El escribiente

25 de Abril de 2021 09:10

Jasón, un héroe demasiado humano

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Jasón marcha en la nave Argos en busca del Vellocino de oro para restaurar el honor de su padre. Conoce a Medea y se enamoran. Juntos vuelven a Tesalia pero no pueden  recuperar el trono. La historia de un héroe que fue demasiado humano para su época.

Un joven de 20 años se acerca por la plaza de Yolcos, reino de Tesalia. Viste una piel de pantera, porta una lanza en cada mano y llevaba puesta solo la sandalia del pie izquierdo.

Dicen que es el hijo desaparecido de Esón. Dicen, también, que está favorecido por la misma Hera, a quien llevó en andas mientras rodeaba el río Anauro. Pierde en aquel trabajo su sandalia, pero se gana el afecto de la diosa. Es así que el joven Jasón cuenta con un pie en este mundo y el otro en el de las divinidades.

Una generación antes que los guerreros de Troya, Pelias le usurpa el trono a su hermano mayor Esón y reina tiránicamente. El usurpador odia a su hermano desde que el oráculo predijo  que: “Un hijo de Esón derribaría del trono al usurpador Pelias”, y que desconfiara de aquellos con un solo pie calzado.

Ese tiempo llegó. El joven Jasón, criado por el propio centauro Quirón en el monte Pelión, viene a restaurar el honor de su padre.

Pelias ve cumplida la profecía del oráculo, pero apela a la escapatoria pidiéndole a Jasón que dé  pruebas de su valor y de su suficiencia para ser rey, realizando la conquista del “Vellocino de oro”. 

El vellocino de oro es la piel del cordero que utilizó la diosa Néfele para transportar  por los aires a Frixo hasta Cólquida y así salvarlo. Al llegar, Frixo sacrifica al animal  y cuelga su piel de lana de oro sobre un árbol, consagrando ese lugar a Ares. Lo custodia un dragón furioso que devora a todos aquellos que se acercan a él. Pero Ares, para entretenerse, permitía que los valientes intentaran tomarlo, con la condición de numerosas riquezas al que lo lograse. Hasta el momento, nadie lo había hecho.

El tirano rey de Yolcos está seguro de que su sobrino no alcanzaría el propósito. Pero Jasón es ambicioso y añora restaurar el honor de su padre. Es así que emprende  lo que será la primera empresa que llevarán adelante los distintos reinos helénicos en forma conjunta. Jóvenes príncipes de todos los rincones de aquel territorio acompañarán a Jasón en la aventura, haciéndolos sentir como un único pueblo.

Los cronistas difieren en la cantidad, por ejemplo, según el poeta Apolonio de Rodas (S.III a.C) eran 55; el mitógrafo Apolodoro de Atenas (S.II a.C) reduce esa cifra a 46 y el tratadista latino Cayo Julio Higino (S.I a.C)  la lleva a 69 miembros. Parece que la inclusión de nombres depende  más del interés del autor en dar prestigio a una ciudad o a una familia, que de la existencia de una tradición local al respecto. Sí se sabe que algunos de ellos eran conocidos héroes: Orfeo, Hércules, Castor y Polux entre otros.

Los que hayan sido a bordo de la nave Argos -que toma su nombre de su constructor, Argos, y que responde a la voz griega argós, que significa veloz, rápido- parten hacia Cólquida.

Su historia se conocerá como las Argonáuticas, un relato de formación que va más allá de la epopeya de viaje que refleja.

En Cólquidas reina el hijo del sol Etes, hermano de Circe. Jasón, recién llegado al lugar, se  presenta ante el Rey y dice: “He venido desde Tesalia para obtener el Vellocino de Oro custodiado en el monte sagrado. Permitidme tal empresa”.

Etes no se niega, pero hace todo lo posible para que Jasón no pueda cumplir su misión. Entonces, decide plantearle una serie de pruebas a cumplir, previo al acceso al árbol donde se halla el Vellocino. Jasón debe: domesticar dos bueyes gigantes que tienen las patas de plata y la boca rebosante de llamas. Después de haberlos domado, los debe atar a un carro y con ellos trabajar un terreno salvaje. Ese campo será sembrado y labrado con dientes del dragón.

