¿Mar del Plata se puede quedar sin playa?: estudio oficial advierte por el retroceso de la costa
Un informe provincial estimó una pérdida de playa de alrededor de 0,5 metros por año en General Pueyrredon, como consecuencia de la acción marina, las tormentas y el aumento del nivel del mar. Aunque se llevan adelante intervenciones para contener la erosión y preservar los sectores turísticos, el diagnóstico vuelve a encender una alerta sobre el futuro del frente costero.
Por Redacción 0223
PARA 0223
Un informe del Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires advirtió sobre el deterioro de los ambientes costeros de General Pueyrredon y puso el foco en los procesos erosivos que afectan a distintos sectores del distrito. Entre los datos más relevantes, el documento recoge estimaciones de estudios previos que señalan pérdidas de playa del orden de los 0,5 metros por año, en un escenario condicionado por la acción del mar, la recurrencia de tormentas y el aumento relativo del nivel del mar.
El trabajo "Informe del estado de los ambientes costeros de la Provincia de Buenos Aires" forma parte de un diagnóstico sobre el estado de los ambientes costeros de 19 municipios bonaerenses, desde Magdalena hasta Coronel Rosales. En el caso de General Pueyrredon, se relevaron diez puntos de su litoral, que integra la denominada Costa Acantilada Bonaerense, una región caracterizada por acantilados expuestos y activos, pequeñas playas y una elevada energía del oleaje proveniente del Atlántico Sur.
Uno de los resultados más preocupantes surge de la evaluación de las condiciones geomorfológicas y la dinámica costera: nueve de los diez puntos relevados presentan indicadores en rojo, la categoría que representa el estado de conservación más bajo y advierte sobre procesos erosivos de alto impacto, capaces de comprometer incluso las infraestructuras cercanas a la costa. Además, siete puntos registraron en rojo la incidencia de las presiones antrópicas, vinculadas con las actividades humanas.
El informe también determinó que el grado de conservación promedio de los parámetros físicos y ambientales alcanza el 47%, un indicador que el documento interpreta como una señal de degradación costera alta en casi todos los sitios analizados. La pérdida de playa activa después de las tormentas y la disminución del ancho efectivo de los sectores de arena aparecen como fenómenos recurrentes, especialmente en las áreas urbanas centrales y en las playas sometidas a mayor presión turística.
Las intervenciones humanas y el efecto de las defensas costeras
El diagnóstico identifica una combinación de factores naturales y humanos detrás del deterioro. General Pueyrredon forma parte del grupo de municipios bonaerenses clasificados con muy alta presión antrópica, junto con otros distritos que concentran urbanización de alta densidad, turismo masivo, presión inmobiliaria e infraestructura sobre el frente costero.
En ese contexto, el documento advierte que las defensas rígidas, como espigones, enrocados y muros de contención, pueden mitigar temporalmente la erosión en determinados sectores, pero también generar consecuencias hacia otros puntos de la costa al alterar el transporte longitudinal de sedimentos. El informe repasa, en ese sentido, la historia de las intervenciones en Mar del Plata y sus efectos sobre la dinámica de las playas.
La escollera del Puerto interrumpió la deriva litoral de sedimentos de sur a norte. Mientras se produjo una ampliación de la playa del Puerto, comenzaron a erosionarse Playa Grande, Playa Chica y Varese. Más adelante, la construcción de muros y espigones en los sectores de Bristol y La Perla buscó contener el avance del mar, pero el documento señala que esas obras fueron trasladando y agravando el problema hacia el norte.
A las intervenciones de defensa se suman la infraestructura turística y la urbanización. La alta densidad de balnearios concesionados, decks, paradores, paseos costeros y bajadas rígidas, junto con el tránsito peatonal y vehicular, contribuyen a modificar el perfil natural de las playas, compactar la arena y reducir la vegetación en los pocos sectores medanosos que todavía permanecen.
La dependencia del refulado y la advertencia sobre el futuro de las playas
El informe también pone el foco en las tareas de refulado artificial que se realizaron en distintas etapas, particularmente en el sector central de Mar del Plata. Estas intervenciones permitieron mantener playas recreativas con un ancho funcional para la actividad turística, aunque su continuidad depende de la realización de mantenimientos periódicos y de la disponibilidad de sedimentos adecuados.
La advertencia del documento es contundente: sin esos aportes artificiales, gran parte de las playas actuales tendería a desaparecer y se transformaría en delgadas franjas de arena acumuladas al pie de los acantilados. De esta manera, el estudio plantea que el sostenimiento de algunos sectores costeros depende de intervenciones periódicas para compensar el déficit de sedimentos.
De todos modos, el diagnóstico no desconoce las acciones que se llevan adelante para preservar el frente costero. Las defensas, los espigones y los trabajos de recuperación de playas forman parte de las respuestas implementadas frente a la erosión, aunque el propio informe advierte que sus efectos deben analizarse en una escala más amplia para evitar que una solución localizada termine agravando la situación en otro sector.
Entre otros problemas ambientales, el relevamiento identificó descargas pluviales directas sobre las playas, especialmente en Parque Camet y avenida Constitución. Esos desagües concentran escorrentías de áreas urbanizadas y arroyos entubados, favorecen procesos de erosión localizada y pueden transportar sólidos, materia orgánica y contaminantes hacia el mar. También se mencionan sectores próximos al casco urbano donde se detectaron efluentes cloacales y pluviales combinados, con impacto sobre la calidad bacteriológica del agua y los sedimentos.
El informe advierte, además, que el cambio climático, las marejadas, las sudestadas y el incremento del nivel del mar pueden profundizar la vulnerabilidad del litoral. En ese escenario, la estimación de medio metro anual de pérdida de playa, aunque proviene de estudios anteriores citados por el documento y no de una medición nueva del relevamiento, vuelve a poner sobre la mesa un interrogante sobre el futuro de la costa marplatense: qué capacidad tendrá para conservar sus playas frente a una erosión persistente y a un modelo de ocupación que también modifica su dinámica natural.
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