Guillermo Yanícola, o aquel que revolucionó el teatro desde el teatro mismo

Ayer comenzó la 6ta edición del Festival de Teatro Independiente “Guille Yanícola”. Sin dudas, fue la mejor forma de homenajear al actor y director marplatense que revolucionó el mundo de la dramaturgia. ¿Quién fue Guillermo Yanícola?

2 de Septiembre de 2023 16:33

Cuentan que se acercó al teatro mientras hacía música para una obra. Participaba de los ensayos para apropiarse de la obra y componer su música, cuando el director los hizo improvisar, incluso a él. Nunca más pudo salirse de ese mundo. No solo no pudo salir, lo cambió, lo revolucionó desde su arte.

Le gustaba nombrarse Yaníckolson. Fue músico, actor, dramaturgo, director y formó a toda una generación de artistas: Guillermo Carlos Yanícola fue un autodidacta que nunca desistió de formarse. Dejó una obra con las raíces bien marcadas en el teatro independiente en cuanto al riesgo, la experimentación y el compromiso ético con la obra artística.

“Guille” Yanícola nació en Capital Federal el 1 de septiembre de 1966. A los diez años se trasladó a Mar del Plata, donde desarrolló toda su obra y su pensamiento.

Su primer espectáculo se llamó Los zapallos golondrinas, acompañado por Guillermo “Totó” Castiñeiras y Cecilia Leonardi. Pero la primera obra en la que participó, en el año 1988, es Jaque de Blanca Caraccia, donde realizó la música original. Luego llegaría La carretilla, también dirigida por Blanca Caraccia, de la que es autor y protagonista (1989).

Comenzaba una carrera que no dejaría igual al teatro marplatense, ni al teatro en general.

Ya en la década de los '90, Yanícola comenzaba a mostrarse como uno de los renovadores de la dramaturgia en la escena local. Sigue estudiando, preparándose y leyendo. Aprende acrobacia y técnicas circenses con el grupo australiano Stalkers y continúa creando una obra descomunal, de la que podríamos mencionar como inicio a Floresta, reunión de cosas agradables y de buen gusto, la que es considerada por el autor como su “segundo inicio”.

Pensó su vida alrededor del teatro. Para y por el teatro. Aquellos que lo conocieron y trabajaron con él, lo argumentan con entusiasmo y sentimiento al recordarlo hoy. Yanícola hacía. Pensaba, escribía y hacía. Donde metía mano se transformaba. Por eso nunca dejó de formarse. Comenzó con los talleres de Blanca Caraccia, Renzo Casali y Totó Castiñeiras. Para completar su formación como clown buscó experiencias de aprendizaje junto a maestros como Cristina Moreira y Gabriel Chamé Buendía. Luego fue por los talleres de dramaturgia de Daniel Lambertini, Kartún o Adrián Canale. Todo lo que aprendía lo volcaba en sus obras, en sus clases. Era un gran lector. Uno muy activo (distintas fuentes aseguran que, a Shakespeare, lo releyó una y mil veces).

Yanícola provocaba correr límites. Salir del conformismo. Su dramaturgia, su arte, su mirada, todo él fue disruptivo. Asumió riesgos que lo llevaron a correr esos límites impuestos. Cada obra, cada puesta, cada idea suya, fue un paso más allá de todo: de la dramaturgia, del actor, de la puesta, del espectador y del arte mismo. “Hacer teatro en serio”, como decía, era un compromiso con la ética artística.

Pero, ¿qué es hacer teatro en serio? “Yanícola -cuenta Milena Bracciale Escalada-, alguna vez escribió en su facebook personal, algo titulado Lo serio y lo solemne. Allí lo explicita: el teatro serio es serio a fuerza de desparpajo, libertad, humor, creatividad y buena factura dramática. El teatro solemne edifica una máscara de seriedad en base a la solemnidad. Precisamente porque carece de desparpajo, libertad, humor, creatividad y buena factura dramática. (…) El teatro serio es el que está seriamente hecho. (…) Nada más serio que reírse de la solemnidad. Porque la solemnidad es tomarse demasiado en serio, darse demasiada importancia. Y eso no es serio. La seriedad bien entendida consiste en ser serio teatralmente no dependiendo del estilo o género de la obra, entregando todo en los ensayos y en la cancha. Yendo hasta las últimas consecuencias con la búsqueda, con la creación, con el juego. No jugar a medias, como decía Pavlovsky”.

¿Había una poética Yanícola? Milena Bracciale Escalada habla sobre la existencia de consignas internas que sirven para un solo proceso, “no son metódicas, sino que, una vez finalizado el proceso en cuestión, se eliminan y se crean otras nuevas”, sostiene. Guillermo diría que, “cada trabajo viene con su propio instructivo, que uno tiene que descubrir”.

