Sorpresa: por qué la arena de la Costa Atlántica quema más
La temperatura que alcanza la superficie durante el verano puede superar los 50 grados.
Por Redacción 0223
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Caminar por la orilla del mar en la Costa Atlántica suele convertirse en una carrera de obstáculos debido a la alta temperatura que alcanza la superficie. Este fenómeno, lejos de ser una simple percepción, tiene una explicación científica vinculada a la geología de los granos y su interacción con el sol. La diferencia de sensaciones entre las playas bonaerenses y las caribeñas radica en la capacidad de cada terreno para absorber o reflejar la luz.
La temperatura que alcanza la arena durante el verano depende directamente del fenómeno del albedo, que mide cuánta radiación solar refleja una superficie. En la Costa Atlántica, la composición mineral de cuarzo y feldespato genera granos más oscuros que absorben mayor energía y levantan rápidamente. Por este motivo, el suelo puede superar los 50 grados, obligando a los turistas a caminar con rapidez para evitar molestias.
En contraste, las playas del Caribe suelen mantenerse mucho más frescas al tacto debido a que sus granos provienen de restos biológicos de corales y conchillas. Al ser mayormente blancas, estas superficies rebotan la luz solar en lugar de acumularla, manteniendo una diferencia de hasta diez grados respecto a las arenas oscuras. Esta particularidad permite caminar descalzo incluso en días de sol intenso sin sentir el ardor característico del sur.
Qué recomiendan los especialistas para evitar quemarse los pies
El contraste entre la arena seca y la húmeda es fundamental para entender cómo protegerse de posibles quemaduras en las plantas de los pies al mediodía. Los especialistas recomiendan evitar los traslados sin calzado entre las 10 y las 16, momento en que la radiación alcanza su pico de intensidad. Utilizar barreras como sandalias de goma o incluso toallas para armar un camino provisorio son estrategias comunes para cruzar la playa.
En caso de sufrir una quemadura por el calor del suelo, es vital refrescar la zona afectada con agua fría y aplicar productos calmantes como el aloe vera. También se sugiere descansar los pies y evitar nuevas exposiciones al sol hasta que el dolor y la inflamación hayan desaparecido por completo. Elegir los horarios de la mañana temprano o el atardecer garantiza una experiencia mucho más placentera y segura.
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