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Pigna: “Rivadavia y Alvear quisieron matar a San Martín”

Pigna: “Rivadavia y Alvear quisieron matar a San Martín”

Mariano Suárez

El afamado historiador volvió a Mar del Plata para presentar su último libro La voz del gran jefe. Asegura que se recortó la figura del Libertador y se propuso develar al hombre político.

No hay dudas de que el personaje más relevante de la historia argentina es José de San Martín. Así lo vemos todos en la escuela. El Libertador de América. Sin embargo, el historiador Felipe Pigna se dedicó años a trazar un perfil más amplio de este personaje en La voz del gran jefe, su último libro. Habla de las operaciones político militares de las que fue víctima, de su pensamiento progresista, de su vocación frustrada de gobernar la Argentina. Habla de un San Martín poco conocido y rompe con algunos mitos de la historia romántica que todos conocemos.

Rivadavia y Alvear, son dos grandes enemigos mortales. Y decimos mortales porque fue gente que lo quiso matar”, cuenta Pigna en una entrevista con 0223, en la que también aventura que la Argentina hubiese sido mucho mejor si San Martín hubiese sido presidente en lugar de Rivadavia.

-Ya sos un clásico de Mar del Plata, ¿con qué expectativas viniste este año?

-Muchas expectativas, las mejores. Uno siempre viene con muchas ganas. Mar del Plata es como la gran presentación del libro, porque hay gente de todo el país y siempre son multitudinarias las presentaciones.

En este caso con un libro muy querido y deseado por mí. Lo vengo trabajando hace mucho y ha tenido una muy buena recepción de la gente. Mi Facebook es muy populoso y la gente está muy contenta con el libro, fue muy bien recibido, la gente está muy contenta con el libro y es lo que más me importa. Nunca me importaron mucho las críticas, no por soberbia, las leo con mucho respeto, pero lo que me importa finalmente es lo que opine la gente, no los críticos.

-En general en ese campo tus libros siempre son bien recibidos.

-Si, por suerte sí. Y ojo que mis lectores son gente que me dice lo que me tiene que decir, no es que me refugio ahí porque es todo lindo. Y la verdad que este libro ha sido muy bien recibido.

-Hablás de un libro muy deseado, de un personaje que te atrapa como San Martín. ¿Desde hace cuánto que tenés este libro en mente?

-Vengo pensando en este libro hace muchos años. Uno va madurando y leyendo mucho sobre el personaje hasta que se siente en condiciones de hacer una historia de San Martín que para un historiador argentino es muy importante porque es “el personaje” probablemente. La decisión la tomé hace tres años y comencé a trabajar en archivos locales y extranjeros para ver qué se podía decir de nuevo de San Martín. No en el sentido de la novedad, no me preocupa la primicia digamos, sino qué puede aportar uno. Y creo que el libro aporta muchas cosas novedosas en torno a cómo mirar a San Martín, a las operaciones histórico políticas que se han hecho en torno a él y a poner blanco sobre negro en esta ficción que pretende eliminar de San Martín el conflicto, sus enemigos, que fueron muchos y muy potentes. En el libro pongo bastante énfasis a esto.

-Las internas políticas no son propias de esta época entonces y vos te encargás de ratificarlo en este libro.

-No pensando en el presente, ahí es donde se puede caer en una trampa. Si uno hace un libro de San Martín en el presente se equivoca. Uno tiene que hacer un libro de San Martín no con la idea de referenciarlo en el presente, es un error que no es propio de un buen historiador. Con los parámetros de la historia, hablar de un personaje histórico y recordarle a la gente que la historia tiene necesariamente debate, conflicto, pelea. Esto ha sido así toda la vida en todos los procesos históricos del mundo. La Revolución Francesa hablaba de política, y acá lo mismo. Increíblemente se le ha recortado a San Martín todo su aspecto político, su excelente gobernación tanto en Cuyo como en Perú, su voluntad de poder, el querer gobernar a Argentina en determinados momentos, cosa que le impidieron.

San Martín es autor del primer proyecto de ley proteccionista de nuestro país, de un producto nacional, que es el vino.

-¿Por qué creés que existió ese recorte?

