Enfoque global

2 de Junio de 2020 06:55

El asesinato de George Floyd y el racismo estructural en Estados Unidos

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El asesinato de George Floyd desató una ira contenida en la comunidad afroestadounidense que demanda respuestas inmediatas de las autoridades. ¿Le sirve el caos a Trump para su narrativa electoral?

"Si se prenden fuego los edificios no es solo por el asesinato de nuestro hermano, Geroge Floyd. Si están en llamas es porque hay gente de Minnesota que le están diciendo al pueblo Nueva York, California, Memphis y todo el país  que ha dicho Ya basta. Y no somos responsables por le enfermedad mental que se le ha inflingido a nuestro pueblo por las instituciones del gobierno y los que están en puestos de poder. No me importa un carajo si prenden Target (supermercado) porque ellos deberían estar en las calles con nosotros exigiendo la justicia que nuestra gente merece. Y no me hablen de saqueos, Estados saqueó a los negros, a los pueblos indigenas, aprendimos la violencia de ustedes".

 Este es un fragmento de un discurso realizado por la activista Tamika D Mallory  que se movilizó para pedir justicia por el asesinato de George Floyd. La joven expresa con claridad el enojo y hartazgo de muchos hombres y mujeres de la comunidad afroamericana con las autoridades de la potencia más importante del muno.  

El video de Floyd asesinado por la policía de Minneapolis recorrió el mundo e indignó a quienes vieron en ese hecho una muestra de la brutalidad e impunidad con la que cotidianamente vive esta comunidad  en Estados Unidos. 

La ola de protestas que vimos luego y continuan en más de 45 ciudades y 21 estados  exponen una situación estructural de segregación que no ha encontrado solución en los diferentes gobiernos que pasaron por la Casa Blanca.  El abuso de poder policial y la complicidad judicial a la hora de juzgar a los responsables, ubican al caso Floyd como una foto del funcionamiento las instituciones. 

La Doctora en Historia y especialista en Estudios de Estados Unidos, Valeria Carbone, definió la situación en una reciente entrevista con Resumen del Sur, como "históricamente ciclico".  A su vez, Carbone escribió el libro  "Una historia del movimiento negro estadounidense en la era post-derechos civiles (1968-1988)" en la que sostiene la idea de racismo estructural.

En ese contexto, Carbone planteó que "estamos viendo en el presente las consecuencias de 400 años de opresión racial de clases". "El fin de la esclavitud no eliminó el racismo sino que fueron sometidos en un sistema muy parecido", agregó. 

La brutalidad policial es una constante en muchos Estados y las víctimas siempre son los afroamericanos quien, además, suelen tener los peores trabajos y muchas más dificultades para llevar a cabo una vida digna. 

Floyd es uno más en una seguidilla que promete continuar y que tuvo casos como el del joven afroamericano en Nueva York que le pidió una mujer que ate su perro, tal como dice la legislación, y terminó como una amenaza de llamado a la policía que incluyó: "voy a denunciar que un negro me está acosando". 

También, dos personas acribillaron a otro en la calle solo porque estaba corriendo y una mujer que estaba en su casa cenando y la mataron pensaron que estaba robando...en su propia casa. 

Un análisis reciente realizado por el grupo de defensa Mapping Police Violence descubrió que el 99 por ciento de los asesinatos policiales de 2014 a 2019 no dieron lugar a que los agentes fueran acusados, y mucho menos condenados, de un delito.

 El mapeo de los datos de violencia policial publicaron por el sitio Vox que se recopila de bases de datos públicas y registros policiales, también muestra que la cantidad de asesinatos policiales ha aumentado de 2013 a 2019; en ese lapso, la cantidad de asesinatos cae a un mínimo de 1,050 en 2014,  y tiene un máximo de 1.143 en 2018. Es decir, como sostiene Carbone, Estados Unidos tiene un racismo estructural que difícil cambie desde el punto de viste institucional y, tal vez, por eso estamos viendo revueltas populares Nueva York, Filadelfia, Dallas, Las Vegas, Seattle, Des Moines, Memphis, Los Ángeles, Atlanta, Miami, Portland, Chicago, e incluso la capital Washington. 

