Un disparo, varios días de agonía y un deceso evitable: murió un lobo marino en Santa Teresita

El animal, de casi 200 kilos, había sido rescatado con una grave herida de arma de fuego. La infección avanzó durante varios días y finalmente murió por sepsis.

El ejemplar herido en la playa de Santa Teresita, antes de recibir asistencia.

2 de Septiembre de 2026 14:18

Por Redacción 0223

PARA 0223

Un lobo marino de un pelo (Otaria flavescens), de casi 200 kilos, murió después de permanecer varios días con una grave herida provocada por un disparo de arma de fuego. El animal había sido rescatado en Santa Teresita por el equipo de la fundación Mundo Marino, luego de un aviso realizado por la fundación BioCosta.

Cuando fue encontrado, presentaba un estado general delicado como consecuencia de una infección que ya se encontraba muy avanzada. Los veterinarios que lo evaluaron en la playa advirtieron un marcado decaimiento: permanecía prácticamente inmóvil y apenas reaccionaba ante la presencia y el acercamiento de las personas.

La grave herida de arma de fuego sobre el lobo marino hallado en Santa Teresita.

Ante la gravedad del cuadro, fue trasladado al centro de rescate de la fundación Mundo Marino, donde el equipo veterinario intentó estabilizarlo. Sin embargo, murió poco después de su ingreso.

La necropsia permitió determinar que el disparo había impactado sobre el hombro derecho. El proyectil provocó una fractura grave del hueso y una contusión pulmonar, lesiones que afectaron su movilidad y le generaron un cuadro de dolor y molestias intensas.

Dolor y crueldad en Santa Teresita: el lobo marino murió tras recibir un disparo.

“Cuando lo recibimos, la herida ya presentaba signos de infección muy avanzada: había un fuerte olor pútrido y alteraciones en los tejidos compatibles con varios días de evolución”, explicó Juana Caferri, médica veterinaria de la fundación Mundo Marino.

Según detalló la especialista, el disparo no produjo una muerte inmediata. El animal permaneció con vida durante varios días mientras la herida se deterioraba y la infección avanzaba.

“Finalmente, la sepsis, es decir, la respuesta generalizada del organismo frente a una infección, provocó un deterioro progresivo y fue la causa de la muerte”, señaló Caferri.

Los veterinarios que evaluaron al lobo marino en la playa advirtieron un marcado decaimiento.

Restos de redes de pesca en el estómago

Durante la necropsia también fueron encontrados restos de redes de pesca en el estómago del lobo marino.

Desde la fundación Mundo Marino explicaron que estos animales suelen acercarse a las artes de pesca para acceder a los peces capturados, como parte de su comportamiento natural de búsqueda de alimento. Esa interacción puede generar conflictos con la actividad pesquera, debido a que las redes pueden resultar dañadas y representan un elemento costoso y fundamental para los pescadores artesanales.

En este caso, la presencia de los restos confirmó que el lobo marino había tenido contacto con artes de pesca, aunque no permitió establecer si esa interacción estuvo relacionada con el disparo ni determinar quién efectuó el disparo.

Lo que sí pudo determinarse fue que una acción humana provocó una lesión que terminó resultando fatal para el animal.

Cuando fue encontrado, el lobo marino presentaba un estado general delicado.

El llamado a reducir los conflictos con la fauna

El caso volvió a poner en evidencia las consecuencias que puede generar la interacción entre las actividades humanas y la fauna silvestre cuando un conflicto termina resolviéndose mediante la violencia.

El mar constituye el ambiente natural de los lobos marinos, donde se desplazan, se alimentan y buscan los recursos necesarios para sobrevivir. Al mismo tiempo, es un espacio en el que se desarrollan diferentes actividades productivas con las que estos animales pueden entrar en contacto.

“Tenemos que encontrar formas de convivir y reducir esos conflictos. Un animal que se acerca a una red no entiende el daño económico que puede generar: está buscando alimento para sobrevivir. La respuesta no puede ser herirlo o matarlo”, señaló Sergio Rodríguez Heredia, biólogo de la fundación Mundo Marino.

La muerte del ejemplar en Santa Teresita vuelve así a poner el foco sobre la necesidad de encontrar mecanismos que permitan reducir los conflictos entre la fauna silvestre y las actividades humanas, sin que la respuesta termine poniendo en riesgo la vida de los animales.

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