“Es difícil competir con la calle”: el desafío de los clubes de barrio para contener a los chicos
En un contexto de crisis económica y social, los clubes de barrio cumplen un rol que va mucho más allá del deporte: brindan contención, educación y acompañamiento a niños y adolescentes. Pero sostener estos espacios es cada vez más difícil ante la falta de recursos y se desgasta el esfuerzo de quienes los mantienen en pie.
En un contexto social y económico cada vez más complejo, los clubes de barrio cumplen un rol que va mucho más allá de la práctica deportiva. Son espacios de encuentro, contención y formación para niños y adolescentes que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y, en muchos casos, representan una alternativa concreta frente a la calle, la falta de oportunidades y las dificultades familiares.
El Club Roque Dalton Cultural y Deportivo, ubicado en avenida Della Paolera (ex 180) Nº 1692, es uno de esos espacios. Su referente, Lucas Narbais, dialogó con 0223 y repasó el trabajo que realizan diariamente para acompañar a más de un centenar de chicos y chicas.
Narbais explicó que el club se sostiene a partir de una combinación de convicciones, trabajo comunitario y esfuerzo voluntario. “Los clubes de barrio, contemporáneos al menos, encuentran su piedra fundacional sobre todo en las convicciones”, señaló, y destacó que en el caso del Roque Dalton esas convicciones están atravesadas por “una alta carga ideológica”.
Pero esas ideas, remarcó, necesitan de un trabajo concreto para transformarse en actividades y espacios de contención. “Materialmente hablando, se construye con la suma de pequeños esfuerzos, como lo fuimos haciendo y como lo seguimos haciendo, con mucho trabajo, con mucha gestión y, sobre todo, con ese trabajo desinteresado de cada uno de los compañeros y compañeras que forman parte del espacio”, sostuvo.
El objetivo, explicó, es ofrecer una propuesta que exceda ampliamente al deporte. “Siempre bregamos por brindar un acompañamiento integral con deporte, con educación, con cultura”, afirmó.
Por eso, el club cuenta con fútbol, ajedrez y apoyo escolar, entre otras actividades. “Para ser un club transformador, tenemos que acompañar integralmente a los chicos”, resumió.
Mucho más que sacar a los chicos de la calle
Uno de los conceptos históricamente asociados a los clubes de barrio es el de “sacar a los chicos de la calle”. Para Narbais, esa definición continúa teniendo vigencia, aunque debe ser revisada a partir de la realidad actual.
“Parcialmente sabemos que es una verdad que el club saca a los chicos de la calle”, reconoció. En ese sentido, puso como ejemplo el trabajo que realizan con el fútbol: “Tenemos más de 100 chicos en el fútbol, que tienen por lo menos dos horas los martes de entrenamiento, dos horas los jueves y una jornada de domingo jugando, compitiendo. Entonces es tiempo que el pibe no está expuesto”, explicó.
Sin embargo, advirtió que la realidad social hace cada vez más difícil que los clubes puedan funcionar como una respuesta suficiente frente a las problemáticas que atraviesan los jóvenes. “Con la escasez de posibilidades, con lo difícil que se le va poniendo a los chicos, la carencia total de herramientas, de posibilidades, es difícil competir con la calle”, sostuvo.
En particular, señaló que muchos adolescentes deben comenzar a trabajar a edades tempranas. “A los 16, 17 años no podés decirle ‘dedicate a entrenar y nada más’ o ‘dedicate a jugar al ajedrez y nada más’”, planteó.
Por eso, consideró necesario repensar el rol de estas instituciones y, fundamentalmente, las condiciones sociales que las rodean. “Los clubes no sacan del todo a los pibes de la calle. Creo que nos exige repensar y reconstruir, sobre todo, la cuestión social y económica de la sociedad en la que vivimos”, afirmó.
Violencia, falta de oportunidades y necesidades básicas
La vulnerabilidad con la que llegan muchos de los chicos al club tampoco se limita a una cuestión económica. Narbais describió un escenario atravesado por distintas problemáticas familiares y sociales. “Abordamos casos de falta de oportunidades, casos de violencia intrafamiliar, de falta de contención familiar y situaciones económicas complejas”, detalló.
