Filosofía en 11 frases o el método Sztajnszrajber para vivenciar la figura del pensamiento

Por Bernabé Tolosa

Darío Sztajnszrajber participó del ciclo Verano Planeta. Su último libro, Filosofía en 11 frases, desarrolla todo un camino del pensamiento filosófico, acompañado por una historia de ficción. Un libro de divulgación que rompe los géneros e interpela permanentemente.

Definir la filosofía genera ya toda su esencia, es decir, su problematización. Se dice mecánicamente que es una palabra compuesta por “filo” que  es amor y “sofía” sabiduría, por lo cual ahora tenemos dos problemas: definir amor y definir sabiduría; y un tercero, cuál de ambos conceptos pongo sobre el otro. En fin, ese es el espíritu de la filosofía, problematizar, redefinir, encontrar sentido, deconstruir.

Si alguien encarna a la perfección este espíritu es  Darío Sztajnszrajber. Él busca problematizar todo. Busca que cualquier concepto o situación estalle, detone, y aparezca algo que nos cruza a todos y nos interpela.

Su último libro es Filosofía en 11 frases (Planeta – 2018). Un lindo fenómeno que se dio en los últimos meses. Una manifestación de lectura que tira por la borda aquello de las “lecturas de verano”, como aquellas simples y pasatistas horas de ocio.

No se trata de un libro fácil, hay que detenerse y repensar en muchos casos. Releer los fragmentos, los diálogos. Pero lo más llamativo es el cruce de géneros en este libro de divulgación que ya lleva vendidos más de 75 mil ejemplares. “Es una locura. Fue imprevisible para nosotros también. No hablamos de un libro fácil, hay que detenerse, dedicarle tiempo. Esto se fue armando con los cursos, con los shows que fueron dándome letra. Pero no es un libro de divulgación porque sea un manual, es de divulgación porque se anima a mezclar la filosofía con otros géneros”, sostiene Darío Sztajnszrajber, tratando de encontrar una respuesta.

Leé el primer capítulo del libro

El texto no está solo hecho para la gente del ámbito filosófico. Detrás de esa parte o mezclada a ella, encontramos una novela que atraviesa todo el libro. Una historia donde hay una violencia política manifiesta a lo largo de todo el relato. Para el que lo lee implica un esfuerzo y ubicarse en un lado, tomar una postura. El material supone una problematización constante. “Es decir que no es un libro de verano, pero es muy loco, ya que ahora, por estos meses, ha tenido un repunte de venta. Pero, en realidad, ¿qué sería un libro de verano?” se pregunta.

-Es un libro donde el cuerpo está muy presente. Hay, también, mucha violencia física y simbólica sobre ese cuerpo. De entrada tenemos una muerte, la historia se padece en el cuerpo del protagonista, la padece el lector cuando lee, porque tiene que detenerse, releer, volver y anotar algo al margen, subrayar…

- Vos sabés que en una de las primeras instancias, antes de la edición me querían volar eso, me decían que era muy sangriento arrancar así. No puede ser de otro modo, las situaciones límites son las que inspiran las reflexiones filosóficas. Pero además yo no puedo hacer filosofía sino es desde el cuerpo. Además, hoy en día, donde el cuerpo se da siempre en una facticidad, el cuerpo está siempre materializándose en un tiempo. Hoy los cuerpos que se piensan en el país son cuerpos atravesados por el retorno del conservadurismo, de la exclusión social. No es casual que esta historia de violencia política, que uso como excusa para hablar de filosofía, sea una historia donde se pone el cuerpo. Porque de hecho una de las críticas que yo hago es, casualmente, que la filosofía se ha olvidado de poner el cuerpo.

-Otra cuestión que noté constantemente es el miedo a lo largo de la novela: lo noté en el protagonista porque lo corren, ante las preguntas, miedo a si eso es verdad o no, miedo por lo que pasa, por lo que le puede pasar.

- Sí, y además el miedo fundamental, que es el del ser humano en tanto sujeto del preguntar. Él siente de algún modo que es testigo de algo. Todos nos creemos testigos de algo, es como buscar nuestra singularidad en todo esto y al final te das cuenta de que nos sos testigo de nada. Naciste de pedo y cuando te querés acordar, morís, con lo cual esa especie de trascendencia que le querés dar a tu vida no existe.

