De un campo olvidado en la Ruta 88 a gigante industrial: la historia de superación detrás del Parque Savio
A nueve kilómetros de la costa, el Parque Industrial Mar del Plata-Batán celebra un camino de transformación. Lo que comenzó en 1975 como un campo desolado es hoy un polo tecnológico y fabril de 260 hectáreas con casi 70 empresas, diversificando la economía regional más allá del turismo estival. Esta es su historia.
A nueve kilómetros del movimiento costero y el pulso comercial del centro urbano, sobre el trazado de la Ruta Provincial 88, se despliega un centro urbano paralelo. Son 260 hectáreas de propiedad municipal donde en el aire se mezclan los aromas a café tostado, harina horneada, metal cortado a precisión y formulaciones químicas de exportación. Es el Parque Industrial Mar del Plata - Batán, un engranaje productivo donde, aproximadamente, el 40 % de las empresas pertenecen al rubro alimenticio y el 32 % al sector metalúrgico.
Aunque el imaginario popular asocia a la ciudad exclusivamente con las carpas de playa, el puerto y el turismo estival, el predio alberga una matriz fabril que sostiene la economía real de la región durante los doce meses del año.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, Argentina atravesaba el proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). La premisa era clara: fabricar en suelo local lo que antes se compraba afuera. Sin embargo, la aceleración trajo un problema severo de saturación. Las fábricas se amontonaban en el Gran Buenos Aires, lo que ahogaba la logística y concentraba la mano de obra.
En las décadas de 1960 y 1970, la Provincia de Buenos Aires impulsó una política de ordenamiento territorial. El objetivo consistía en alentar la descentralización productiva e instalar parques industriales en ciudades estratégicas del interior bonaerense. Mar del Plata, con una población creciente y una fuerte dependencia de las temporadas de verano, se transformó en el blanco perfecto para diversificar la matriz de trabajo.
Los cimientos de una idea
La historia operativa comenzó en 1958. Aquel año, el intendente Teodoro Bronzini dio el primer paso concreto al adquirir los terrenos fiscales conocidos como la zona de El Soldado. La discusión sobre la identidad económica local ya estaba sobre la mesa: eventos como la Exposición Industrial de 1958-1959 y la consolidación de la Papelera Mar del Plata demostraron que la ciudad tenía capacidad instalada para producir a escala.
Durante más de una década, la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP) y los autores del plan urbanístico "Mar del Plata 70" insistieron en una necesidad estructural: la ciudad no podía depender únicamente del clima y de los veraneantes. Hacía falta un espacio delimitado y dotado de servicios para que las fábricas salieran del tejido urbano residencial, donde molestaban a los vecinos y carecían de espacio para expandir sus galpones.
Los pioneros del barro y el hormigón
El viernes 28 de febrero de 1975, exactamente a las 12:00 del mediodía, el intendente Luis Nuncio Fabrizio encabezó el acto oficial sobre el kilómetro 9 de la Ruta 88. Junto al ministro de Economía provincial, Ramón Miralles, y a representantes del área de Desarrollo Industrial, colocaron la piedra fundamental en un predio que entonces abarcaba 253 hectáreas. Monseñor Sirotti bendijo el terreno y, junto a la piedra, enterraron un tubo cilíndrico de metal con el acta de fundación en su interior.
La meta de la época era ambiciosa: transformar la "ciudad turística" en una "ciudad industrial con turismo". No obstante, el terreno estaba completamente desnudo y los primeros años exigieron obras de infraestructura complejas.
Para 1978, la Municipalidad había completado el 100 % de las redes de agua y cloacas, el 90 % de los desagües pluviales y el 60 % de la pavimentación interna, garantizó, además, una red eléctrica de 13 000 kW y 50 líneas telefónicas a través de la Cooperativa de Batán. En 1980, bajo la intendencia de Mario Russak, el predio fue rebautizado como Parque Industrial General Manuel Savio y se levantó su símbolo arquitectónico más visible: la Torre Tanque, con capacidad para un millón de litros de agua.
La ocupación efectiva del suelo no fue inmediata. La especulación con el valor de los lotes demoró las mudanzas hasta fines de la década de 1970. La firma pesquera Argenbel S.A. comenzó a levantar sus cimientos a finales de 1979 e inauguró en abril de 1980. Sin embargo, la primera empresa en encender motores e iniciar la producción real en el predio fue CAM (Carpintería de Aluminio Marplatense).
Más allá de los planos urbanísticos y los anuncios oficiales, la realidad diaria de los pioneros era de una austeridad absoluta. Quienes llegaron primero recuerdan el predio simplemente como "un campo con una entrada", donde el horizonte solo ofrecía viento, polvo y desolación. Lo que hoy, en este 2026, alberga la ampliación del parque no era más que un extenso maizal. Según el anecdotario popular, sin infraestructura básica ni comercios cerca, varios de esos primeros emprendedores, ajustados al límite en lo económico mientras levantaban sus propios galpones a fuerza de brazos, recurrían a la tierra para subsistir: cosechaban algunos choclos del campo vecino, los hervían al fuego en medio de la obra y esa era su única comida para aguantar la jornada.
