El misterio del "alfajor fantasma" de Mar del Plata: la marca histórica que todos extrañan

La firma nació en 1950 y duró poco, pero quedó en la memoria de los vecinos.

Su elaboración artesanal enloqueció a las principales firmas.

19 de Septiembre de 2026 10:16

Por Redacción 0223

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Entre los grandes tesoros de la memoria colectiva en Mar del Plata, los míticos alfajores Gran Casino ocupan un lugar de privilegio. Nacida a comienzos de la década de 1950 de la mano del visionario español Zacarías López, la marca revolucionó la repostería local. Con el recordado eslogan de Los señores del Atlántico, la firma conquistó rápidamente el paladar de vecinos y turistas. Su propuesta combinaba materias primas de primera calidad con una elaboración artesanal que fijó un estándar inédito en la ciudad.

La planta también pasó a manos de Havanna.

Cómo eran los míticos alfajores Gran Casino

El corazón de este fenómeno gastronómico latía en la histórica planta de la Avenida Constitución 4232, en pleno Parque Luro. El predio abarcaba media manzana e integraba un frondoso parque que rodeaba a una elegante confitería donde se servía té libre. Aquel establecimiento se transformó de inmediato en un paseo obligado para las familias que veraneaban en la costa: el aroma a dulce de leche fresco y chocolate derretido caracterizó las tardes de esa tradicional esquina durante años.

Sin embargo, la historia independiente de la empresa tuvo una vida corta pero sumamente decisiva para la industria nacional. En 1955, apenas un lustro después de su fundación, la firma fue adquirida de forma integral por los creadores de Havanna. La operación incluyó tanto la receta blindada como las amplias instalaciones de la avenida Constitución. A partir de esa transacción que fue estratégica, el icónico envoltorio de Gran Casino comenzó a retirarse progresivamente de los exhibidores comerciales.

El alfajor dejó de venderse en 1955.

Pese a la desaparición del nombre original, la infraestructura del taller siguió produciendo miles de docenas de alfajores bajo el nuevo sello. El histórico edificio funcionó durante más de medio siglo como uno de los motores industriales más importantes de la marca compradora. Aquella planta emblemática de Parque Luro mantuvo sus persianas abiertas de forma ininterrumpida hasta su cierre definitivo ocurrido hacia el año 2010. Desde entonces, el predio pasó a formar parte de la nostalgia urbanística de la zona norte.

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