Sztajnszrajber gesticula y piensa las respuestas. Busca en todas esas lecturas y preguntas ya mil veces hechas, alguna posibilidad de respuesta. Apela al cine, a la literatura y siempre terminamos hablando de lo que nos cruza día a día, de lo que duele en el cuerpo. Pero si bien las respuestas son importantes, las preguntas tienen en su argumento otro gran espacio ocupado. Dice Hugo Mujica en La palabra inicial (Trotta – 1995) “Se trata de acercarse a las preguntas primeras antes que buscar las respuestas últimas, retomar el camino hacia el preguntar precursor desde cuyo signo de interrogación se abre el pensar esencial”. Por eso una de las preguntas a responder es si aún quedan preguntas primeras o ya está todo preguntado. El profesor de filosofía no duda en esta respuesta: “No, no está todo preguntado. Pero porque hay una materialidad que va transformando la realidad en la que vivimos, hay lo imprevisible. Cada vez que hay lo nuevo, van formulándose nuevas preguntas. Platón no habría podido hacerse la pregunta por la degradación de los lazos sociales a través de WhatsApp. Pero pudo preguntarse por la degradación de los lazos sociales y por el límite entre lo real y lo aparente y,  vos agarras todo eso y lo aplicás a WhatsApp,  y te sirve igual. La filosofía tiene esa ambigüedad, habla de los grandes temas que se repiten siempre, pero esos grandes temas aparecen siempre maquillados por el ropaje de la época, como decía Baudelaire. El tema es si esas grandes preguntas van a lo radicalmente nuevo o son reformulaciones de lo que siempre nos estamos preguntando”, dice.

 

-Detrás de toda verdad hay un interés siempre.

-Sí, porque si no hay detrás de toda verdad un interés es porque realmente alguien la encontró ya a la verdad. Yo creo que si alguien encontró a la Verdad con mayúscula, ya te deja de importar todo.  Cada vez que alguien quiere pasar su propio interés como verdad te das cuenta que ahí hay un ejercicio de poder. Si alguien la encuentra, a ese alguien le deja de interesar la pequeñez del día a día, te olvidás del mundo.

-Bueno, Jesús se calla cuando le pregunta Pilato por la verdad.

- Tremendo. Que gran momento del evangelio de San Juan. Cuando Pilato le pregunta qué es la verdad y Jesús calla, pero el texto no dice  “y Jesús calló”, sino que hay un punto aparte y empieza otra historia distinta, “El pueblo estaba agolpado…”

-El narrador ahí es fantástico.

-El narrador es un genio. Ese es un silencio literario. Bueno, eso puede ser interpretado como que no hay una verdad pero el propio Dios lo asume, pero también hubo muchas polémicas dogmáticas para la Iglesia. Entonces ahí Jesús se calla porque la verdad es él y viene a manifestar su silencio. A mí me gusta la lectura más humanista, es decir, hasta Jesús no sabe qué es.

-Claro, porque Jesús aún no es Cristo.

-Claro,  y eso es lo más rico. A mí lo que más me identifica con estos testimonios es el Jesús sufriente, el que dice “Padre ¿por qué me abandonaste?”, el de la carencia, el de los pobres.

Uno de los capítulos del libro se detiene en la frase de Jacques Derrida, “Nada hay fuera del texto”. La frase incomoda, interpela. Uno busca alternativas, pero solo encuentra problemas. Aunque por ahí el problema es que uno ve como problema el que no haya nada fuera del texto. Se dice que Derrida, en 1967, el creador de la palabra más en boga hoy en día, que es “deconstrucción”, quiso con esta frase indicar que todo sentido que construimos lo hacemos con palabras. Darío Sztajnszrajber, muy didácticamente, afirma y ayuda con un ejemplo a entender la idea: “Obviamente que si yo digo ‘la pared es negra’, hay algo ahí. Pero el sentido que le doy a eso es siempre a partir de una construcción gramatical, semántica y, de algún modo, condiciona lo que veo.  Porque en algo muy neutral como ‘la pared es negra’ no parecería que hubiese ejercicios de subjetividad, pero lo hay también. Lo hay porque, por ejemplo, estás priorizando que ‘pared’ es sustantivo y es más importante que el adjetivo, que lo caracteriza al sustantivo. Entonces pareciera que es más importante el ser pared que el ser blanca”. Y agrega: “Obvio que afuera del texto está la pared, pero cuando decís: ‘obvio que afuera del texto está la pared’ lo decís en palabras, uno no puede salirse del lenguaje,

 

-¿El lenguaje como qué, entonces?