Bracciale agrega: “Desde este punto de vista, una primera marca distintiva de su producción es la diversidad. Ya señalamos el humor, el desparpajo, la experimentación, los localismos y el riesgo como claves de interpretación de su poética. Hay que agregar la irreverencia en la lectura y adaptación de los clásicos, que surge como consecuencia de atraerlos a la territorialidad de lxs nuevxs espectadorxs y productorxs. En ese sentido, siempre fue un activo lector, capaz de captar la esencia significativa del texto fuente y hacerla estallar en escena junto con infinidad de otros componentes”.

Muchos coinciden en que La bella dispersione, estrenada a fines de 2015 y ganadora del premio Estrella de Mar al mejor espectáculo alternativo de la temporada 2016, es el mejor ejemplo de su poética.

En esa obra, Yanícola dice: “Cuando yo me muera analicen mi obra, repártanse las regalías, adjudíquenme las deudas ¿Quién es el personaje de quién? Somos cuatro o cinco idiotas hablándole a las cosas que ya no están”.

Guillermo Yanícola falleció en Mar del Plata el día de su cumpleaños, el 1 de septiembre de 2019, después de años de sufrir una enfermedad. Fue una triste noticia. Fue temprana su partida. Tenía 53 años.

Dejó más de 20 obras y participó, directa e indirectamente, de muchas tantas más. Podemos hacer listados, casi sin sentido: La gracia musical (espectáculo infantil realizado junto a Andrea Porcel, que combinó la música y el clown), Floresta, reunión de cosas agradables y de buen gusto, Disparate, Los fines, Ubú Un beso único, Mataderos, Los que están sentados, Fausto y la sed, Mar de Troya, La bella dispersione, además de haber formado parte como guitarrista de La banda de los ausentes, del dúo musical Alma Das Pampas y de La Música y los buscadores de sí, de Mario Corradini.

Toda su vida fue un hacer. Era su marca. en el teatro y en la docencia. Siempre en la desmesura y en el riesgo.

“Su partida es injusta, temprana, cruel. Nos duele. Sabemos que tenía muchos proyectos y mucho más para dar. Deja un irremplazable vacío. Y Mar del Plata lo demostró, con la infinidad de manifestaciones que hubo al respecto. Pero es necesario que aprehendamos, con h, sus enseñanzas y sigamos corriendo límites. Como nos enseñó, lo despedimos con una sonrisa, triste, pero sonrisa al fin, recordando los versos de su entrañable canción No te pongas tan mística: ‘No todo es motivo para deprimirse, si al fin caíste en la cuenta de que un día morirás, pensá que al menos eso no va a repetirse’, escribió Milena Bracciale Escalada.

Su último proyecto fue una conjunción de siete obras, siete experiencias diferentes sobre el espacio. Pero solo llegó a estrenar tres: Festival Salvatti, Los cinco grandes del malhumor y Actores extranjeros. Candela Chirino trabajó en muchas oportunidades con Yanícola. De esta última obra recuerda: “En esa última obra, él ya sabía que se estaba muriendo y nos engañó a todos, porque era muy buen actor. No nos dimos cuenta de que estaba tan grave, nos engañó a todos. En esa última obra él termina hablando sobre la muerte y fue tremendo. Yo estuve todo un verano haciendo el duelo, llorando en todas las funciones. En el Festival de este año se presenta de nuevo Actores extranjeros. Está tan vivo él ahí. En esa última trabajamos juntos haciendo el vestuario y la escenografía, yo lo veo tan vivo en esa obra. Se lo extraña mucho”.

Candela Chirino se refiere a la nueva edición del Festival Guille Yanícola. Festival de teatro independiente que, luego de su muerte, tomó su nombre. Impulsado por su familia, amigos, amigas y colegas, el festival busca visibilizar y mantener viva toda su obra. Desde ese 1 de septiembre de 2019, el festival adoptó esos primeros días del mes para homenajearlo junto con la actividad del Proyecto Yanícola.

Guillermo Yanícola, aquel que revolucionó el teatro en y desde Mar del Plata. El que colocaba carteles y grafittis sobre sus obras para que “el teatro salga a la calle y deje huellas”, el que hizo teatro en su propia casa, con él como personaje o como dramaturgo, el que hizo teatro en sitios inesperados para que accediéramos al teatro y lo pensáramos y miráramos desde otro lado. Guillermo Yanícola, el que alguna vez escribió: “Hoy más que nunca hacer teatro es un acto de resistencia, crear belleza un acto vindicatorio ante la necedad, la superficialidad, la pereza, la desazón, la ignominia, la injusticia, la miseria, ante la pauperización programada del cuerpo, la mente y el espíritu, ante la pobreza sistémica hacer teatro, crear belleza es un síntoma de rebeldía, una puesta en manifiesto, una toma de posición, un asentamiento, un no consentimiento, un no permitir que todo siga siendo tan horrible, un no dejarse vencer por los que nos quieren vencidos, un grito de retruco y vale cuatro a tanta muerte”.

Guille Yanícola sigue hablándonos, pero no al oído. Más bien, con gritos profundos.

 

*Esta nota no hubiese sido posible sin el material y acompañamiento de Milena Bracciale Escalada.