda en el cuerpo después de la picana puede provocar un colapso. El corazón de Centeno no resistió. Marta escuchó que arrastraban su cuerpo por el pasillo y percibió el golpe del cadáver contra la puerta de su celda.
Entre el 7 y el 8 de julio llegaron Carlos Bozzi y Tomás Fresneda, su esposa Mercedes Argañaraz —embarazada de cuatro meses—, Néstor García Mantica, su esposa María Esther Vázquez, José Verde y su esposa. La tortura física de Tomás Fresneda lo afectó también mentalmente: deliraba, veía guardias en su celda cuando no los había. En un momento se quitó la capucha frente a los represores, una acción considerada una falta gravísima. Lo apalearon con listones de madera.
El responsable operativo era el suboficial principal de la Fuerza Aérea Gregorio Rafael Molina. El jefe efectivo del operativo era el teniente Fernando Cativa Tolosa, que dormía en el Casino de Oficiales pared de por medio con los detenidos y organizaba desde ahí los secuestros y las sesiones de tortura. Los carceleros no usaban nombre: eran Charly, Papi, Mario, Pan de Dios, Pibe, Walter, Colorado, Chancho. Nadie quería ser identificado.
La desaparición de los abogados sacudió a Mar del Plata. La comisión directiva del Colegio de Abogados se reunió una hora y media después del secuestro de Alais y Ricci y se declaró en sesión permanente. Pidió una audiencia con el jefe militar de la subzona, coronel Pedro Barda, que los recibió y dijo que no sabía nada mientras sus tropas tenían a los abogados presos en La Cueva.
La dictadura filtró a la prensa que los secuestros eran responsabilidad de Montoneros y que las liberaciones se producían en medio de "enfrentamientos con fuerzas subversivas". Por su parte, la delegación marplatense del Colegio de Abogados viajó a Buenos Aires y se reunió con el subsecretario de Asuntos Institucionales. Fueron mencionando los nombres de los desaparecidos uno por uno. Ante cada nombre, el coronel Ruiz Palacios respondía con una filiación política inventada: “comunista”, “maoísta”, “leninista”, “trotskista”.
Candeloro y Centeno murieron en la tortura. Arestín, Alais y Fresneda también quedaron severamente afectados física y psicológicamente por los tormentos y las condiciones inhumanas de detención. Se desconoce el destino final de ellos, como tampoco se sabe qué ocurrió con la mujer de Fresneda, Mercedes, y el hijo o hija que llevaba en el vientre, con cinco meses de gestación.
La última persona que vio con vida a los abogados, Marta García de Candeloro, fue trasladada a fines de ese julio fatídico a la comisaría cuarta. Allí se pierde la pista de las corbatas. Es probable que hayan sido arrojados al mar desde aviones militares.
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