- El lenguaje no es una herramienta que se usa de manera libre y autónoma, tiene sus reglas, porque las palabras nos preexisten. Entonces se trata de ser consciente de que uno más o menos las maneja en el marco de un trasfondo que te maneja. Derrida muere por alcanzar lo que hay afuera del texto, pero no quiere subestimarse. No quiere seguir avalando la omnipotencia humana que cree que tiene acceso a esa realidad que está por fuera de la palabra y creer que la palabra es solo un accidente. No, construimos desde el lenguaje. Por eso es tan importante el lenguaje y por eso genera tanta resistencia.

Mencionar el lenguaje, la construcción de sentido y la resistencia con y sobre él, trae inmediatamente el tema del lenguaje inclusivo. Sztajnszrajber enfatiza en esta respuesta y dice: “Por eso tanta resistencia al lenguaje inclusivo que se da en el mundo. Porque metés el dedo donde duele, no es joda el lenguaje inclusivo. No es joda que en castellano el universal sea masculino, no es joda. Pero entonces la reacción es: Bueno es una pavada, mira lo que te quieren imponer”.

En el último capítulo se toma como disparador la frase de Michelle Foucault, “Donde hay poder, hay resistencia”. Puja de poderes, uno que avasalla, otro que resiste, pero poderes al fin los dos. Poder que busca normalizar, que nos cruza, que circula. Pero también está la posibilidad de pensar el poder como posibilidad, como potencia.

-¿El poder es control siempre?

- El poder no es siempre control en el sentido vertical. Foucault lo piensa al poder como normalización, de producción de una condición normal de la existencia, donde todo el mundo cuaja, se acomoda y se siente de algún modo contento. Pero hay que recuperar el valor semántico de la palabra poder. Poder es un verbo, uno lo usa todo el tiempo. Si digo Puedo ir al baño, ahí se ve que uno está lidiando permanentemente con sus posibilidades. Utilicemos menos veces la palabra poder y más la palabra posibilidad y ahí  te vas a dar cuenta de la importancia del poder. Que no es solo el poder de la policía que no me deja estacionar acá o hacer una marcha, sino el poder como aquello que no puedo y lo que puedo. Pensá que bíblicamente, ya que nos metimos en esto también en la charla, el primer gran conflicto que aparece es un conflicto de poder. Dios prohíbe a Adan y Eva comer del árbol del conocimiento, y todo el mundo lo lee como Ay, le prohibieron la curiosidad. No, los reprimieron. Dios está diciendo, Acá es así y el hombre no se la bancó y fue una disputa de poder. Todo el tiempo estamos en esa disputa de poder que tiene que ver con la posibilidad de desplegar lo que somos. El tema es cómo en ese desplegar lo que somos te llevás puesto al otro. Ahí el poder se entreteje como una relación social donde algunos sacan más tajadas y pueden desarrollar su posibilidad y otros no.

Sólo sé que no sé nada. Pienso, luego existo. Todo lo sólido se desvanece en el aire. Dios ha muerto. Por medio de frases como esas, disparadores que estimulan el pensamiento, Darío Sztajnszrajber se propone sacar a la filosofía de los formatos que la hacen excluyente. Al hacerlo nos lleva a una conversación alucinada y alucinante con once ideas clásicas, tan pequeñas como para caber en un tuit y a la vez tan interminables como las búsquedas existenciales.

