De mirar entrenamientos desde la vereda a enfrentar a una leyenda mundial: la historia de Leonel Ávila
El marplatense viene de enfrentar en España a un bicampeón olímpico y campeón mundial. Entre sacrificios, entrenamientos extremos y sueños de gloria, contó cómo fue el camino que lo llevó a medirse con la élite del boxeo internacional.
Con apenas 25 años, Leonel Ávila ya acumula experiencias que muchos boxeadores tardan toda una carrera en vivir. El marplatense regresó hace pocos días de Palma de Mallorca, España, donde enfrentó a Arlen López el cubano que es bicampeón olímpico, campeón mundial IBA y WBA, en una pelea que lo dejó muy conforme pese al resultado. “Mostramos estar a la altura de la élite”, aseguró en dialogo con 0223 tras una experiencia que lo marcó tanto dentro como fuera del ring.
Con respecto a sus inicios como deportista, el joven boxeador contó que antes de dedicarse de lleno al boxeo, Ávila tuvo otro amor deportivo. Entre los 7 y los 13 años jugó al rugby, disciplina en la que también se destacaba y donde incluso llegó a liderar su grupo. Sin embargo, las complicaciones laborales de su papá, quien estaba a cargo de sus entrenamientos, hicieron que tuviera que alejarse de las canchas. El destino, igual, le tenía preparada otra pasión.
Todo cambió cuando se mudó cerca del gimnasio JM BOX. Durante semanas pasaba por la puerta y se quedaba observando cómo entrenaban los boxeadores. “Veía cómo entrenaban y me atrapaba cada vez más”, recordó. A los 13 años convenció a su mamá de empezar a practicar, aunque bajo una condición: solo podía entrenar y no pelear. Pero el entusiasmo fue más fuerte y rápidamente comenzó a soñar con dedicarse profesionalmente al deporte.
Sus primeros pasos arriba del ring no fueron sencillos. Perdió las primeras tres peleas amateurs y muchas veces tuvo que enfrentar rivales mayores de edad siendo todavía un adolescente. “Yo tenía 15 o 16 años y peleaba con tipos de más de 20”, contó. Sin embargo, nunca dejó de insistir. La disciplina y la constancia terminaron siendo sus principales herramientas para crecer dentro del boxeo.
Con el correr de los años llegaron los títulos y los reconocimientos en el amateurismo, hasta que a los 20 años dio el salto al profesionalismo en plena pandemia de coronavirus. Ahí comenzó otra pelea, quizá más difícil que cualquiera arriba del cuadrilátero: sostener económicamente una carrera profesional en medio de las restricciones y la falta de oportunidades. “Si no peleás, no cobrás. Y un boxeador profesional necesita entrenar dos o tres veces por día”, explicó.
Actualmente, Ávila mantiene una rutina extrema. Entrena de lunes a lunes con jornadas que arrancan a las 6 de la mañana y terminan cerca de las 19 horas. Su equipo está compuesto por los entrenadores Fernando Sosa, Carlos Olivera y Ariel Correa, además del preparador físico Gonzalo Gadea. “Mi único descanso es después de las peleas y como mucho me tomo una semana”, confesó.
El boxeador también recordó la importancia que tuvo Fernando Sosa en su carrera. El ex campeón argentino y sudamericano se convirtió en su entrenador cuando decidió pasar al profesionalismo. “Él estaba muy cerca de pelear por un título mundial, pero sufrió un desprendimiento de retina que terminó con sus sueños arriba del ring”, relató.
A lo largo de su carrera, fue construyendo su identidad arriba del ring inspirado en grandes nombres del boxeo. Durante sus primeros años seguía de cerca las peleas de Sergio Maravilla Martínez y Marcos Maidana, dos referentes argentinos que marcaron una época y lo motivaban a soñar con escenarios importantes. En la actualidad, quien más lo inspira es Saúl Álvarez, no solamente por sus logros deportivos, sino también por la mentalidad y el mensaje que transmite constantemente a los jóvenes que buscan abrirse camino en una disciplina tan sacrificada como el boxeo.
Entre sus grandes logros aparece la conquista de un título mundial juvenil tras vencer por nocaut al alemán Max Suske, además de sus dos experiencias internacionales. La última fue justamente en España, donde se midió ante un rival que “ganó todo” como el cubano López y recibió el reconocimiento del público europeo. “La gente nos felicitaba y aplaudía después de bajar del ring. Eso nos dejó muy conformes”, expresó.
Lejos de conformarse, Leonel Ávila ya piensa en el próximo desafío. Mientras espera definir si volverá a pelear en el exterior o en Argentina por algún título, también dedica parte de su tiempo a enseñar boxeo en Mar del Plata. Da clases en Neuquén 2333 los lunes, miércoles y viernes en doble turno, y abre las puertas tanto a hombres como mujeres que quieran iniciarse en el deporte. Aquel chico que se enamoró del boxeo mirando entrenamientos desde afuera hoy sigue soñando en grande, con el objetivo intacto de llegar algún día a conquistar un título mundial.
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