-Existió porque si no se recortaba ese conflicto había que hablar necesariamente mal de dos personajes clave para el liberalismo argentino que son Rivadavia y Alvear, son dos grandes enemigos mortales. Y decimos mortales porque fue gente que lo quiso matar. Alvear armó un atentado con 15 personas que fracasó porque fue descubierto. Y Rivadavia intentó asesinarlo, pero San Martín fue avisado por el gobernador López de que le tendían una trampa para matarlo. Además, todas las campañas de prensa, las calumnias. Presentó un libro inédito de Alvear sobre San Martín, donde Alvear llega al atrevimiento de escribir en primera persona como si fuera una autobigrafía de San Martín, donde teóricamente se autoinculpaba de crímenes, robos, de corrupciones que nunca existieron. Esto es una campaña para desprestigiar a San Martín, personaje siempre expectable para gobernar el país en el momento que se está por reunir el Congreso del 24 que terminará eligiendo de presidente a Rivadavia. Perfectamente pudo haber sido San Martín. Es interesante correr toda cuestión de odios personales, que lo pudo haber, pero acá es interesante marcar que había operaciones políticas.

-Más allá de trazarlo como un gran estratega militar, describís a San Martín como un progresista, de ideas revolucionarias para su época. ¿Esto era conocido?

-Era conocido relativamente. Su afán de lo público no se había trabajado mucho. La educación pública, es un pionero de la salud pública en nuestro país, es el primer gobernante argentino, en este caso de una provincia, que se propone un modelo de salud pública, con hospitales públicos, campaña masiva antivariólica. Él aprovecha lo que se llama capacidad ociosa de los conventos, donde había muchos frailes sin demasiada vocación y los convierte en agentes sanitarios y los manda a vacunar a chicos de las provincias. Es autor del primer proyecto de ley proteccionista de nuestro país, de un producto nacional, que es el vino. A través del diputado Godoy Cruz envía al Congreso de Tucumán un proyecto para proteger el vino argentino. Es rechazado por los diputados liberales porteños, pero es un antecedente muy interesante de cómo pensaba y actuaba políticamente este hombre.

Estas cosas lo ubican dentro de un espacio político que al liberalismo argentino no le interesa. Estas cosas son groseramente silenciadas en la historia. Vos no podés negar que existieron ciertas cosas, te gusten o no.

-La finalización de este plan para recortar la figura de San Martín llega con la dictadura de Uriburu en el ’30. ¿Cómo se orquesta esto?

-Arranca un poco antes, con el Centenario, donde hay que instalar el Panteón definitivo de la Argentina. Hay una operación de militarización de San Martín, en la que él va a ser solamente un gran militar y eso termina con mucho éxito en el ’30 con el golpe, cuando ya es el San Martín exclusivamente militar. Ni siquiera dando a conocer toda la documentación militar, porque San Martín era un militar altamente progresista. El código de honor del Ejército de Los Andes dice La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes. Advierte que el militar no está para guerras civiles o represión, y ese tipo de cosas fueron silenciadas. Tampoco la fundación de bibliotecas, cosas que van totalmente en contra de lo que fue el golpe del ’30, que quemó bibliotecas como también lo hizo Videla que se decía sanmartiniano, aunque no tenía nada.

San Martín puede ser un excelente oficial español y luego ser en América un excelente oficial criollo, porque plantea la lucha contra el absolutismo a nivel mundial.

-Se forma militarmente en España, pero también lee pensadores franceses y se nutre del pensamiento británico. ¿Cómo se formó este cuadro político que fue San Martín?

-Sus fuentes son varias. En España hay una impronta liberal interesante de autores como Jovellanos, Campomanes, que son tipos que abrevan el pensamiento francés y lo tratan de adaptar al pensamiento español. Él lee mucho de estos liberales españoles, a la vez que lee a Rousseau, Voltaire, Montesquiev, tiene una colección completa de La Enciclopedia. Este pensamiento filosófico lo va convirtiendo en un liberal progresista. Dentro del Ejército español él se ubica en ese sector, que por ejemplo no estaba de acuerdo con el sojuzgamiento militar de América. De hecho, los militares españoles se van a negar a venir y hacen una sublevación en el año 20 para evitar que una gran expedición militar venga a reconquistar América.