Incómodo y complejo como su materia misma, este libro inclasificable —es ensayo filosófico, y es también novela— consagra a su autor como un explorador impertinente. Sztajnszrajber puede explicar y a la vez contradecir a filósofos como Aristóteles, Descartes, Marx, Nietzsche o Foucault e invitarnos a perdernos en la riqueza de sus ideas. Su historia comienza con un hombre que escapa y, al descender a un subte porteño, se encuentra azarosamente con un crimen del poder. Entre las huellas reconocibles de una república precaria, la trama mezcla la sangre y el amor, la historia y la esperanza, la represión estatal y la resistencia ciudadana.

En Filosofía en 11 frases, su primer libro con Paidós, Sztajnszrajber lleva la filosofía a los lectores que quieren pensar sin ser subestimados. Y los desafía, socráticamente, con una convicción: todos podemos hacer filosofía aunque no lo sepamos.

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Filosofía en 11 frases o el método Sztajnszrajber para vivenciar la figura del pensamiento

Darío Sztajnszrajber participó del ciclo Verano Planeta. Su último libro, Filosofía en 11 frases, desarrolla todo un camino del pensamiento filosófico, acompañado por una historia de ficción. Un libro de divulgación que rompe los géneros e interpela permanentemente.

Definir la filosofía genera ya toda su esencia, es decir, su problematización. Se dice mecánicamente que es una palabra compuesta por “filo” que  es amor y “sofía” sabiduría, por lo cual ahora tenemos dos problemas: definir amor y definir sabiduría; y un tercero, cuál de ambos conceptos pongo sobre el otro. En fin, ese es el espíritu de la filosofía, problematizar, redefinir, encontrar sentido, deconstruir.

Si alguien encarna a la perfección este espíritu es  Darío Sztajnszrajber. Él busca problematizar todo. Busca que cualquier concepto o situación estalle, detone, y aparezca algo que nos cruza a todos y nos interpela.

Su último libro es Filosofía en 11 frases (Planeta – 2018). Un lindo fenómeno que se dio en los últimos meses. Una manifestación de lectura que tira por la borda aquello de las “lecturas de verano”, como aquellas simples y pasatistas horas de ocio.

No se trata de un libro fácil, hay que detenerse y repensar en muchos casos. Releer los fragmentos, los diálogos. Pero lo más llamativo es el cruce de géneros en este libro de divulgación que ya lleva vendidos más de 75 mil ejemplares. “Es una locura. Fue imprevisible para nosotros también. No hablamos de un libro fácil, hay que detenerse, dedicarle tiempo. Esto se fue armando con los cursos, con los shows que fueron dándome letra. Pero no es un libro de divulgación porque sea un manual, es de divulgación porque se anima a mezclar la filosofía con otros géneros”, sostiene Darío Sztajnszrajber, tratando de encontrar una respuesta.

Leé el primer capítulo del libro

El texto no está solo hecho para la gente del ámbito filosófico. Detrás de esa parte o mezclada a ella, encontramos una novela que atraviesa todo el libro. Una historia donde hay una violencia política manifiesta a lo largo de todo el relato. Para el que lo lee implica un esfuerzo y ubicarse en un lado, tomar una postura. El material supone una problematización constante. “Es decir que no es un libro de verano, pero es muy loco, ya que ahora, por estos meses, ha tenido un repunte de venta. Pero, en realidad, ¿qué sería un libro de verano?” se pregunta.

-Es un libro donde el cuerpo está muy presente. Hay, también, mucha violencia física y simbólica sobre ese cuerpo. De entrada tenemos una muerte, la historia se padece en el cuerpo del protagonista, la padece el lector cuando lee, porque tiene que detenerse, releer, volver y anotar algo al margen, subrayar…

- Vos sabés que en una de las primeras instancias, antes de la edición me querían volar eso, me decían que era muy sangriento arrancar así. No puede ser de otro modo, las situaciones límites son las que inspiran las reflexiones filosóficas. Pero además yo no puedo hacer filosofía sino es desde el cuerpo. Además, hoy en día, donde el cuerpo se da siempre en una facticidad, el cuerpo está siempre materializándose en un tiempo. Hoy los cuerpos que se piensan en el país son cuerpos atravesados por el retorno del conservadurismo, de la exclusión social. No es casual que esta historia de violencia política, que uso como excusa para hablar de filosofía, sea una historia donde se pone el cuerpo. Porque de hecho una de las críticas que yo hago es, casualmente, que la filosofía se ha olvidado de poner el cuerpo.

