Alejandra Bonci: el corazón y la gestión detrás del Club Talleres de Mar del Plata

Desde la dirección del jardín hasta la presidencia de la institución, la vida de Alejandra Bonci está indisolublemente ligada al club del puerto. En una charla íntima, recorre su historia, el desafío de liderar en un mundo de hombres y su visión de una entidad que trasciende el fútbol para transformarse en un refugio social.

"El amor por los colores y las ganas de sacar esto adelante hacen que no lo dudes, soy la presidenta y listo. Lo volvería a hacer una y mil veces", contó Alejandra Bonci a 0223.

8 de Marzo de 2026 08:41

En un mundo históricamente dominado por hombres, Alejandra Bonci lidera desde hace 11 años una institución que nació para el fútbol y hoy es el refugio de cientos de familias del Puerto. Esta es la historia de una mujer que desafió los prejuicios para construir comunidad.

Cada día, por el Club Talleres de Mar del Plata transitan entre 300 y 400 familias. Buscan mucho más que deporte y encuentran un espacio de pertenencia en alguna de las más de 14 actividades que ofrece la entidad. Esta estructura vibrante, que abarca desde el nivel inicial hasta la alta competencia, tiene un corazón que late al ritmo del compromiso de Alejandra Bonci, su presidenta.

La historia de Alejandra es, en realidad, la historia del club portuario. “Casi nazco en Talleres porque toda mi familia fue parte. Mi abuelo jugaba allá por el 50, cuando salieron campeones. Mis padres se conocieron bailando en los típicos bailes de carnavales de la institución y mi papá fue dirigente mucho tiempo”, recuerda con nostalgia. Ella misma, al cumplir los 15 años, fue elegida reina de la institución. Lo que nadie imaginaba entonces es que esa joven, años después, ocuparía el sillón principal de la comisión directiva.

Un proyecto pedagógico con nombre propio

Tras vivir tres años en España, Alejandra regresó a Mar del Plata a los 25 años. Su padre participaba en un proyecto para renovar la infraestructura total del club con la condición de incluir un jardín de infantes. “Cuando volví, el jardín no funcionaba, la instalación estaba armada, pero nadie había presentado un proyecto pedagógico. Me enamoré del lugar y el 10 de marzo de 1996 lo abrí”, cuenta sobre el nacimiento de “Mi Tallercito”.

Hoy, solo en el turno tarde, asisten 75 estudiantes. Muchos son de segunda generación: hijos de antiguos alumnos que confían en la misma calidez que recibieron sus padres. Alejandra, que inició con 40 alumnos y la incertidumbre de la competencia cercana, no faltó un solo día en tres décadas.

Romper la resistencia cultural

Su ascenso en la dirigencia fue un proceso natural de 19 años como secretaria antes de asumir la presidencia hace 11 años. Pero el camino no estuvo libre de espinas. “Entré como directora a los 26 años. Siempre cuento, ahora como anécdota graciosa, que en aquel entonces el vicepresidente renunció porque creía que una mujer no podía ocupar un puesto en la comisión de un club de fútbol”, relata. La resistencia era cultural: “Me decían: ‘Nena, mirá el cartel, esto es un club de fútbol’”.

Alejandra se plantó. Discutió con presidentes porque su visión iba más allá de la pelota: quería un club inclusivo donde no todos los niños tuvieran que jugar al fútbol ni todas las niñas al hockey. Buscaba cuestionar los roles tradicionales y abrir más posibilidades.

Sobre la paridad de género, Bonci reflexiona: “Estamos integradas a la sociedad, pero aún faltan oportunidades porque los clubes suelen estar manejados por hombres. Las mujeres deben animarse a participar y llevar sus ideas. No sé cómo será la participación en otros clubes, en mi club, ser hombre o mujer es igual, todos somos valorados de la misma manera”.

— ¿Cuántas mujeres hay en la comisión hoy?

— Actualmente, la secretaria, la prosecretaria, una vocal titular y dos suplentes son mujeres. Juntas impulsamos proyectos como la feria mensual de emprendedores, que genera recursos para los vecinos y el club. El rol fundamental del club es la contención social: los chicos deben estar aquí y no en la calle, con los riesgos que eso implica. Trabajamos desde el jardín hasta los adultos con actividades como maxivóley o zumba. Muchas madres aprovechan el tiempo de entrenamiento de sus hijos para realizar su propia actividad física.

Bajo su gestión, el club ha tenido que expandirse para contener la demanda social. La sede central en Magallanes y Triunvirato (donde funcionan el jardín y disciplinas como vóley, básquet, taekwondo, Tang Soo Do, patín y gimnasia artística) ya no fue suficiente. Hoy, la Villa Deportiva, ubicada en Rufino de Inda y Mario Bravo, es el epicentro del fútbol. El hockey, en cambio, se entrena en canchas municipales, mientras que el crecimiento del club obligó a alquilar espacios externos para actividades como el maxivóley

— ¿Qué pasa cuando mirás para atrás? ¿Qué pasa cuando te empezás a acordar de que empezaste a entrar como jugando en la comisión directiva con tu papá y terminás siendo la presidenta del club, con todos estos números que manejás a diario?

— A veces pienso: "¡Qué loca estaba!". Todo lo que pasa ahí adentro es mi responsabilidad. Pero el amor por los colores y las ganas de sacar esto adelante hacen que no lo dudes, soy la presidenta y listo. Lo volvería a hacer una y mil veces.

Aquello que une a Alejandra con el Club Talleres del Puerto de Mar del Plata trasciende lo meramente familiar y el vínculo con el espacio o el barrio. Su relación con la institución va más allá de todo esto y puede pensarse desde el compromiso y las ganas de seguir creciendo y compartiendo.

En épocas donde todo se consume, incluso los vínculos, espacios como los clubes siguen sosteniendo muchas de las relaciones humanas y sirven como lugar para recuperar algo de humanidad en una sociedad donde todo pasa por una pantalla o una imagen.

Alejandra lo sabe y lo practica a diario en el contacto con la gente y con los chicos y chicas que asisten al club y al jardín, siempre consciente de que se puede hacer un poco más en pos de este objetivo. “Vamos por más, vamos por más, esa es mi frase. Cada año que empieza nos reunimos con los diferentes grupos. Con fútbol, por ejemplo, les digo que mi objetivo no es solo que salgan campeones, pero este año quiero que peleen el campeonato. A las chicas de hockey: vamos por más, vamos por el ascenso. Y así con todas las actividades. ‘Vamos por más’ es la frase de Talleres”, enfatiza Alejandra.

Ese “vamos por más” no surge únicamente de la simpatía hacia el triunfo, sino de un pensamiento y un sentir puestos en lo comunitario, en los jóvenes que buscan y merecen más oportunidades de crecimiento, conocimiento y vínculos humanos.