Esto explica por qué él puede ser un excelente oficial español y luego ser en América un excelente oficial criollo, porque no es contradictorio. Él plantea la lucha contra el absolutismo a nivel mundial, y eso puede darse en América o España.

-Algo que se menciona es su participación en la masonería. ¿Cuál es  realmente la influencia que tiene sobre él este tema?

-Es muy interesante porque los historiadores católicos más fanáticos niegan su pertenencia y reclaman documentos. Por supuesto que no puede haber nunca un documento que testifique que San Martín pertenece a la logia, porque justamente la logia prohíbe esas cosas. No hay un carnet de afiliado a la masonería. Sí tenemos testimonios irrefutables de que San Martín perteneció a la masonería, su correspondencia, la simbología masónica en sus cartas, las referencias a las escuelas de matemáticas, a los institutos de educación que es la forma en que se llamaban las logias. Su pertenencia a la logia Lautaro, indudable. La ruptura con la logia cuando él considera que toma un camino equivocado. Él era un masón  desobediente en algún punto, nunca dejó de ser un librepensador y se atribuía la posibilidad de romper con la logia si no estaba de acuerdo, lo cual tenía sus riesgos. Romper con una logia tenía hasta riesgo de muerte. Y la Logia Lautaro estaba dirigida por Alvear que era su enemigo político y cuando Alvear decide como director supremo entregar estas provincias a Gran Bretaña en protectorado San Martín rompe con la logia.

Digo esto porque cuando uno piensa en la masonería, el masón tiene que ser obediente a las normas dictadas por la logia, pero no es el caso de San Martín que desobedece reiteradamente, bancándose las consecuencias.

-Te referís al final en un pueblito francés. ¿Por qué llega allí?

-Él se va escapando de la Revolución del ’48, básicamente por temor a que le pase algo a su hija, con la idea de ir a Londres. Ya está con problemas de salud, tiene una ceguera pronunciada y llega a Bologne Sur Mer y se queda allí, porque es un pueblo que limita con el Canal de la Mancha, lo que le permitía cruzar a Inglaterra. Pero se queda allí y establece una amistad muy linda con el doctor Galles que era el director de la biblioteca de Bologne Sur Mer, que le presta el departamento donde va a vivir, un departamento muy sencillo que tuve la suerte de conocer. Vivirá ahí los últimos años, escribiendo las últimas cartas.

-¿A quién le escribía?

-Muchas de ellas eran a Rosas, con quien forma una amistad básicamente epistolar. San Martín no es rosista, pero admira a Rosas, cosa que en la Argentina actual está mal visto, por esta cosa de que si admirás a alguien tenés que ser incondicional o si avalás ciertas cosas de algo ya sos de ese palo. Él no era ni federal, ni rosista, pero sí era completamente antiunitario. Eran sus enemigos.

San Martín no es rosista, pero admira a Rosas, cosa que en la Argentina actual está mal visto.

-¿Qué admiraba de Rosas?

-Su capacidad de conducción, el manejo de las políticas exteriores, pero también critica su vínculo con la Iglesia, su excesiva dureza en la represión interna. No obstante, su correspondencia con Rosas es tremendamente fluida. Es a la última persona que le escribe antes de perder la visión y la última carta dictada, que se la dicta a su hija Mercedes, es también a Rosas. Su mejor amigo Tomás Guido es el canciller de Rosas, a quien se le queja por algunas cosas. Por ejemplo, cuando se reestablecen las relaciones con El Vaticano se queja porque no se olvida que el Papa ha condenado a los americanos por subversivos, que van a ir al infierno. Cuando se reestablecen las relaciones le manda una carta maravillosa desde Bélgica, donde con mucha ironía le dice que si van a poner un obispo en Buenos Aires se ofrece él, porque qué mejor que un San Martín para ser obispo, ya que es un santo. Se burlaba mucho de este restablecimiento de relaciones con el Vaticano.

A la vez, recibe en su casa de Grand Bourg, antes de ir a Bologne Sur Mer, a antirosistas fanáticos, como Sarmiento, Florencio Varela, Alberdi, con quienes dialoga, discuta. Es un tipo muy amplio, como buen librepensador que puede apoyar lo que está bien y lo que está mal, cosa que en Argentina es muy difícil de entender. Como es un país muy afecto a las etiquetas, cuando uno dice que tuvo un vínculo con Rosas parece que uno quiere asociarlo a rosas, cuando lo que se hace es decir la verdad.

