El Estadio Bristol, la cuna del boxeo marplatense que rivalizó directamente con el Luna Park

El Estadio Bristol, inaugurado el 9 de febrero de 1946, se erigió como el epicentro del pugilismo en el interior de Argentina. Durante 25 años, su lona fue testigo de duelos épicos y vio brillar a figuras legendarias como Pascual Pérez, Carlos Monzón, Nicolino Locche y Oscar “Cachín” Díaz. Más que un simple ring, el Bristol se convirtió en un espacio mítico que definió una era para el boxeo nacional y para la memoria colectiva de los marplatenses.

El Estadio Bristol: Un lugar que sería guardado para siempre en la memoria y el corazón de los amantes del boxeo.

31 de Agosto de 2025 10:19

El 9 de febrero de 1946, en Mar del Plata, se inauguró el Estadio Bristol. Con su primer campanazo, se selló un nuevo epicentro pugilístico en el interior de Argentina, listo para cobijar noches de combates inolvidables para miles de aficionados.

El Bristol se alzó sobre la Avenida Luro al 3500, entre las calles España y Jujuy, sobre antiguos talleres de tranvías eléctricos. Contaba con dos tribunas Especial (A y B), un gimnasio, cabinas de transmisión y populares que daban hacia la Avenida Luro y hacia la calle 25 de Mayo. Las cabinas de prensa se instalaban sobre Jujuy y desde allí se narraba cada uno de los estimulantes rounds.

La sociedad propietaria, Estadio Bristol, Rubio y Cía., invirtió medio millón de pesos y destinó casi 4500 m² a un coliseo capaz de albergar entre 5000 y, según algunas versiones, 8000 espectadores. El promotor Juan Pathenay impulsó, desde el primer día, su perfil de rival directo del Luna Park porteño.

El Estadio Bristol fue parte viva del boxeo marplatense y de todo el país. En su lona brillaron Cucusa Bruno, Horacio Saldaño, Tito Yanni, Víctor Salazar, Oscar “Cachín” Díaz y Kid “Cachetada”, además del gran Pascual Pérez cuando lucía la corona mundial. Junto a ellos, los aspirantes a la gloria Carlos Monzón y Nicolino Locche forjaron sus puños rumbo al título. Durante veinticinco años, lo mejor del boxeo argentino, así como destacadas figuras extranjeras, colmaron sus gradas.

Fachada de ingreso al Estadio Bristol.

Primer round: héroes locales

La primera pelea profesional coronó a Juan “Tanito” Aguafreda, zurdo categoría pluma, tras superar a José Nicolosi por decisión del jurado. Pero esa primera noche también combatieron glorias marplatenses: Antonio Cuevas, por ejemplo, quien acumuló 77 actuaciones desde la inauguración hasta el cierre del lugar, enfrentó a todos los medianos de la época. Con sus guantes y los de Tito Yanni, Dante Pereira, Ubaldo Pereyra, Andrés Selpa o Rafael Merentino, sentaron las bases de la crónica boxística local.

Cada miércoles y sábado, con dos veladas por día, el ring agotaba entradas y dejaba a más de un aspirante con las ganas intactas de subirse a él.

Títulos y veladas históricas

En 1956, el correntino Antonio “Toscanito” Gómez tumbó con un gancho demoledor al campeón mundial mosca Pascual Pérez, sin atreverse a rematarlo con un KO, pero lo que le valió para entrar en la historia del boxeo.

Cada miércoles y sábado, con dos veladas por día, el ring agotaba entradas.

El 25 de mayo de 1957, el Bristol vivió su noche cumbre: en una sola cartelera se disputaron el título argentino y el sudamericano de los medianos. El aspirante marplatense Ubaldo Francisco Sacco, padre de “Uby” Sacco, y el defensor Andrés “Cacique” Selpa pusieron en juego el cetro bajo la transmisión radial de Dante Fioravanti, llevando el combate a todo el país. Según las crónicas, Sacco controló la mayor parte del combate con un manejo de la técnica envidiable y con distancia. Pero en el último round, Selpa lo llevó a la lona tres veces y ganó por nocaut.

Y más adelante, en abril de 1963, Raúl Santos Villalba le quitó el invicto a Abel Laudonio con dos zurdazos que estremecieron el ring.

Valen solo algunos ejemplos para que, por ellos, y otros desenlaces inesperados, le valieron al Bristol el apodo de “El ring de las sorpresas”.

El mítico Estadio Bristol de Mar del Plata.

Gigantes en el ring

Sobre el cuadrilátero del Bristol se libraron combates legendarios que quedaron grabados en la historia del boxeo. Uno de los más memorables fue el duelo entre Nicolino Locche y Aníbal “El Jabalí” Di Lella, el 10 de diciembre de 1968. La pelea, cargada de pasión y orgullo marplatense, mantuvo al público al borde del asiento, aunque el fallo del jurado no favoreció al ídolo local.

También se dieron cruces feroces como el de Oscar Bonavena y José Saro Giorgetti, la sorprendente derrota de Rafael Merentino a manos del mendocino Rafael Miranda, que quebró su racha invicta.

Muchos recuerdan los pasos firmes hacia la corona mundial de Carlos Monzón y Horacio Enrique Accavallo, entregados a un coraje sin concesión. O la presencia del campeón mundial de los pluma Sabdy Saddler, así como la del español Fred Galiana que enfrentó al peruano Julio Febres en una velada que todos recuerdan.

Cada enfrentamiento dejó grabado el estruendo de los puños, el sudor salado y unas gradas al borde del delirio.

Bonavena vs. Giorgetti en el Estadio Bristol y una pelea con mucha polémica.

Más allá del boxeo

Pero no todo era boxeo para el Bristol. Este también demostró su versatilidad al recibir bailes, carnavales y espectáculos que también llenaban sus gradas, como en 1952, cuando los Harlem Globe Trotters convirtieron el ring en una pista de malabarismos de básquet.

Los Harlem Globe Trotters convirtieron el ring en una pista de malabarismos de básquet.

El último campanazo

En abril de 1972, con una pelea a diez rounds, Avenamar Peralta y el santafecino Roberto Aguilar protagonizaron la última velada oficial. El ring se despidió con un duelo intenso y la sospecha de un final de era que se avecinaba.

Hoy, la manzana delimitada por Luro, 25 de Mayo, Jujuy y España permanece en silencio. Bajo sus 4100 m² de asfalto descansan los antiguos graderíos, el ring y las ovaciones que alguna vez la hicieron vibrar. Aunque el bullicio se ha apagado, las historias siguen latiendo bajo la superficie. Quienes asistieron al último encuentro entre Peralta y Aguilar no sabían que estaban presenciando el fin, la última pelea: esos campanazos y golpes serían los últimos del Bristol. Tampoco imaginaban que presenciaban el nacimiento de un espacio mítico y fundacional para Mar del Plata. Un lugar que sería guardado para siempre en la memoria y el corazón de los amantes del boxeo.