Hamacas, el hotel donde el surf argentino forjó las dos medallas panamericanas

Por Javier López Ezcurra

La mayoría de los deportistas se prepararon durante 60 días bajo el mismo techo y con un exigente entrenamiento le dieron forma a las primeras conquistas para el deporte de las tablas en el ciclo olímpico.

Las medallas que obtuvo el equipo argentino de surf en su debut en los Juegos Panamericanos tienen un lugar de origen en común: Hamacas. A pocos metros de las olas en las que Leandro Usuna y Ornella Pellizzari se adjudicaron las preseas de plata y bronce respectivamente, un hotel sobre la playa funcionó como refugio de los deportistas donde convivieron durante 60 días para planificar la competencia.

Ubicado sobre la arena de Punta Rocas, frente al mar, Hamacas es un bar de playa con hotel que históricamente la Asociación de Surf Argentina (ASA) eligió como bunker para preparar sus competencias en Perú. Con el agregado especial para el deporte de las tablas de hacer su debut panamericano, Lima 2019 contó con una planificación diferente. El campeón, más allá de llevarse la gloria absoluta, también se aseguraría un lugar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Además de la medalla de plata que conquistó Lele y la de bronce que se colgó Pellizzari, los hermanos Surfiel y María Gil quedaron a las puertas de subirse al podio, ambos con un cuarto puesto. Santiago Muñiz y Lucía Indurain también tuvieron una destacada actuación en tabla corta. En Stand Up Paddle, la marplatense Juliana González finalizó 5º en la modalidad carrera, mientras que Franco Faccin se quedó con el 6º puesto. En la prueba técnica, Mariano De Cabo cayó en la segunda ronda del repechaje y Lucía Cosoleto perdió en la tercera fase. Sin embargo, los resultados no solo fueron producto del talento de los riders, sino también de una detallada planificación que gestó el cuerpo técnico.

Los primeros en llegar al complejo fueron los representantes del Stand Up Paddle. Comandados por los entrenadores Martín Iatauro y Rodrigo Casón, y con el seguimiento de Juan Baldino como preparador físico del equipo, los atletas comenzaron con los entrenamientos a mediados de mayo. Al poco tiempo se sumaron los riders de longboard y de tabla corta. Así, Hamacas se convirtió en la casa de los deportistas argentinos donde convivieron durante dos meses y forjaron sus conquistas en Lima 2019.

"Planificamos cada cuatro años el ciclo olímpico: el objetivo era clasificar a seis u ocho deportistas a los Juegos Panamericanos. Fueron diez. Tratamos de ser bastante específicos en cada disciplina. Fue un trabajo largo, durísimo, pero por suerte tuvieron sus frutos", le comenta Iatauro a 0223. Al principio, el entrenamiento dentro del mar era de cuatro horas diarias, divididas en dos sesiones, para hacer eje en la capacidad aeróbica, además de los trabajos de gimnasio. "Los primeros meses fueron muy difíciles para los chicos. Eso después nos permitió generar una diferencia física ante la exigencia de la ola de Punta Rocas", explica el entrenador.

Además de la preparación física, el cuerpo técnico de la ASA también hizo hincapié en los conceptos técnicos de las condiciones del mar, como lo hacen para cada evento. Dividiendo el mar entre zonas, los surfistas sabían cómo, cuándo y para qué lado iniciaban y finalizaban las olas. "Yo buscaba que inicien el heat con rapidez para dominar desde el principio, pese a que en distintas ocasiones no salió. Nos llevó mucho tiempo. Yendo unos meses antes, el margen de error se minimizaba", expresa Iatauro, quien desde hace seis años realiza el mismo trabajo con los juniors y hace tres lo hace con los más grandes.

"Hamacas es un lugar estratégico que fue nuestra casa. Salís del cuarto y ya pisas la playa. Lo usamos como táctica de visibilización, que vean la ola constantemente y se vean ejecutándolas. Hacíamos nuestras reuniones y comíamos ahí, no salíamos nunca prácticamente", agrega. Para todo ello, el apoyo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), la Secretaría de Deportes y la ASA fue fundamental.

Después de tanta preparación, más allá de los resultados, el surf argentino tiene motivos para festejar e ilusionarse a futuro. Aunque nada los conforma. "El balance es súper positivo, somos animales de la competencia. Nos hubiera gustado traer más medallas, nos quedamos con las ganas de más. En tabla corta fuimos por el oro, sabíamos que era muy difícil. A Lele no le quisieron dar el heat con Luca Mesinas. Ornella estuvo muy cerca de meterse en la final. Hicimos un esfuerzo muy grande, tenemos un poco de tristeza, nos tocó quedarnos con un poco menos, pero siempre se aprende", destaca Iatauro, ya instalado en su casa de Mar del Plata. Detrás de todo el talento de los deportistas, la tarea de un grupo de profesionales fue fundamental para quedarse con las primeras medallas de la historia panamericana.

