Enfoque global

7 de Julio de 2020 07:18

Mercosur en cuarentena

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La cumbre virtual del jueves expuso la falta de rumbo del bloque. ¿Qué podemos esperar?

La última cumbre del Mercosur realizada de forma virtual expuso lo que ya sabemos: no hay proyecto integración que tenga el consenso de los cuatro miembros permanentes. El punto de discordia sigue siendo el de la flexibilización a través de la reforma del Arancel Común Externo (AEC) que facilite acuerdos de libre comercio sin necesidad de reunir el consenso de todos. 

La función del AEC ha sido principalmente la de tener una política arancelaria coordinada para la mayoría de los productos frente a terceros países, favoreciendo el comercio intraregional a expensas de las importaciones provenientes por fuera del bloque. Dentro del sector agrícola argentino, uno de los productos que se ha beneficiado de esta situación ha sido el trigo, que encuentra en el mercado brasileño su principal mercado de exportación; el AEC le brinda un beneficio adicional en relación a otros trigos por fuera del bloque, como es el trigo norteamericano.

Brasil, Paraguay y Uruguay pretenden avanzar hacia una apertura comercial que incluya acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, China y otros países mientras que Argentina tiene reparos ante un impacto que en el sector industrial. 

Este debate no es exclusividad de la coyuntura actual sino que se remonta a tiempos de mayoría de gobierno progresistas en el cual, el gobierno del Frente Amplio de Uruguay coqueteaba con la idea de sumarse a la Alianza del Pacífico para lograr una lógica de comercio menos proteccionista. Esto valió criticas y enojos sin que la sangre llegue al río.

Lo que agrava el presente es la falta de vínculo entre Argentina y Brasil por la mala relación que tiene Alberto Fernández y Jair Bolsonaro. En una región en donde la diplomacia presidencial lo es todo, este vacío pone al Mercosur patas para arriba como quien es arrollado por una ola en medio del mar.

El presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, fue claro en su posición al decir que "el Mercosur tiene que ser pragmático, en movimiento y con vocación aperturista que termine de concretar lo que se comenzó" en relación a los acuerdos de libre comercio con el EFTA. A su vez, esbozó una tenue propuesta al estilo "tercera posición" basada en firmar tratados comerciales bilaterales tanto con Estados Unidos como con China sin detallar impacto de daños o hipótesis de conflicto en un contexto de fuerte disputa entre las dos potencias. 

Argentina resiste en soledad, considera que los acuerdos firmados por Mauricio Macri perjudican la industria nacional y eso afectaría el empleo, ya que, de avanzar muchos de estos tratados de libre comercio en Argentina podría ser más barato comprar un electrodoméstico coreano que uno nacional, un factor positivo para el consumidor pero un certificado de muerte para el asalariado y el empresario industrial. Al mismo tiempo, el objetivo argentino es aumentar las exportaciones y lo que demanda el mercado es materia prima que Argentina puede abastecer. Una encrucijada que pone sobre la mesa la inmediatez de la necesidad de dólares con una mirada de mediano plazo.

La realidad es que desde hace años que hay dos propuestas económicas bien diferentes el seno de la discusión económica argentina y que gravita en el debate regional. Están quienes plantean que tenemos que tener una industria protegida con un mercado cautivo hasta dar el salto tecnológico que nos vuelva competitivos y los que sostiene que es mejor eslabonar industrialmente productos que derivan de ventajas naturales como el litio, el petróleo o la agricultura. Estas dos posturas debaten entre sí de forma cíclica y la gran dificultad de Argentina es que no se termina de elegir ningún camino. 

En el Mercosur hay tres países que eligieron el desarrollo de las ventajas naturales mientras que el restante sigue aferrado a la necesidad de proteger la industria para evitar una reconversión de la estructura productiva que puede generar males mayores

Esta es una postura sensata que se refuerza por el contexto de pandemia que agrega mayor incertidumbre. La administración de Fernandez decidió no abandonar ninguna mesa de negociación y ratificó el sentido de pertenencia del bloque con la certeza de se encuentra en minoría absoluta. 

¿Cuál es el margen de maniobra del gobierno en este contexto altamente desfavorable? Sin capacidad de cambiar la voluntad de sus socios, el presidente tiene dos armas: el vínculo personal y el tiempo. En el primer punto, ante la nula relación con el mandatario de Brasil, lo que queda es trabajar la relación personal con el presidente de Uruguay y su Canciller, quien además es amigo personal de Fernandez para suavizar las posturas. El segundo es mera especulación en torno lo que pasa dentro de la Union Europea con el acuerdo con el Mercosur, en pausa por la postura de Francia y otros países, y prender una vela a un cambio de timón en Brasil 2022.

Fernandez no sólo tiene las de perder en el plano comercial sino tambien en la política, ya que, la inexplicable presencia de la presidente "interina" de Bolivia, Jeanine Añez, expresa una derrota contundente para la postura de quienes condenaron el golpe de estado contra Evo Morales. La única explicación por la que no se aplicó la cláusula democrática para suspender a Bolivia tal como se utilizó con Venezuela en 2016, es la correlación de fuerzas favorable para el régimen boliviano.  Alberto no tuvo más opción que levantarse de su silla a cuando la mandataria hizo de la palabra en una actitud que demuestra impotencia. 

Lacalle Pou habló de no ser ni Mercoptimista ni Mercopesimista sino Mercorealista, y la realidad es que sin definición de rumbo seguimos dando vueltas en círculo. Cómo se tituló el podcast publicado por Resumen del Sur, el Mercosur también está en cuarentena pero mucho antes del 2020, sin horizonte claro ni estrategia de inserción.

En definitiva, lo único que podemos esperar de un bloque que supo dar buenos resultados es que siga existiendo. Por lo pronto, en 6 meses volveremos a discutir lo mismo, tal vez de manera presencial, pero con la presidencia pro-tempere de Uruguay. 

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