Frente a esa realidad, la institución busca ofrecer respuestas desde distintos ámbitos. “Tratamos de brindar esto que tiene que ver con lo educativo, lo cultural, lo deportivo, y además siempre estar atentos a lo que es la ayuda humanitaria”, explicó.
Incluso cuestiones básicas como la alimentación forman parte del acompañamiento. “En el fútbol está garantizado, antes de ir a competir, que los pibes puedan desayunar, para asegurarnos de que vayan a competir en el estado que lo tiene que hacer un joven”, contó.
Para el referente, una de las principales causas que llevan a los adolescentes a abandonar estos espacios "es que tienen que trabajar, muchos se van a hacer changas”, señaló.
A eso se suman “la exposición a las adicciones o la falta de acompañamiento familiar”, factores que, según Narbais, complejizan todavía más la tarea de los clubes.
El desfinanciamiento también golpea a quienes sostienen los clubes
La crisis no solamente repercute sobre los chicos que concurren a las instituciones. También afecta directamente a quienes, de manera voluntaria, dedican tiempo y esfuerzo para mantenerlas abiertas.
“El desfinanciamiento en el funcionamiento impacta de lleno porque te vas desgastando, estás todo el tiempo luchándola, gestionando”, afirmó Narbais.
En ese sentido, puso el foco en las dificultades que atraviesan los propios voluntarios. “Más allá del desfinanciamiento estatal que pueda haber, si la gente que compone el club, la gente que es el motor del club, se encuentra en una situación estable, con una situación laboral estable y socioeconómica estable, lo tiene más activo, más disponible en lo que es el club”, explicó.
Por eso, consideró que el problema no debe analizarse solamente desde cuánto dinero recibe una institución, sino también desde las condiciones de vida de quienes la sostienen. “Estamos en un momento de mucho desgano, de desánimo sobre todo, entonces eso cuesta incluso más que el desfinanciamiento en el funcionamiento del club”, sostuvo.
Reclaman políticas que permitan sostener estos espacios
El Roque Dalton nació en 2018 y desde sus comienzos aprendió a sostenerse fundamentalmente a partir de la organización interna y el esfuerzo de sus integrantes. “Ya está en el ADN del club depender pura y exclusivamente de la fuerza interna”, aseguró.
Sin embargo, advirtió que esa capacidad tiene límites y que los problemas económicos de quienes forman parte de las instituciones terminan debilitando el funcionamiento general. “Lo que más nos preocupa hoy es el deterioro de esas personas que componen, que constituyen la fuerza interna”, afirmó.
Narbais reconoció que, ante la actual coyuntura, “se caería de iluso si pide un financiamiento estatal”, pero consideró que existen otras medidas concretas que podrían significar un alivio importante para las instituciones.
Entre los reclamos aparece una cuestión tan básica como el costo de los servicios. El referente explicó que el club debe afrontar tarifas que, en algunos casos, se calculan como si se tratara de un comercio.
“Nosotros, por ejemplo, en nuestra sede nos cobran algunos servicios como si fuera un local comercial y eso nos desgasta, nos quita recursos, nos quita la posibilidad de reinvertir ese dinero en los chicos”, cuestionó.
Por eso, planteó la necesidad de reconocer la función social que cumplen estas instituciones y establecer mecanismos de acompañamiento que les permitan destinar sus recursos a las actividades que realizan con niños y adolescentes. “Replantearnos la importancia de tener estos espacios para que sigan funcionando”, pidió.
La idea es evitar que quienes trabajan voluntariamente en los clubes tengan que dedicar buena parte de su tiempo a conseguir dinero para afrontar gastos básicos. “Que la gente que labura para estos espacios, los militantes, los voluntarios, no se los desgaste juntando para apagar la luz y el gas o el agua, y que puedan brindarse en plenitud para lo que son las tareas y las actividades que llegan directamente a los chicos”, concluyó.
Así, en medio de una realidad social que presenta cada vez más dificultades para niños y adolescentes, los clubes de barrio aparecen como una red de contención que excede ampliamente el deporte. Son lugares donde se construyen vínculos, se acompaña la escolaridad, se garantiza una actividad cotidiana y, en muchos casos, se ofrece una alternativa frente a situaciones de violencia, adicciones, abandono y falta de oportunidades. Para quienes los sostienen, reconocer esa función social también implica discutir cómo garantizar que puedan seguir existiendo.
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