Un golpe de calor y una mujer decidida: la historia que impulsó la creación de balnearios en Mar del Plata
La hija del matrimonio fundador de la ciudad ostenta el título de "la primer bañista de Mar del Plata!, su osadía dio origen a la creación de balnearios en la Costa de la Biarritz ARGENTINA.
Mucho antes que se sancione el reglamento para bañistas de Mar del Plata, hubo una mujer que se animó a romper las reglas establecidas y se adentró al mar. El año es 1868 y la protagonista de tal osadía no fue otra que Cecilia Peralta Ramos, la segunda hija (y la mayor de las mujeres) del matrimonio de Patricio Peralta Ramos y Cecilia Robles.
Cuenta la historia que la joven estaba asediada por el calor de enero de Mar del Plata y decidió tomar un baño de mar para tener un respiro de la agobiante temperatura que marcaba a fuego a las familias patricias. Entonces, su padre, don Patricio Peralta Ramos viendo que era imposible frenar la determinación de la joven, decidió armar una casilla con la vela de un barco abandonado improvisada para que su hija pueda cambiarse e ingresar al agua.
Dicen también, que su incursión en el mar, fue el germen que luego mutó en la implementación de carpas y balnearios en la ciudad.
Años más tarde, precisamente en 1888, se normalizó el Reglamento de Baños para el Puerto de Mar del Plata, encargado por el Poder Ejecutivo Nacional y aprobado por la Municipalidad local. La ordenanza cuenta con nueve artículos, entre los cuales los dos primeros hacen alusión al vestir (Art. 1º: Es prohibido bañarse desnudo; Art. 2º: El traje de baño admitido por este reglamento es todo aquel que cubra el cuerpo desde el cuello a la rodilla).
Recién en 1911, con una nueva reglamentación, se dispone que queda prohibido a los bañistas salir de las casillas para tomar baños sin estar vestidos con sus trajes correspondientes, es decir, que deberán cubrir el cuerpo desde el cuello a la rodilla por lo menos. Y el Art. 3º, donde queda prohibido pasearse o detenerse los bañistas en traje de baño, debiendo estos dirigirse desde las casillas directamente a la playa, y de ésta a aquéllas una vez terminado el baño.
Otras de las normas destinadas a los varones enunciaban que no podían bañarse mezclados con las señoras, a no ser que fueran familiares. Si estaban solos, debían mantener al menos treinta metros de separación de ellas y no podían mirarlas con instrumentos de larga vista ni situarse en la orilla cuando se bañaban.
Por último, se establecían horarios para el baño, de modo que ciertas prácticas y recorridos en la playa quedaban limitados a franjas específicas del día, con eventual pena de cárcel si no se cumplía la normativa.
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