21 de Julio de 2016 19:51

El horror, un libro y 3 mil grullas

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El 16 de octubre de 2000, Ariel Bualo mató a sus hijos Sebastián (4) y Valentina (2) para vengarse de Adriana García, su exesposa, a quien acusaba de haberlo abandonado. Ella lo había denunciado en reiteradas oportunidades por violencia y hasta había pedido a la Justicia que supervisara las visitas porque temía por sus vidas. Sin embargo, sus reclamos jamás fueron escuchados.

Ese día Bualo le dijo a Adriana que con los chicos irían a visitar a la abuela. Pero, en realidad, aprovechándose de su confianza, los llevó a su casa de Bouchard al 7200 –en pleno barrio Fortunato de la Plaza-, los degolló y pasó la noche junto a los cuerpos. Al día siguiente, llamó a la policía y se entregó.

Once meses más tarde, el Tribunal Oral en lo Criminal 3 de Mar del Plata condenó al exvendedor de seguros a prisión perpetua por haber cometido el doble homicidio, agravado por el vínculo y la alevosía. Durante el proceso, los especialistas que trabajaron en el caso coincidieron ante los jueces Daniel Adler, Eduardo Alemano y Hugo Trogu en que Bualo era un "psicópata perverso" y que había premeditado el crimen. Actualmente está alojado en el pabellón evangélico del penal de Melchor Romero.

Sin saber qué hacer con tanto dolor, Adriana abandonó la ciudad en 2001. Se fue a vivir a Buenos Aires. Al tiempo se casó y adoptó a un nene de 4 años, que hoy ya tiene 13. Es el motor de mi vida, repetirá varias veces durante una breve charla con 0223.

Hace nueve meses, cuando faltaban pocas semanas para que se cumplieran 15 años de los asesinatos de Sebastián y Valentina –el aniversario de lo de los chicos, dice ella-, encontró entre sus cosas “Mil grullas”, de Elsa Bornemann, el primer libro de cuentos que le había regalado a sus hijos. Y recordó aquella leyenda japonesa que dice que se le concederá un deseo a quien haga mil grullas de papel.

Entonces empezó a hacer origamis para recordar a sus hijos. Y sus conocidos hicieron otros, y la historia llegó a oídos de desconocidos que también aportaron pajaritos en papeles de colores. Llegaron desde Alemania, Canadá, Colombia, México, Perú y Estados Unidos, directo a las manos de Adriana. Hoy tres mil grullas de colores, unidas con cintas multicolores, sobrevuelan la cuarta edición de la Feria del Libro Infantil y Juvenil que se desarrolla hasta el 31 de julio en la Plaza del Agua (Güemes y San Lorenzo). La muestra será presentada este viernes a las 16 durante un acto encabezado por la Dirección de Derechos Humanos de la municipalidad.

“Comenzó como una ceremonia íntima y terminó siendo colectiva; recibir tantas muestras de cariño de personas de todo el mundo me ayudó a resignificar este duelo que es tan personal”, cuenta.

Las grullas de colores son un homenaje a Sebastián y Valentina. Pero también simbolizan su reclamo por una sociedad que respete los derechos de niños y niñas y los proteja de todo tipo de violencia. “Lamentablemente, hay muchísimos casos como el mío y aunque se empezó a tomar consciencia sobre la violencia de género de la que son víctimas miles de mujeres en todo el país, aún queda muchísimo por hacer”, reflexiona.

-Hay tres mil grullas, ¿cuáles son los tres deseos?

-Que quienes se tienen que ocupar de proteger a quienes denuncian violencia de género, lo hagan; que protejan a los niños, que son tan vulnerables. Que no nos dejen solos. Eso. Que no nos dejen solos.

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