El imperio de Mar del Plata que duró tres años y terminó arruinado por el viento y los mosquitos
El predio se ubicaba en la intersección de las calles Aragón y Jovellanos, a metros de la Avenida Constitución.
Por Redacción 0223
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El primer autocine de Mar del Plata se inauguró para la temporada de verano de 1969 por iniciativa de un grupo de empresarios que buscaron replicar el formato de los drive-in estadounidenses en la costa argentina. El predio se ubicaba en la intersección de las calles Aragón y Jovellanos, a metros de la Avenida Constitución, en una zona actualmente ocupada por concesionarias de vehículos. El complejo contaba con una pantalla de 20 metros de ancho por 15 metros de alto y una capacidad máxima para 200 automóviles.
Cómo fue el autocine de Mar del Plata
El diseño del terreno requirió trabajos de ingeniería específicos para construir rampas arqueadas con inclinación transversal: la elevación en la superficie permitía que las ruedas delanteras de modelos clásicos como el Ford Falcon, el Fiat 600 o el Torino quedaran levantadas, garantizando la visibilidad del parabrisas hacia la pantalla. La transmisión de audio se realizaba mediante columnas distribuidas por el predio donde los espectadores colgaban un parlante individual en la ventanilla, sumado a un servicio de buffet que entregaba pedidos directamente a los coches.
A pesar de la novedad y el precio accesible de las entradas fijado en 352 pesos de la época, la propuesta comercial enfrentó severas dificultades operativas por los condicionantes climáticos de la ciudad. La necesidad de mantener las ventanillas entreabiertas para sostener el sistema de sonido exponía a los asistentes al frío costero, las ráfagas de viento y las plagas de mosquitos durante las noches cálidas. Asimismo, la presencia recurrente de niebla marina interfería la proyección del haz de luz hacia la pantalla, imposibilitando la visualización de los filmes.
La experiencia que se replicó en la pandemia
La combinación de los problemas técnicos con la imposibilidad de sostener la estructura durante los meses de invierno provocó el cierre definitivo del establecimiento en 1972, tras tres años de actividad. Casi 50 años después, las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia de COVID-19 impulsaron un retorno temporal del formato entre 2020 y 2021 en predios como el AutoEstadio o el Club Once Unidos. Esta reaparición incorporó tecnología moderna como la sintonización del audio por frecuencia FM y proyecciones láser para sortear las limitaciones históricas.
El reinicio del servicio durante la emergencia sanitaria incluyó la implementación de pedidos gastronómicos digitales mediante códigos QR y mensajería instantánea. Los predios acondicionados albergaron además recitales en vivo, eventos culturales y propuestas nocturnas que adaptaron el entretenimiento al interior de los vehículos. El histórico emprendimiento de 1969 permanece en la memoria colectiva local como una experiencia pionera de la industria del esparcimiento en la Costa Atlántica.
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