Iba a hacer las compras por el cumple de su hermano: la historia del motociclista que murió al chocar contra un patrullero

Couñago murió después de dos meses internado tras el accidente en la avenida Luro. El emotivo recuerdo de su madre.

La víctima creció en el barrio Bernardino Rivadavia y era fanática de Aldosivi y Peñarol.

23 de Septiembre de 2026 08:03

Por Redacción 0223

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La familia de Federico, el motociclista que murió en un trágico accidente al chocar contra un patrullero, reveló por qué se encontraba ese día en la calle y remarcó que era "un chico muy bueno y querido por todos", que "no tenía maldad". Era adorado por sus seres queridos, hincha de Aldosivi y Peñarol, y vendedor de pescado.

Couñago cumplió sus 31 años el 17 de agosto, cuando estaba internado en el Hospital Interzonal General de Agudos (Higa) por el brutal impacto ante un móvil policial que luego le costó la vida. El siniestro ocurrió el 14 de julio y el deceso fue confirmado en la mañana del miércoles 16 de septiembre.

De acuerdo al recuerdo de su madre Marcela, la víctima creció en una vivienda ubicada en Teodoro Bronzini y General Roca, en el barrio Bernardino Rivadavia, y asistió a la Escuela de Educación Primaria Nº 58, ubicada en Santiago del Estero y Avellaneda.

Federico iba a alentar a Aldosivi y a Peñarol en Mar del Plata.

"Era un chico muy bueno y querido por todos, que no tenía maldad. Trabajaba en el pescado en el último tiempo, después de ser despedido de una empresa de correo privado junto a los empleados más nuevos", contó la mujer.

Además, sostuvo que en el plano deportivo su hijo era fanático de Aldosivi y Peñarol a nivel local, equipos que iba a ver con frecuencia, aunque también mantenía una fuerte pasión por Boca. Incluso, por su tiempo en el Higa, Marcela le agradeció especialmente a los profesionales y a sus amigos de las dos instituciones marplatenses.

Federico también era una persona familiera que acompañaba jugando a las cartas o a los dados a su mamá, a quien intentaba no abandonar ni un segundo por sus múltiples enfermedades. Del mismo modo era con su familia y especialmente con sus sobrinos, a los que pasaba a buscar por la escuela y se los llevaba a jugar.

Había trabajado en una empresa de correo privado y también vendió pescado al ser despedido.

La manera en que actuaba se reflejó hasta el último de sus días, ya que cuando sufrió el accidente se dirigía a hacer las compras para festejar el cumpleaños de su hermano Franco, que se encontraba en su casa cuidando de su hija pequeña.

"Y pasó esto por una imprudencia, por no esperar tres segundos a que cambiara el semáforo", se lamentó Marcela, tras el siniestro que le quitó la posibilidad de jugar una mano más al truco con su hijo.

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