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Muerte en el calabozo: detención irregular, golpes y patadas

Muerte en el calabozo: detención irregular, golpes y patadas

Por Redacción 0223

Los hijos de Alejandro Sosa confirmaron que su padre fue atacado por el imputado. Otros testigos dijeron que dos personas acompañaban al ex policía.

Seis testigos en tres horas. Hijos, un hermano y vecinos de la víctima que confirmaron –más allá de las diferencias- la hipótesis planteada durante la instrucción. Así puede resumirse la segunda audiencia del juicio en el que se investiga la muerte de Alejandro Sosa en la comisaría tercera tras sufrir una detención irregular.

Tanto para la fiscalía como para el representante del particular damnificado, las declaraciones no dejaron dudas acerca de cómo sucedieron los hechos el lunes 11 de marzo de 2013. Según esa línea de trabajo, el agente Carlos Córdoba llegó con otras dos personas a bordo de un auto a la casa ubicada en José Martí al 1700. Descendió, rompió la puerta de acceso, sacó a Sosa esposado y lo golpeó brutalmente hasta que llamó a otros efectivos policiales para trasladarlo.

Los jueces Alfredo De Leonardis, Gustavo Fissore y Jorge Peralta escucharon a los dos hijos de Sosa –Joel y Jorge- quienes estaban en una casa ubicada en el fondo del terreno al momento de los hechos. Ambos confirmaron que su padre estaba “esposado o con precintos por la espalda” y que mientras Córdoba le apuntaba con un arma, otras dos personas miraban desde la calle lo que sucedía.

“Mi papá estuvo tirado en el piso más de cinco minutos mientras Córdoba lo pateaba y solo movió la cabeza para escupir. Esto duró hasta que llegaron los policías, lo levantaron y le taparon la cara ensangrentada para llevárselo” relató el joven. Ante una pregunta del fiscal Fernando Berlingeri, respondió que no pudo hablar con su padre en ningún momento y que se enteró a las siete de la tarde que había fallecido.

Jorge Sosa coincidió con el relato de su hermano y agregó que el imputado entró a la casa de su padre tras romper a patadas la puerta de entrada. “Le apuntó con un arma para que saliera, lo golpeó de manera fuerte y repetida mientras le decía que era un hijo de puta y que lo iba a matar porque le había disparado un tiro”, relató.

 

Un incidente previo como detonante

Tres días antes de su muerte, Sosa vivió un confuso hecho en su vivienda que –de la mano del avance de la investigación- cobró relevancia durante las dos primeras audiencias. Según denunciaron sus familiares, la noche del viernes efectuó un disparo para poner en fuga a una persona que intentó ingresar para robar en la casa.

Por los datos que pudieron recabar, el intruso –más allá de una confusión inicial- fue Nahuel Destéfano. El joven fue el mismo que ese lunes arribó al taller mecánico de Cristian Aguirre y dijo que Sosa lo había querido asaltar minutos antes. Según la hipótesis del Ministerio Público Fiscal, ellos dos y Carlos Córdoba subieron a un auto –rojo o bordó para los testigos- y fueron a buscar a la víctima a su casa.

Destéfano y Aguirre declararon durante la primera jornada en el Tribunal Oral en lo Criminal 4. Tras una serie de contradicciones en su relato, ambos reconocieron que habían mentido en parte de su declaración. “Esas mentiras tuvieron como objetivo favorecer la situación de Córdoba” le dijo a 0223 el fiscal Fernando Berlingeri.

En diálogo con este medio César Sivo –patrocinante de la familia Sosa- sostuvo que tras la segunda audiencia “no quedan dudas” acerca de la manera en que sucedieron los hechos. “Fue una detención irregular, al igual que el ingreso en la comisaría porque Córdoba omitió decir la verdad y evitó dar la ayuda que correspondía”, agregó.

Para el abogado, los informes médicos que se presentarán en las próximas audiencias confirmarán que Sosa tuvo una sobrevida de dos horas en la comisaría. “Las patadas provocaron la fractura de costillas, por lo que el estar esposado por la espalda y trasladarlo de esa manera provocaron una serie de lesiones internas que provocaron su muerte”, concluyó.

El miércoles la actividad se retomará a partir de las nueve de la mañana con la declaración de varios policías que cumplían tareas en la comisaría tercera. Los testimonios serán claves para discutir –a futuro- su responsabilidad. Cuando ocurrieron los hechos, la Auditoría General de Asuntos Internos desafectó a Córdoba, removió al jefe de la dependencia y dispuso la reubicación de otros seis efectivos hasta que avanzara la investigación.

