Opinión

27 de Agosto de 2021 20:36

Manes o Milei

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El autor es politólogo especializado en Comunicación No Verbal (U. Austral) y docente de posgrado (UCA).

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Los candidatos son las sorpresas de estas elecciones. Sin embargo, uno acertó en su estrategia de campaña y el otro no. 

Dos candidatos son la novedad de esta campaña legislativa: Javier Milei en Caba y Facundo Manes en la Provincia de Buenos Aires. Ambos no son políticos, pero uno acertó la estrategia de campaña y el otro no.

Los niveles de rechazo a la clase política, cercanos al 80%, son similares a los de octubre de 2001, cuando se desarrollaron las elecciones legislativas previas al estallido social del 19 y 20 de diciembre. Hace poco se votó en Salta y menos de dos tercios de los votantes participaron del acto eleccionario, quedando en tercer lugar el voto en blanco, trepando por encima del 12%. Números que calcan en el presente los arrojados veinte años atrás.

Se está disputando el framing de las Paso, contienda legislativa que se substanciará el 12 de septiembre, y que encuadrará también las elecciones generales del 14 de noviembre próximo. El framing, concepto tan caro a los especialistas en estrategias de campaña, es más importante de lo que los políticos profesionales creen. Surge de estudios de opinión pública y condiciona la estrategia discursiva de toda una campaña, al punto de que, si está errado, toda la campaña lo estará, y si es certero, el resultado electoral será positivo.

Si imaginamos el posicionamiento de los candidatos en estas elecciones como círculos concéntricos del sistema político, en el último anillo encontramos a Javier Milei, un referente de la antipolítica; más hacia el centro a Facundo Manes, un candidato de la no-política; y en el centro mismo a los representantes de la política, tanto de Juntos como del Frente de Todos.

Los candidatos de la política intentan imponer un framing, es decir, un encuadre, de polarización Frente de Todos vs Juntos. Así, la candidata del FdT en la PBA menciona a Macri una veintena de veces cada vez que acude a un programa televisivo; y de la misma manera, los candidatos de Juntos sostienen que el actual oficialismo nacional es el causante de las diez plagas de Egipto. Por otra parte, los candidatos novedosos deben imponer un framing distinto, si quieren romper la grieta.

Facundo Manes está haciendo una campaña que se pierde en esa grieta, con el slogan “dar el paso” como proyección de algo nuevo, anodino para un candidato de la no-política, demasiado cercano a ese centro del sistema político que se retroalimenta en polarizaciones que a esta altura son contraprestaciones de poder. Quizá su incorporación al radicalismo lo haya empujado hacia ese centro del sistema político, sacándolo de la no-política y metiéndolo en un lugar que electoralmente no lo favorece.

Javier Milei propone un “ellos contra nosotros”, dejando en claro que el framing de esta campaña debe ser el de la polarización entre “ellos”, o sea, la “casta política”, versus los ciudadanos de a pie, un “nosotros” que lo incluye a él en esa primera persona del plural. Es un encuadre mucho más efectivo, teniendo en cuenta el nivel de rechazo a la clase política que se observa en el presente. Si el paso que quiere dar Manes se da con un pie, ese pie lo quiere usar Milei para dárselo en el trasero a los políticos. Mientras el no-político quiere “dar el paso”, el antipolítico quiere sacar a los políticos a patadas en el traste. Son dos formas de usar un mismo pie.

La realidad es que las campañas no son loterías, se estudia mucho para entender la red motivacional del voto, y la instancia más importante de toda campaña electoral es la planificación estratégica, pues se traza al inicio e incluye la disputa del framing.

En el mundo del análisis y el marketing político no hay gurúes; hay estrategia, estudio y método, como en el bilardismo. Tampoco hay encuestas que acierten cuando contradicen la red motivacional del voto. Por eso Manes equivocó la estrategia y va a ser derrotado por Santilli, cuando podría haber ganado; y por eso mismo Milei va a perforar la barrera de los dos dígitos en las elecciones del 12 de septiembre, cuando las encuestas le daban 6 puntos hace apenas un mes. Porque en una contienda en la que predomina la incertidumbre, la única certeza es que la valencia de rechazo a la clase política es hoy determinante.

 

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