Poco a poco, el barro inicial dio paso a marcas que trazarían el perfil industrial de la región:
- Metalúrgica Bonano S.A.: Fabricación de carrocerías y acoplados.
- Cabrales: Su fundador eligió estratégicamente el primer lote a la derecha del acceso principal.
- Fidex S.R.L.: Desarrollo del sector farmacéutico.
- Pehuamar: Elaboración de snacks.
- Laboratorios GIHON (1988): Química fina de alta precisión.
- Pharmamerican (1993): Especialidades medicinales e infusiones.
Esta primera etapa de instalación y asentamiento concluyó en 1996, cuando la administración del predio pasó a un modelo de consorcio, integrando a los propietarios de las plantas en las decisiones junto al municipio.
Reconversión, tecnología y expansión
A pesar de los avances en infraestructura, el predio debió batallar durante años contra un freno cultural: la sensación de aislamiento. Hasta bien entrado el año 2000, para una pyme local, radicarse sobre la Ruta 88 equivalía a irse "lejos". En una época en la que la logística comercial marplatense apuntaba casi de forma exclusiva al mercado interno de la ciudad, dejar la trama urbana parecía un riesgo innecesario. Sin embargo, ese aislamiento inicial terminó forzando un cambio de mentalidad: la migración al parque impulsó a las fábricas a mirar más allá de la avenida Juan B. Justo y a comenzar a operar a escala nacional e internacional.
Con la llegada del nuevo milenio, el predio atravesó una fase de profesionalización. En 1996, durante la gestión del intendente Elio Aprile, se presentó el Manual de Radicación. El documento constataba que el área contaba con servicios maduros: subestación eléctrica propia, conexión directa al gasoducto Tandil-Mar del Plata y calles con pavimento de hormigón de 20 centímetros de espesor. Para atraer inversores, la comuna estableció siete años de exenciones en tasas municipales.
El ordenamiento también requirió firmeza legal. La administración inició juicios para recuperar lotes ociosos que habían sido comprados años atrás sin que se ejecutara ningún proyecto productivo. El hito ambiental y logístico más importante ocurrió en 2011, cuando se logró desmantelar un "cementerio de autos" municipal: un depósito de más de 3000 vehículos secuestrados que ocupaba cinco hectáreas clave. La chatarra fue compactada y retirada, lo que permitió recuperar suelo para nuevas radicaciones.
El perfil del parque cambió formalmente en 2003 mediante la Ordenanza 15.790, al pasar a llamarse Parque Industrial y Tecnológico General Savio (PITMAR). El objetivo fue conectar las fábricas con las universidades locales y centros de investigación (I+D+i).
Durante este período desembarcaron empresas de gran porte como PepsiCo Snacks (1998), QM Equipment (2005), Coppens (2007) y la planta centralizada de Havanna (2014). Además, en 2013 se les puso nombre a las calles internas: la arteria 4 pasó a llamarse Ingeniero Julio Esteban Sanguinetti (promotor de la idea original) y la calle 6, Ingeniero Luis Alberto Huergo.
Para responder a la demanda de espacio, en 2012 se gestionó un crédito de 20 millones de pesos ante el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), lo que permitió incorporar 27 hectáreas adicionales con servicios básicos. El período cerró en 2016 con la constitución de la Asociación Civil Administradora, que otorgó personería jurídica propia y mayor autonomía operativa a las empresas.
El motor del presente y la proyección al futuro
En la actualidad, el Parque Industrial alberga casi 70 empresas activas que generan miles de puestos de trabajo directos e indirectos. La convivencia entre sectores tradicionales, como el alimenticio y el metalúrgico, con industrias de innovación como la farmacéutica, el desarrollo de equipos energéticos y la biotecnología transformó al predio en un nodo de comercio exterior.
El parque se encamina a consolidarse como un polo industrial y tecnológico de referencia nacional, con la visión de transformar a Mar del Plata en una potencia productiva moderna que logre un equilibrio definitivo entre su tradición turística y un entramado industrial de vanguardia.
La implicancia de este crecimiento futuro reside en una diversificación radical de la matriz productiva, mediante la integración de sectores de alto valor agregado como la farmacéutica, la energía y el software, lo que asegura una inserción competitiva y exportadora en los mercados globales.
Este horizonte de desarrollo busca garantizar la estabilidad económica y el progreso social a largo plazo, con la generación de miles de empleos de calidad que trasciendan generaciones y fortalezcan el sentido de orgullo y pertenencia de toda la comunidad regional.
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