-Otra cuestión que noté constantemente es el miedo a lo largo de la novela: lo noté en el protagonista porque lo corren, ante las preguntas, miedo a si eso es verdad o no, miedo por lo que pasa, por lo que le puede pasar.

- Sí, y además el miedo fundamental, que es el del ser humano en tanto sujeto del preguntar. Él siente de algún modo que es testigo de algo. Todos nos creemos testigos de algo, es como buscar nuestra singularidad en todo esto y al final te das cuenta de que nos sos testigo de nada. Naciste de pedo y cuando te querés acordar, morís, con lo cual esa especie de trascendencia que le querés dar a tu vida no existe.

Sztajnszrajber gesticula y piensa las respuestas. Busca en todas esas lecturas y preguntas ya mil veces hechas, alguna posibilidad de respuesta. Apela al cine, a la literatura y siempre terminamos hablando de lo que nos cruza día a día, de lo que duele en el cuerpo. Pero si bien las respuestas son importantes, las preguntas tienen en su argumento otro gran espacio ocupado. Dice Hugo Mujica en La palabra inicial (Trotta – 1995) “Se trata de acercarse a las preguntas primeras antes que buscar las respuestas últimas, retomar el camino hacia el preguntar precursor desde cuyo signo de interrogación se abre el pensar esencial”. Por eso una de las preguntas a responder es si aún quedan preguntas primeras o ya está todo preguntado. El profesor de filosofía no duda en esta respuesta: “No, no está todo preguntado. Pero porque hay una materialidad que va transformando la realidad en la que vivimos, hay lo imprevisible. Cada vez que hay lo nuevo, van formulándose nuevas preguntas. Platón no habría podido hacerse la pregunta por la degradación de los lazos sociales a través de WhatsApp. Pero pudo preguntarse por la degradación de los lazos sociales y por el límite entre lo real y lo aparente y,  vos agarras todo eso y lo aplicás a WhatsApp,  y te sirve igual. La filosofía tiene esa ambigüedad, habla de los grandes temas que se repiten siempre, pero esos grandes temas aparecen siempre maquillados por el ropaje de la época, como decía Baudelaire. El tema es si esas grandes preguntas van a lo radicalmente nuevo o son reformulaciones de lo que siempre nos estamos preguntando”, dice.

 

-Detrás de toda verdad hay un interés siempre.

-Sí, porque si no hay detrás de toda verdad un interés es porque realmente alguien la encontró ya a la verdad. Yo creo que si alguien encontró a la Verdad con mayúscula, ya te deja de importar todo.  Cada vez que alguien quiere pasar su propio interés como verdad te das cuenta que ahí hay un ejercicio de poder. Si alguien la encuentra, a ese alguien le deja de interesar la pequeñez del día a día, te olvidás del mundo.

-Bueno, Jesús se calla cuando le pregunta Pilato por la verdad.

- Tremendo. Que gran momento del evangelio de San Juan. Cuando Pilato le pregunta qué es la verdad y Jesús calla, pero el texto no dice  “y Jesús calló”, sino que hay un punto aparte y empieza otra historia distinta, “El pueblo estaba agolpado…”

-El narrador ahí es fantástico.

-El narrador es un genio. Ese es un silencio literario. Bueno, eso puede ser interpretado como que no hay una verdad pero el propio Dios lo asume, pero también hubo muchas polémicas dogmáticas para la Iglesia. Entonces ahí Jesús se calla porque la verdad es él y viene a manifestar su silencio. A mí me gusta la lectura más humanista, es decir, hasta Jesús no sabe qué es.

-Claro, porque Jesús aún no es Cristo.

-Claro,  y eso es lo más rico. A mí lo que más me identifica con estos testimonios es el Jesús sufriente, el que dice “Padre ¿por qué me abandonaste?”, el de la carencia, el de los pobres.