-¿Hubiese tenido un destino distinto la Argentina si San Martín hubiese gobernado?

-Seguramente. Estamos haciendo una ucronía, pero no tengo dudas que hubiera sido mucho mejor que gobernara San Martín a que gobernara Rivadavia. ¿Por qué lo decimos? Por su excelente gobierno en Mendoza y en Perú. Era un tipo que pensaba en el país. Lo comparo con Rivadavia porque fue el momento en que hubiera podido gobernar el país, y estoy seguro que lo hubiera hecho distinto. No lo hubiera endeudado como lo hizo Rivadavia, no hubiera hecho los desastres que hizo Rivadavia. Él denuncia la ineficiencia y la corrupción del gobierno de Rivadavia en una extensa carta donde detalla punto por punto en qué se gastó el dinero. Estaba muy atento a lo que pasaba en la Argentina, se informaba permanentemente. 

-¿Pudiste hacer el libro que querías?

-Sí, por suerte sí. Por suerte, nadie me apura con los libros y como los disfruto, no tengo apuro y urgencia para terminarlos. De hecho, no quería entregarlo. Decía Borges El fin de un libro lo pone el editor. Lo disfruté mucho, me encantó hacerlo y recorrer la tan gigantesca documentación. Fue un hombre que escribió muchísimo y leí prácticamente todo lo que escribió. Está muy concentrado en su archivo documental que se publicó por El Sanmartiniano y después está en archivos dispersos en Chile, Lima, Mendoza, hay algo en el archivo de Sevilla de España; en Francia, en Italia, donde tuve la suerte de  recabar información. Es un personaje casi novelezco.

 

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Pigna: “Rivadavia y Alvear quisieron matar a San Martín”

El afamado historiador volvió a Mar del Plata para presentar su último libro La voz del gran jefe. Asegura que se recortó la figura del Libertador y se propuso develar al hombre político.

Felipe Pigna presentó en Mar del Plata La voz del gran jefe.

No hay dudas de que el personaje más relevante de la historia argentina es José de San Martín. Así lo vemos todos en la escuela. El Libertador de América. Sin embargo, el historiador Felipe Pigna se dedicó años a trazar un perfil más amplio de este personaje en La voz del gran jefe, su último libro. Habla de las operaciones político militares de las que fue víctima, de su pensamiento progresista, de su vocación frustrada de gobernar la Argentina. Habla de un San Martín poco conocido y rompe con algunos mitos de la historia romántica que todos conocemos.

Rivadavia y Alvear, son dos grandes enemigos mortales. Y decimos mortales porque fue gente que lo quiso matar”, cuenta Pigna en una entrevista con 0223, en la que también aventura que la Argentina hubiese sido mucho mejor si San Martín hubiese sido presidente en lugar de Rivadavia.

-Ya sos un clásico de Mar del Plata, ¿con qué expectativas viniste este año?

-Muchas expectativas, las mejores. Uno siempre viene con muchas ganas. Mar del Plata es como la gran presentación del libro, porque hay gente de todo el país y siempre son multitudinarias las presentaciones.

En este caso con un libro muy querido y deseado por mí. Lo vengo trabajando hace mucho y ha tenido una muy buena recepción de la gente. Mi Facebook es muy populoso y la gente está muy contenta con el libro, fue muy bien recibido, la gente está muy contenta con el libro y es lo que más me importa. Nunca me importaron mucho las críticas, no por soberbia, las leo con mucho respeto, pero lo que me importa finalmente es lo que opine la gente, no los críticos.

-En general en ese campo tus libros siempre son bien recibidos.

-Si, por suerte sí. Y ojo que mis lectores son gente que me dice lo que me tiene que decir, no es que me refugio ahí porque es todo lindo. Y la verdad que este libro ha sido muy bien recibido.

-Hablás de un libro muy deseado, de un personaje que te atrapa como San Martín. ¿Desde hace cuánto que tenés este libro en mente?