 

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Muerte en el calabozo: detención irregular, golpes y patadas

Los hijos de Alejandro Sosa confirmaron que su padre fue atacado por el imputado. Otros testigos dijeron que dos personas acompañaban al ex policía.

Carlos Còrdoba escuchó los testimonios que lo ubicaron en el lugar de los hechos. (Foto: 0223).

Seis testigos en tres horas. Hijos, un hermano y vecinos de la víctima que confirmaron –más allá de las diferencias- la hipótesis planteada durante la instrucción. Así puede resumirse la segunda audiencia del juicio en el que se investiga la muerte de Alejandro Sosa en la comisaría tercera tras sufrir una detención irregular.

Tanto para la fiscalía como para el representante del particular damnificado, las declaraciones no dejaron dudas acerca de cómo sucedieron los hechos el lunes 11 de marzo de 2013. Según esa línea de trabajo, el agente Carlos Córdoba llegó con otras dos personas a bordo de un auto a la casa ubicada en José Martí al 1700. Descendió, rompió la puerta de acceso, sacó a Sosa esposado y lo golpeó brutalmente hasta que llamó a otros efectivos policiales para trasladarlo.

Los jueces Alfredo De Leonardis, Gustavo Fissore y Jorge Peralta escucharon a los dos hijos de Sosa –Joel y Jorge- quienes estaban en una casa ubicada en el fondo del terreno al momento de los hechos. Ambos confirmaron que su padre estaba “esposado o con precintos por la espalda” y que mientras Córdoba le apuntaba con un arma, otras dos personas miraban desde la calle lo que sucedía.

“Mi papá estuvo tirado en el piso más de cinco minutos mientras Córdoba lo pateaba y solo movió la cabeza para escupir. Esto duró hasta que llegaron los policías, lo levantaron y le taparon la cara ensangrentada para llevárselo” relató el joven. Ante una pregunta del fiscal Fernando Berlingeri, respondió que no pudo hablar con su padre en ningún momento y que se enteró a las siete de la tarde que había fallecido.

Jorge Sosa coincidió con el relato de su hermano y agregó que el imputado entró a la casa de su padre tras romper a patadas la puerta de entrada. “Le apuntó con un arma para que saliera, lo golpeó de manera fuerte y repetida mientras le decía que era un hijo de puta y que lo iba a matar porque le había disparado un tiro”, relató.

 

Un incidente previo como detonante

Tres días antes de su muerte, Sosa vivió un confuso hecho en su vivienda que –de la mano del avance de la investigación- cobró relevancia durante las dos primeras audiencias. Según denunciaron sus familiares, la noche del viernes efectuó un disparo para poner en fuga a una persona que intentó ingresar para robar en la casa.

Por los datos que pudieron recabar, el intruso –más allá de una confusión inicial- fue Nahuel Destéfano. El joven fue el mismo que ese lunes arribó al taller mecánico de Cristian Aguirre y dijo que Sosa lo había querido asaltar minutos antes. Según la hipótesis del Ministerio Público Fiscal, ellos dos y Carlos Córdoba subieron a un auto –rojo o bordó para los testigos- y fueron a buscar a la víctima a su casa.

Destéfano y Aguirre declararon durante la primera jornada en el Tribunal Oral en lo Criminal 4. Tras una serie de contradicciones en su relato, ambos reconocieron que habían mentido en parte de su declaración. “Esas mentiras tuvieron como objetivo favorecer la situación de Córdoba” le dijo a 0223 el fiscal Fernando Berlingeri.

En diálogo con este medio César Sivo –patrocinante de la familia Sosa- sostuvo que tras la segunda audiencia “no quedan dudas” acerca de la manera en que sucedieron los hechos. “Fue una detención irregular, al igual que el ingreso en la comisaría porque Córdoba omitió decir la verdad y evitó dar la ayuda que correspondía”, agregó.

Para el abogado, los informes médicos que se presentarán en las próximas audiencias confirmarán que Sosa tuvo una sobrevida de dos horas en la comisaría. “Las patadas provocaron la fractura de costillas, por lo que el estar esposado por la espalda y trasladarlo de esa manera provocaron una serie de lesiones internas que provocaron su muerte”, concluyó.

El miércoles la actividad se retomará a partir de las nueve de la mañana con la declaración de varios policías que cumplían tareas en la comisaría tercera. Los testimonios serán claves para discutir –a futuro- su responsabilidad. Cuando ocurrieron los hechos, la Auditoría General de Asuntos Internos desafectó a Córdoba, removió al jefe de la dependencia y dispuso la reubicación de otros seis efectivos hasta que avanzara la investigación.

 

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