Jorge Malatini y el secreto de las acrobacias aéreas que sorprenden cada verano: "Es de alto riesgo"

Referente de los festivales aéreos y de los vuelos acrobáticos que sorprenden cada verano en la costa atlántica, Jorge Malatini habla sobre el entrenamiento, la concentración y el trabajo en equipo detrás de cada maniobra, y explica por qué volar al límite no es una cuestión de miedo, sino de preparación y precisión.

17 de Enero de 2026 13:30

Por Redacción 0223

PARA 0223

Jorge Malatini es uno de los pilotos acrobáticos más reconocidos del país y un nombre habitual de los veranos en la costa atlántica. Desde hace años, su figura está asociada a exhibiciones aéreas que combinan precisión, destreza y espectáculo, convirtiéndose en un clásico para quienes disfrutan de la playa y levantan la vista para verlo dibujar maniobras extremas en el cielo. Su presencia forma parte del ADN del verano en ciudades como Mar del Plata, donde su avión suele ser protagonista de jornadas inolvidables.

En declaraciones a 0223, el piloto dejó en claro que el miedo no es un factor que condicione su trabajo. “El miedo aparecería si improvisara o si no estuviera entrenado, cosa que nunca hago”, explicó. Para Malatini, cada vuelo es el resultado de una preparación rigurosa y de una planificación minuciosa que no deja margen para la improvisación.

Lejos de la imagen romántica de la adrenalina permanente, el piloto detalló que su concentración es absoluta durante las maniobras. “No me doy cuenta de la adrenalina porque estoy todo el tiempo concentrado. El desgaste no es solo físico, también es mental”, señaló, y remarcó que cada movimiento se ejecuta cuidando márgenes de seguridad para él, el avión y el público, al que nunca sobrevuela directamente.

Malatini también se encargó de desmitificar la idea de que la acrobacia aérea sea peligrosa en sí misma. “No es peligrosa, es de alto riesgo”, aclaró, marcando la diferencia entre imprudencia y disciplina. En ese sentido, subrayó que el trabajo no es individual: detrás de cada vuelo hay un equipo técnico, mecánicos, asistentes y una logística que resulta clave para minimizar errores.

Finalmente, el piloto destacó que los aplausos que recibe tras cada exhibición no le pertenecen solo a él. “Son parte de todo el equipo”, afirmó. Así, cada presentación aérea se convierte no solo en un espectáculo para el público, sino también en la culminación de un trabajo colectivo que, año tras año, sigue emocionando a quienes miran al cielo desde la arena.