De dicha siembra germinarán millares de gigantes  que, apenas salidos, se abalanzarán contra Jasón, quien deberá matarlos a todos. Todo se debía cumplir en un solo día. Lográndolo, podría acceder a la conquista del  Vellocino.

El héroe sabe que la misión es prácticamente  imposible. Pero, fiel a su carácter (no el típico de los héroes violentos y resolutivos, sino el de un personaje que acarrea incertidumbres y que se toma cierto tiempo para pensar la resolución del conflicto) Jasón se sienta frente al mar a pensar. En ese espacio conoce a Medea, la hija del rey Etes. Esta se enamora del héroe y solo quiere ayudarlo para irse juntos de ahí. Entonces le proporciona un ungüento que le dará una fuerza superior para que pueda desarrollar todas las tareas en un solo día.

Jasón logra pasar las pruebas del rey Etes y logra también obtener el Vellocino de oro gracias, una vez más, a un hechizo de Medea. Su nombre viene del termino griego médomai que significa idear o inventar. Sin dudas el carácter de Medea es muy distinto al de Jasón. El de ella es mucho más potente, lo que lleva a que esta historia se diferencie de otras por el novedoso papel activo que adquiere la mujer.

El regreso es largo, con muchas aventuras en el medio. Pero vuelve Jasón a Tesalia. Por supuesto que Pelias, a pesar de su promesa, no quiere entregar el trono usurpado a Jasón. Medea, una vez más, valiéndose de sus mágicas artes, logra que las hijas del tirano corten a su padre en pedazos y lo cocinen en un caldero. Pero de nada sirve ya que Acaste, hijo de Pelias, se hace proclamar rey y destierra a Jasón y Medea a Corinto.

Héroe, para los griegos, implicaba varias condiciones. Así se llamaba a aquellos que sabían escucharse y aceptar las pruebas exigidas, así como no traicionarse nunca a sí mismos, y a todo aquel que era vencedor. ¿Cuál le cabe a Jasón?

Carlos García Gual sostiene: “Jasón no mató al dragón y no alcanzó el trono, hoy en día se reconocería como un héroe banalizado”.

La de los Argonautas es la historia de la primera navegación emprendida por los griegos en busca de riquezas y nuevos lugares para establecerse. Mucho antes de que partieran las 1186 naves que menciona Homero hacia Troya, el Argos ya había surcado el Mar Negro. Y no fue por una guerra, sino para restaurar el honor de un apellido. “En una nave maravillosa surcaron mares nunca antes navegados, atravesaron las pasos infranqueables y llegaron a la tierra sin retorno, que jamás antes conociera la arribada de un semejante tropel de valientes” describe García Gual.

Lo más intrigante del relato de Jasón es que no tiene un final feliz: él no pudo recuperar el reino de su padre y el Vellocino rescatado no le valió de nada. Los amores de Medea y el héroe tuvieron finales trágicos también, pero ninguna de las crónicas que se escribieron después, ni las tragedias conocidas, reflejan estos finales.

Los textos secundarios que narran el final del héroe aseguran que, abandonado por Medea, despojado de sus hijos y exiliado, Jasón anduvo errante por otras regiones de Grecia. Iba sin un destino, nostálgico de los días pasados hasta que decidió regresar al templo de Hera en Corinto. En ese lugar,  algunas voces dicen que se suicidó con su espada, otras que se pasaba largo tiempo sentado junto a los restos de la nave Argos a rumiar su desdicha y pensar si no valía suicidarse con alguna madera de la nave. Hasta que en  uno de esos días, lo que quedaba del palo mayor se soltó y lo mató al caerle encima.

La historia de Jasón y sus Argonautas era una historia conocida en su época (en la Odisea ya  hay una mención a ella). Jasón era un héroe que se mostraba frágil, y sabido es que la antigüedad era una época donde el llorar era un gesto demasiado humano.

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