-Vengo pensando en este libro hace muchos años. Uno va madurando y leyendo mucho sobre el personaje hasta que se siente en condiciones de hacer una historia de San Martín que para un historiador argentino es muy importante porque es “el personaje” probablemente. La decisión la tomé hace tres años y comencé a trabajar en archivos locales y extranjeros para ver qué se podía decir de nuevo de San Martín. No en el sentido de la novedad, no me preocupa la primicia digamos, sino qué puede aportar uno. Y creo que el libro aporta muchas cosas novedosas en torno a cómo mirar a San Martín, a las operaciones histórico políticas que se han hecho en torno a él y a poner blanco sobre negro en esta ficción que pretende eliminar de San Martín el conflicto, sus enemigos, que fueron muchos y muy potentes. En el libro pongo bastante énfasis a esto.

-Las internas políticas no son propias de esta época entonces y vos te encargás de ratificarlo en este libro.

-No pensando en el presente, ahí es donde se puede caer en una trampa. Si uno hace un libro de San Martín en el presente se equivoca. Uno tiene que hacer un libro de San Martín no con la idea de referenciarlo en el presente, es un error que no es propio de un buen historiador. Con los parámetros de la historia, hablar de un personaje histórico y recordarle a la gente que la historia tiene necesariamente debate, conflicto, pelea. Esto ha sido así toda la vida en todos los procesos históricos del mundo. La Revolución Francesa hablaba de política, y acá lo mismo. Increíblemente se le ha recortado a San Martín todo su aspecto político, su excelente gobernación tanto en Cuyo como en Perú, su voluntad de poder, el querer gobernar a Argentina en determinados momentos, cosa que le impidieron.

San Martín es autor del primer proyecto de ley proteccionista de nuestro país, de un producto nacional, que es el vino.

-¿Por qué creés que existió ese recorte?

-Existió porque si no se recortaba ese conflicto había que hablar necesariamente mal de dos personajes clave para el liberalismo argentino que son Rivadavia y Alvear, son dos grandes enemigos mortales. Y decimos mortales porque fue gente que lo quiso matar. Alvear armó un atentado con 15 personas que fracasó porque fue descubierto. Y Rivadavia intentó asesinarlo, pero San Martín fue avisado por el gobernador López de que le tendían una trampa para matarlo. Además, todas las campañas de prensa, las calumnias. Presentó un libro inédito de Alvear sobre San Martín, donde Alvear llega al atrevimiento de escribir en primera persona como si fuera una autobigrafía de San Martín, donde teóricamente se autoinculpaba de crímenes, robos, de corrupciones que nunca existieron. Esto es una campaña para desprestigiar a San Martín, personaje siempre expectable para gobernar el país en el momento que se está por reunir el Congreso del 24 que terminará eligiendo de presidente a Rivadavia. Perfectamente pudo haber sido San Martín. Es interesante correr toda cuestión de odios personales, que lo pudo haber, pero acá es interesante marcar que había operaciones políticas.

-Más allá de trazarlo como un gran estratega militar, describís a San Martín como un progresista, de ideas revolucionarias para su época. ¿Esto era conocido?

-Era conocido relativamente. Su afán de lo público no se había trabajado mucho. La educación pública, es un pionero de la salud pública en nuestro país, es el primer gobernante argentino, en este caso de una provincia, que se propone un modelo de salud pública, con hospitales públicos, campaña masiva antivariólica. Él aprovecha lo que se llama capacidad ociosa de los conventos, donde había muchos frailes sin demasiada vocación y los convierte en agentes sanitarios y los manda a vacunar a chicos de las provincias. Es autor del primer proyecto de ley proteccionista de nuestro país, de un producto nacional, que es el vino. A través del diputado Godoy Cruz envía al Congreso de Tucumán un proyecto para proteger el vino argentino. Es rechazado por los diputados liberales porteños, pero es un antecedente muy interesante de cómo pensaba y actuaba políticamente este hombre.

Estas cosas lo ubican dentro de un espacio político que al liberalismo argentino no le interesa. Estas cosas son groseramente silenciadas en la historia. Vos no podés negar que existieron ciertas cosas, te gusten o no.

-La finalización de este plan para recortar la figura de San Martín llega con la dictadura de Uriburu en el ’30. ¿Cómo se orquesta esto?

