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El escribiente

15 de Diciembre de 2019 09:12

La fórmula De A para X de John Berger

De A para X de John Berger es uno de esos textos que a uno lo ayudan a reconciliarse con las letras, con las ideas, con los sentimientos y con la realidad. A medida que un poder sin rostro invade una ciudad, A’ida le muestra la realidad a Xavier, un insurgente, quien ha sido encarcelado. Así, los actos cotidianos se vuelven resistencia y clarificadores de sentimientos. 

Siempre gratifica saber que algunas ideas de John Berger andan por ahí, así como siempre gratifica poder volver a sus textos.

Es bien antiguo el género literario conocido como epistolar. Drácula de Bram Stocker está bajo este formato, así como Frankenstein de Mary Shelley u 84 ‘Charing Cross Road’, de Helene Hanffy entre otras tantas.

Ahora bien, hoy en día supone cierto riesgo dadas las condiciones y formatos de comunicación de este presente. Pero en literatura siempre se puede. Y sobre todo si uno es John Berger.

Casi podríamos decir que en De A para X Una historia en cartas (Alfaguara-2009) las condiciones del género son preponderantes para que una historia, que podría ser poca atractiva, se convierta en una obra hermosa.

Pensemos la historia: se trata de una serie de cartas que A, farmacéutica, le escribe a X que está condenado por terrorista a dos cadenas perpetuas, convirtiéndose en un preso político. La historia, entonces, está armada alrededor de las cartas que A’ida escribe y le manda a Xavier. Sus respuestas no aparecen, es decir, el autor solo menciona algunas reflexiones políticas escritas al dorso de las cartas de ella que le dan voz a X.

Y ¿qué cuentan esas cartas? ¿Qué expresan?  Nada especial en realidad. Son trazos de la vida cotidiana y recuerdos de los protagonistas de una historia pasada  mucho mejor. Pero el detalle está puesto en el sentir y en la pasión que pone A al transmitírselo a X. Su amor, su pasión, su compromiso político queda en todas aquellas líneas.

Si la historia huele a encuentro, los silencios que se intercalan dejan oír la necesidad del otro. Esa necesidad que solo es excusa para mirar hacia adelante, a pesar del pasado y del presente. Berger logra la voz indicada para esto. Esa voz que traduce el ser uno mismo y la privación del otro.

Y ¿cómo lo logra? A través de detalles que arroja el texto y su lectura, comprometiendo al lector a una maravillosa experiencia. Como ejemplo podemos destacar lo abreviado del título, donde las letras A y X corresponden a las iniciales de los nombres de los protagonistas. Sin embargo alguien también lo pensó como una ecuación que va de lo conocido a lo oculto, reflejándose en la historia también.

Otro detalle podrían ser las condiciones del marco del relato tan indefinidas. La imprecisión de los lugares y de los tiempos logra un mayor signo de libertad en el texto, así como para el lector a la hora de resignificar.

Por último, la necesidad de lo visual: dado que los protagonistas no pueden verse, pero deben contarse lo que viven y lo que recuerdan detalle por detalle para que logre darse la comunicación y el encuentro. A, inclusive, agrega en muchas de las cartas algunos dibujos para acercarse más a X.

Los protagonistas no tienen rostro, pero el pacto con el lector es ayudado por Berger, al presentar al inicio dos rostros impresos en color, dos retratos que se presentan antes que la historia.

¿La vida es el arte del encuentro o el encontrarse es un arte? Y cuando unos se encuentran, ¿qué pasa después? El autor conjuga el drama de la distancia con lo más parecido a la solución, el encuentro, que puede darse a través de cartas.

La potencia de las frases y el hermoso lenguaje poético utilizado por Berger  logran consolidar, no solo un estilo muy personal, sino también una historia de dos que no pueden estar juntos  pero que pelean en todo sentido (poética y políticamente), para  lograrlo. Además se los muestra como dos que no están solos, por el contrario, a pesar de cada uno acarrea  con su celda, el resto los acompaña.

Berger aclara al principio: “El último preso que habitó la celda número 73, acusado de ser el fundador de una red de terroristas y condenado a dos cadenas perpetuas, era conocido con el nombre de Xavier. Las cartas encontradas en los casilleros iban dirigidas a él. Al leerlas queda claro que no estaban ordenadas cronológicamente. A’ida, si es este su verdadero nombre, no fechaba las cartas con el año, solo con el día y el mes. Es evidente que la correspondencia se mantuvo durante muchos años…no intentamos deducir o adivinar su orden cronológico y restablecerlo, sino que decidimos respetar el orden en que las tenía Xavier”.

Solo eso, un montón de cartas dirigidas a un preso y anotaciones de éste. Pero no es solo eso. O, podríamos decir que “solo eso” es una explosión de sentidos de la libertad y de los sentimientos. Del amor y de los cuerpos. De la política y la suerte de los seres humanos.

Utilizando un género tan antiguo como el epistolar, la poesía, el estilo y las imágenes de Berger junta la realidad de dos con la realidad de muchos otros. Están ellos, pero también hay un nosotros que busca siempre a otro para completarse. No es solo un texto, es literatura de la que cura con palabras.