Enfoque global

22 de Septiembre de 2020 07:33

ONU: entre la pandemia y un sistema global en crisis

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Antonio Guterres, Secretario General de la ONU.

Las Naciones Unidas desarrolla sus 75 aniversario de forma virtual,  en medio de una pandemia y cargada de conflictos. 

Seguramente te estas enterando en este momento que se está desarrollando la Asamblea General de las Naciones Unidas. No te preocupes, casi toda la población mundial está en la misma. No obstante, la ONU celebrará los 75 años de su creación de una forma muy particular producto de la pandemia, no habrá presencia de mandatarios y los discursos serán grabados.

Además, el organismo enfrenta un mundo cargado de conflictos y divisiones entre los que siguen aferrándose a la idea de construir un proyecto global y los escépticos del multilaterialismo que trabajan para destruirlo. 

Entre los escépticos está el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien pegó el faltazo el primer día para aparece en la segunda jornada  en donde expuso el desinterés que su gobierno ha tenido por la ONU como espacio de discusión y cooperación. Desde el primer momento, Trump puso reparos en el rol de las Naciones Unidas por no tomar un rol más protagónico en su enfrentamiento con China o la tensión con Rusia en el marco de la guerra en Siria

Trump no juega solo el partido contra el globalismo sino que tiene aliados como Jair Bolsonaro que lo escoltan en la tarea de erosionar el espacio de máxima representación soberana de los 190 países reconocidos. 

El lema de la ONU está orientado a pensar soluciones globales para la crisis, una pregunta que gira alrededor de todo el planeta pero termina cayendo en el saco roto de los intereses nacionales y la falta de articulación de los Estados. ¿Existe una voluntad para pensar de forma conjunta una salida de este momento critico? Si observamos al accionar de los países podemos suponer que no. 

De todas formas, como suele ocurrir en cada Asamblea General, las exposiciones serán catalizadores de la crisis mundial y un recipiente común en el cual los gobiernos plantean sus emociones, broncas, pareceres y propuestas que nunca se llevan  a cabo. 

Por encima de los puntos planteados por los presidentes y cancilleres, la ONU insistirá con la agenda ambiental y la necesidad de luchar contra el cambio climático y sus consecuencias. En esta ocasión, se incorpora un elemento de discordia que es la grave situación del Amazonas en donde se cristaliza la interna entre quienes piensan en términos globales y los que se escudan en el nacionalismo.

En términos concretos, el presidente de Francia Emmanuel Macron considera que el Amazonas es un patrimonio de la humanidad y Jair Bolsonaro aclara que es un problema puro y exclusivo de Brasil y los problemas que allí sucedan no es competencia de los países europeos. Bolsonaro estn en el ojo de la tormenta por permitir desmontes en nombre de los agronegocios y no hacer nada para evitar los múltiples incendios. A tal punto este es un problema global que Macron retiró el apoyo al acuerdo Mercosur-Unión Europea por la falta de agenda verde de su par brasileño. 

La ONU fue creada luego de dos guerras mundiales con el objetivo de mantener la paz y seguridad internacional, fomentar relaciones de amistad entre las naciones, lograr la cooperación internacional para solucionar problemas globales y servir de centro que armonice las acciones de las naciones. Sin embargo, con conflictos regionales, polarización, múltiples crisis y un millón de muertos por el coronavirus, la organización internacional mas grande el planeta es testigo de un mundo que se parece más al anterior de su fundación que a aquella tierra de consensos en donde la globalización se pone al servicio del bienestar social.

“La calamidad climática acecha. La biodiversidad está colapsando. La pobreza crece de nuevo. El odio se expande. Las tensiones geopolíticas escalan. Las armas nucleares siguen en una alerta de gatillo sensible. Las tecnologías han abierto nuevas oportunidades, pero también nuevas amenazas. La pandemia de la Covid-19 ha dejado al descubierto las fragilidades del mundo. Solo podemos afrontarlas juntos”, explicó con absoluta precisión el Secretario General, Antonio Guterres, en su discurso de apertura. 

 Un estudio publicado por el diario El País de España reveló que la mayoría de los encuestados considera que lo más importante "es mejorar el acceso a los servicios básicos, como la sanidad o la educación, seguida de la necesidad de mayor solidaridad internacional y un mayor apoyo a los más desfavorecidos".

En ese sentido, al desafío de impedir que el mundo se autodestruya se le agregó que millones de habitantes no cuenta con lo básico para desarrollar su vida. La brecha entre Greta Thumberg y los que no tiene agua corriente se agranda cada vez más tornando como antagónica dos problemáticas que deberían resolverse juntas. 

La realidad es que la ONU no ha podido gravitar en ninguno de los conflictos abiertos en Medio Oriente, Asia Central, América Latina o Europa del Este, ha hecho poco y nada por la crisis migratoria que azota Europa Occidental y el Consejo de Seguridad se convirtió en un empate catastrófico que hizo de la ONU un espacio estéril para la resolución de los grandes problemas. 

Tampoco prosperaron iniciativas como el Fondo de Emergencia para los países afectados por el Covid-19 que algunos líderes mundiales plantearon en el marco del G20. En definitiva, la ONU solo ha sido utilizada para reuniones bilaterales propia de la rosca internacional pero la pandemia también se llevó ese atractivo.

 

“Hicieron falta dos guerras mundiales, millones muertos y los horrores del Holocausto para que los líderes mundiales se comprometieran a la cooperación internacional y al imperio de la ley. Una tercera guerra mundial, que muchos temían, se ha evitado. Ese es un gran logro del que los Estados miembros pueden estar orgullosos, y que debemos todos esforzarnos por preservar”, sostuvo Guterres. Muchos se preguntan, ¿hasta cuándo?. 

El multilaterlismo sigue siendo el camino más lógico para afrontar las problemáticas internacionales pero el choque de proyectos estratégicos internacionales la tiene herida de muerte. La ONU debe ser parte de la solución pero no fue preparada para ese rol, pues, su misión siempre fue mantener la estabilidad global y evitar una guerra tradicional a escala mundial.

El punto es que las diputas mundiales se diversificaron, como sostiene el Papa Francisco en estamos frente una Guerra Mundial fragmentada o nueva Guerra Fría, y el sistema internacional del que la ONU es escudo protector está en crisis y fuertemente cuestionado por tendencias antiglobalistas que cada día adquieren más musculatura. Entonces, el gran interrogante en este aspecto es que hacemos con la ONU si el mundo cambia y los conflictos toman otra velocidad. 

 

 

 

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