Educación

30 de Agosto de 2020 10:29

Una puerta como pizarrón y videollamadas personales: el ingenio de una maestra rural de Mar del Plata

Compartir
Compartí esta nota
Compartir
Compartí esta nota

Susana escribe sus clases en la puerta de su cocina, refuerza sus explicaciones con llamadas individuales y, cuando los chicos no tienen conectividad, les hace llegar la tarea en papel. “No soy la única, estamos todos poniendo el cuerpo para que no se pierda la continuidad”, dice.

 

Desde que se suspendieron las clases presenciales por la pandemia, hace ya 167 días, los docentes debieron recurrir a la tecnología, improvisaron aulas en sus propias casas para garantizar la continuidad pedagógica de los chicos y trabajan en jornadas laborales extendidas, la mayoría de las veces, renunciando al descanso del fin de semana. Sin embargo, la realidad es aún más compleja en las escuelas rurales, en donde la falta de conectividad es mayor y, entonces, los maestros y maestras deben apelar a su máxima creatividad para llegar a sus alumnos. Eso es lo que sucede, por ejemplo, en la escuela secundaria 74 anexo de Paraje Los Ortíz, en Batán, a donde concurren alrededor de 65 estudiantes de entre 12 y 15 años, la mayoría de ellos, hijos de trabajadores de las quintas de la zona. 

Allí Susana Aranguren (59) dicta Ciencias Sociales, taller de ESI, Biología y Fisicoquímica a alrededor de cuarenta adolescentes de entre 13 y 15 años de primero y tercer año del ciclo básico. Si bien al comienzo intentó enviar sus clases a través de plataformas digitales, pronto se dio cuenta de que había un problema: a gran parte de sus alumnos se les dificultaba estar presentes e, incluso, descargar el material audiovisual, no sólo por el consumo de datos de los celulares -casi nadie tiene computadora-, sino también porque en muchos casas el único dispositivo móvil con el que cuenta la familia pertenece a los padres, que durante el día trabajan fuera del hogar. “De hecho, muchos de ellos, que antes estaban ocho horas en la escuela, ahora pasan ese tiempo acompañando a sus padres en las quintas”, dijo. 

Entonces, con imaginación y la ayuda de su hija, también docente pero de jardín de infantes, Susana comenzó a grabar videos de WhatsApp con las explicaciones y ejercicios escritos en la puerta de la cocina y a hacer seguimientos personalizados de cada alumno. Es decir, cuando alguien se demora en contestar alguna consigna, hay dos posibilidades: o no tiene manera de comunicarse o no comprendió la tarea. Así fue que empezó a llamarlos primero, y luego, a realizar videollamadas. “Quiero verlos y que me vean, que sepan que aunque no nos vemos en persona, yo estoy. Me ha pasado de llamarlos y que estén por cenar, así que aprovecho y hablo un poco con toda la familia. A veces no sé si hacemos todos los deberes, pero sí sociales y eso también nos viene bien”, contó, entre risas. Además de los videos, sube el material a un archivo de Drive de la escuela para tratar de comunicarse de todas las formas posibles.

“Química es muy difícil de explicar si no vas sumamente despacio, teniendo en cuenta lo que vimos la clase anterior e incorporando lo nuevo de a poco. Un día, mientras cocinaba, se me ocurrió que podía usar la puerta como pizarrón. Así que empecé a hacer toda la clase ahí mientras mi hija me graba”, señaló la docente que desde 2004 trabaja en esa escuela rural de jornada extendida. También aclaró que no es la única que apela a este tipo de ideas para evitar que los chicos se frustren y se atrasen. “Tengo un compañero que va escribiendo sobre la mesa del comedor mientras se graba, por ejemplo. Estamos todos poniendo el cuerpo y haciendo lo que podemos para que no se pierda la continuidad”, aseguró y explicó que, en el caso de que alguien no pueda acceder de ninguna manera a los trabajos, ella se los envía a través del director y los papás los reciben en papel cuando van a buscar la bolsa con mercadería, una vez al mes. En ese sentido, reflexionó que es clave el trabajo conjunto de todos los docentes de la escuela. “Para ESI, la vez pasada la bibliotecaria se grabó leyendo un cuento con el que íbamos a trabajar. También, nos fijamos en qué formato enviar la tarea para que sea el más fácil de descargar y, al mismo tiempo, intercalamos cortos o videos muy cortitos para puedan ver en pocos minutos”, detalló.  

Aranguren, que además es secretaria adjunta de Suteba General Pueyrredon y le queda menos de un año para jubilarse, se dedica a sus alumnos de manera exclusiva durante varias horas del día, incluso, los fines de semana. Es que si bien ella envía el material a la misma hora en la que comenzaban sus materias, la devolución de los trabajos resueltos no tienen horario fijo: hay quienes lo hacen a la noche, cuando sus padres vuelven de trabajar, o los domingos, el único día que están todos. “Al principio de la cuarentena, cuando creíamos que esto iba a ser por un tiempo corto, notábamos otro entusiasmo, pero ahora vemos que los chicos están cansados y tenemos que tener en cuenta cada contexto en particular. Aparte, yo los extraño y ellos también”, afirmó.

Compartir
Compartí esta nota