El sistema permite que las enormes desigualdades que sufren los afrodescendientes se naturalicen a costa de su calidad de vida, libertad o su propia muerte y eso no se ha modificado con la incorporación de políticos negros a la vida partidaria o con un presidente como Barack Obama. El gran interrogante es qué alternativa queda cuando el sistema no cambia.

Personalidades como Morgan Freeman y deportistas de la talla de Marcus Thuram, Lebron James o Michael Jordan se hicieron eco de la situación y colaboraron para que el mensaje de rechazo contra la xenofobia pueda amplificarse.

El presidente Donald Trump se mueve con bastante comodidad en medio del caos y busca capitalizar la compleja situación para orientarlo a su campaña electoral. Trump, que tuvo que ser trasladado a un escondite subterráneo que no se utilizaba desde el atentado del 11 de septiembre de 2001, condenó el asesinato de Floyd pero en los últimos días se dedicó a cuestionar las manifestaciones y contribuyó a la militarización, represión y encarcelamientos de aquellos que deciden marchar.

A su vez, la Casa Blanca declaró como organización terrorista a Antifa, el movimiento de izquierda antifascista que, según el mandatario norteamericano, promueve la revuelta. Esta teoría es compleja de sostener debido a que este tipo de marchas nacen de abajo para arriba y no cuentan con ningún liderazgo concreto, con lo cual, la decisión de apuntar a Antifa como responsable es parte de la estrategia de Trump para incorporarlo en la nueva narrativa electoral basada en restablecer el orden y demonizar a todos aquellos que decidan salir a las calles.

 Ante la imposibilidad de mostrar logros económicos y con un desempleo récord por las consecuencias del coronavirus, Trump construye un enemigo interno (como lo hace con China en el plano externo) a quien combatir y refuerza el discurso punitivista, como escribió en un reciente tuit: "Ley y orden". "Soy el presidente de la ley y el orden, un aliado de todos los manifestantes pacíficos, pero nuestra nación ha sido tomada por anarquistas profesionales, turbas violentas, saqueadores, criminales, Antifa y otros, y algunos estados y ciudades han fracasado a la hora de tomar las medidas necesarias para proteger a sus habitantes", dijo ayer el mandatario desde el jardín de la Casa Blanca.

Los demócratas se quedan a medio camino, ya que, su ala progresista tiene una postura favorable a las protestas y gobernadores importantes como el de Nueva York, Andrew Cuomo, apoyó las manifestaciones pero el candidato a presidente, Joe Biden, defiende la propiedad privada dañada durante las marchas y apoya tibiamente el motivo de las convocatorias. Además, es un representa de un establishment que es destinatario de críticas de quienes encabezan la rebelión. 

Es posible que los demócratas terminen lamentando el perfil de candidato elegido en un contexto en donde la base de reclamos estructurales crece de manera exponencial. 

Es dificil saber si esto influirá en la elecciones de noviembre, por lo pronto hay un hartazgo manifiesto de parte de los que siguen esperando por el fin de un racismo que se volvió estructural. De esta manera, se combina la respuesta del monopolio de la fuerza del Estado y la población civil armada contra una comunidad que no tiene mas nada que perder en un contexto que se parece mucho al de una guerra civil.

Estados Unidos enfrenta una situación delicada en la cual, la pandemia está dejando como saldo un deterioro de las condiciones de vida de su población en materia de empleo, pobreza y salud en paralelo con protestas de una magnitud no vista desde el asesinato de Martin Luther King en 1968. Resta saber si la mano dura y el discurso autoritario son recursos suficientes para evitar un colapso en el país más importante del planeta.

 

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