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Hamacas, el hotel donde el surf argentino forjó las dos medallas panamericanas

La mayoría de los deportistas se prepararon durante 60 días bajo el mismo techo y con un exigente entrenamiento le dieron forma a las primeras conquistas para el deporte de las tablas en el ciclo olímpico.

Las medallas que obtuvo el equipo argentino de surf en su debut en los Juegos Panamericanos tienen un lugar de origen en común: Hamacas. A pocos metros de las olas en las que Leandro Usuna y Ornella Pellizzari se adjudicaron las preseas de plata y bronce respectivamente, un hotel sobre la playa funcionó como refugio de los deportistas donde convivieron durante 60 días para planificar la competencia.

Ubicado sobre la arena de Punta Rocas, frente al mar, Hamacas es un bar de playa con hotel que históricamente la Asociación de Surf Argentina (ASA) eligió como bunker para preparar sus competencias en Perú. Con el agregado especial para el deporte de las tablas de hacer su debut panamericano, Lima 2019 contó con una planificación diferente. El campeón, más allá de llevarse la gloria absoluta, también se aseguraría un lugar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

Además de la medalla de plata que conquistó Lele y la de bronce que se colgó Pellizzari, los hermanos Surfiel y María Gil quedaron a las puertas de subirse al podio, ambos con un cuarto puesto. Santiago Muñiz y Lucía Indurain también tuvieron una destacada actuación en tabla corta. En Stand Up Paddle, la marplatense Juliana González finalizó 5º en la modalidad carrera, mientras que Franco Faccin se quedó con el 6º puesto. En la prueba técnica, Mariano De Cabo cayó en la segunda ronda del repechaje y Lucía Cosoleto perdió en la tercera fase. Sin embargo, los resultados no solo fueron producto del talento de los riders, sino también de una detallada planificación que gestó el cuerpo técnico.

Los primeros en llegar al complejo fueron los representantes del Stand Up Paddle. Comandados por los entrenadores Martín Iatauro y Rodrigo Casón, y con el seguimiento de Juan Baldino como preparador físico del equipo, los atletas comenzaron con los entrenamientos a mediados de mayo. Al poco tiempo se sumaron los riders de longboard y de tabla corta. Así, Hamacas se convirtió en la casa de los deportistas argentinos donde convivieron durante dos meses y forjaron sus conquistas en Lima 2019.

"Planificamos cada cuatro años el ciclo olímpico: el objetivo era clasificar a seis u ocho deportistas a los Juegos Panamericanos. Fueron diez. Tratamos de ser bastante específicos en cada disciplina. Fue un trabajo largo, durísimo, pero por suerte tuvieron sus frutos", le comenta Iatauro a 0223. Al principio, el entrenamiento dentro del mar era de cuatro horas diarias, divididas en dos sesiones, para hacer eje en la capacidad aeróbica, además de los trabajos de gimnasio. "Los primeros meses fueron muy difíciles para los chicos. Eso después nos permitió generar una diferencia física ante la exigencia de la ola de Punta Rocas", explica el entrenador.

Además de la preparación física, el cuerpo técnico de la ASA también hizo hincapié en los conceptos técnicos de las condiciones del mar, como lo hacen para cada evento. Dividiendo el mar entre zonas, los surfistas sabían cómo, cuándo y para qué lado iniciaban y finalizaban las olas. "Yo buscaba que inicien el heat con rapidez para dominar desde el principio, pese a que en distintas ocasiones no salió. Nos llevó mucho tiempo. Yendo unos meses antes, el margen de error se minimizaba", expresa Iatauro, quien desde hace seis años realiza el mismo trabajo con los juniors y hace tres lo hace con los más grandes.

"Hamacas es un lugar estratégico que fue nuestra casa. Salís del cuarto y ya pisas la playa. Lo usamos como táctica de visibilización, que vean la ola constantemente y se vean ejecutándolas. Hacíamos nuestras reuniones y comíamos ahí, no salíamos nunca prácticamente", agrega. Para todo ello, el apoyo del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard), la Secretaría de Deportes y la ASA fue fundamental.

Después de tanta preparación, más allá de los resultados, el surf argentino tiene motivos para festejar e ilusionarse a futuro. Aunque nada los conforma. "El balance es súper positivo, somos animales de la competencia. Nos hubiera gustado traer más medallas, nos quedamos con las ganas de más. En tabla corta fuimos por el oro, sabíamos que era muy difícil. A Lele no le quisieron dar el heat con Luca Mesinas. Ornella estuvo muy cerca de meterse en la final. Hicimos un esfuerzo muy grande, tenemos un poco de tristeza, nos tocó quedarnos con un poco menos, pero siempre se aprende", destaca Iatauro, ya instalado en su casa de Mar del Plata. Detrás de todo el talento de los deportistas, la tarea de un grupo de profesionales fue fundamental para quedarse con las primeras medallas de la historia panamericana.

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