Uno de los capítulos del libro se detiene en la frase de Jacques Derrida, “Nada hay fuera del texto”. La frase incomoda, interpela. Uno busca alternativas, pero solo encuentra problemas. Aunque por ahí el problema es que uno ve como problema el que no haya nada fuera del texto. Se dice que Derrida, en 1967, el creador de la palabra más en boga hoy en día, que es “deconstrucción”, quiso con esta frase indicar que todo sentido que construimos lo hacemos con palabras. Darío Sztajnszrajber, muy didácticamente, afirma y ayuda con un ejemplo a entender la idea: “Obviamente que si yo digo ‘la pared es negra’, hay algo ahí. Pero el sentido que le doy a eso es siempre a partir de una construcción gramatical, semántica y, de algún modo, condiciona lo que veo.  Porque en algo muy neutral como ‘la pared es negra’ no parecería que hubiese ejercicios de subjetividad, pero lo hay también. Lo hay porque, por ejemplo, estás priorizando que ‘pared’ es sustantivo y es más importante que el adjetivo, que lo caracteriza al sustantivo. Entonces pareciera que es más importante el ser pared que el ser blanca”. Y agrega: “Obvio que afuera del texto está la pared, pero cuando decís: ‘obvio que afuera del texto está la pared’ lo decís en palabras, uno no puede salirse del lenguaje,

 

-¿El lenguaje como qué, entonces?

- El lenguaje no es una herramienta que se usa de manera libre y autónoma, tiene sus reglas, porque las palabras nos preexisten. Entonces se trata de ser consciente de que uno más o menos las maneja en el marco de un trasfondo que te maneja. Derrida muere por alcanzar lo que hay afuera del texto, pero no quiere subestimarse. No quiere seguir avalando la omnipotencia humana que cree que tiene acceso a esa realidad que está por fuera de la palabra y creer que la palabra es solo un accidente. No, construimos desde el lenguaje. Por eso es tan importante el lenguaje y por eso genera tanta resistencia.

Mencionar el lenguaje, la construcción de sentido y la resistencia con y sobre él, trae inmediatamente el tema del lenguaje inclusivo. Sztajnszrajber enfatiza en esta respuesta y dice: “Por eso tanta resistencia al lenguaje inclusivo que se da en el mundo. Porque metés el dedo donde duele, no es joda el lenguaje inclusivo. No es joda que en castellano el universal sea masculino, no es joda. Pero entonces la reacción es: Bueno es una pavada, mira lo que te quieren imponer”.

En el último capítulo se toma como disparador la frase de Michelle Foucault, “Donde hay poder, hay resistencia”. Puja de poderes, uno que avasalla, otro que resiste, pero poderes al fin los dos. Poder que busca normalizar, que nos cruza, que circula. Pero también está la posibilidad de pensar el poder como posibilidad, como potencia.

-¿El poder es control siempre?

- El poder no es siempre control en el sentido vertical. Foucault lo piensa al poder como normalización, de producción de una condición normal de la existencia, donde todo el mundo cuaja, se acomoda y se siente de algún modo contento. Pero hay que recuperar el valor semántico de la palabra poder. Poder es un verbo, uno lo usa todo el tiempo. Si digo Puedo ir al baño, ahí se ve que uno está lidiando permanentemente con sus posibilidades. Utilicemos menos veces la palabra poder y más la palabra posibilidad y ahí  te vas a dar cuenta de la importancia del poder. Que no es solo el poder de la policía que no me deja estacionar acá o hacer una marcha, sino el poder como aquello que no puedo y lo que puedo. Pensá que bíblicamente, ya que nos metimos en esto también en la charla, el primer gran conflicto que aparece es un conflicto de poder. Dios prohíbe a Adan y Eva comer del árbol del conocimiento, y todo el mundo lo lee como Ay, le prohibieron la curiosidad. No, los reprimieron. Dios está diciendo, Acá es así y el hombre no se la bancó y fue una disputa de poder. Todo el tiempo estamos en esa disputa de poder que tiene que ver con la posibilidad de desplegar lo que somos. El tema es cómo en ese desplegar lo que somos te llevás puesto al otro. Ahí el poder se entreteje como una relación social donde algunos sacan más tajadas y pueden desarrollar su posibilidad y otros no.

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