-Arranca un poco antes, con el Centenario, donde hay que instalar el Panteón definitivo de la Argentina. Hay una operación de militarización de San Martín, en la que él va a ser solamente un gran militar y eso termina con mucho éxito en el ’30 con el golpe, cuando ya es el San Martín exclusivamente militar. Ni siquiera dando a conocer toda la documentación militar, porque San Martín era un militar altamente progresista. El código de honor del Ejército de Los Andes dice La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes. Advierte que el militar no está para guerras civiles o represión, y ese tipo de cosas fueron silenciadas. Tampoco la fundación de bibliotecas, cosas que van totalmente en contra de lo que fue el golpe del ’30, que quemó bibliotecas como también lo hizo Videla que se decía sanmartiniano, aunque no tenía nada.

San Martín puede ser un excelente oficial español y luego ser en América un excelente oficial criollo, porque plantea la lucha contra el absolutismo a nivel mundial.

-Se forma militarmente en España, pero también lee pensadores franceses y se nutre del pensamiento británico. ¿Cómo se formó este cuadro político que fue San Martín?

-Sus fuentes son varias. En España hay una impronta liberal interesante de autores como Jovellanos, Campomanes, que son tipos que abrevan el pensamiento francés y lo tratan de adaptar al pensamiento español. Él lee mucho de estos liberales españoles, a la vez que lee a Rousseau, Voltaire, Montesquiev, tiene una colección completa de La Enciclopedia. Este pensamiento filosófico lo va convirtiendo en un liberal progresista. Dentro del Ejército español él se ubica en ese sector, que por ejemplo no estaba de acuerdo con el sojuzgamiento militar de América. De hecho, los militares españoles se van a negar a venir y hacen una sublevación en el año 20 para evitar que una gran expedición militar venga a reconquistar América.

Esto explica por qué él puede ser un excelente oficial español y luego ser en América un excelente oficial criollo, porque no es contradictorio. Él plantea la lucha contra el absolutismo a nivel mundial, y eso puede darse en América o España.

-Algo que se menciona es su participación en la masonería. ¿Cuál es  realmente la influencia que tiene sobre él este tema?

-Es muy interesante porque los historiadores católicos más fanáticos niegan su pertenencia y reclaman documentos. Por supuesto que no puede haber nunca un documento que testifique que San Martín pertenece a la logia, porque justamente la logia prohíbe esas cosas. No hay un carnet de afiliado a la masonería. Sí tenemos testimonios irrefutables de que San Martín perteneció a la masonería, su correspondencia, la simbología masónica en sus cartas, las referencias a las escuelas de matemáticas, a los institutos de educación que es la forma en que se llamaban las logias. Su pertenencia a la logia Lautaro, indudable. La ruptura con la logia cuando él considera que toma un camino equivocado. Él era un masón  desobediente en algún punto, nunca dejó de ser un librepensador y se atribuía la posibilidad de romper con la logia si no estaba de acuerdo, lo cual tenía sus riesgos. Romper con una logia tenía hasta riesgo de muerte. Y la Logia Lautaro estaba dirigida por Alvear que era su enemigo político y cuando Alvear decide como director supremo entregar estas provincias a Gran Bretaña en protectorado San Martín rompe con la logia.

Digo esto porque cuando uno piensa en la masonería, el masón tiene que ser obediente a las normas dictadas por la logia, pero no es el caso de San Martín que desobedece reiteradamente, bancándose las consecuencias.

-Te referís al final en un pueblito francés. ¿Por qué llega allí?

-Él se va escapando de la Revolución del ’48, básicamente por temor a que le pase algo a su hija, con la idea de ir a Londres. Ya está con problemas de salud, tiene una ceguera pronunciada y llega a Bologne Sur Mer y se queda allí, porque es un pueblo que limita con el Canal de la Mancha, lo que le permitía cruzar a Inglaterra. Pero se queda allí y establece una amistad muy linda con el doctor Galles que era el director de la biblioteca de Bologne Sur Mer, que le presta el departamento donde va a vivir, un departamento muy sencillo que tuve la suerte de conocer. Vivirá ahí los últimos años, escribiendo las últimas cartas.

-¿A quién le escribía?

-Muchas de ellas eran a Rosas, con quien forma una amistad básicamente epistolar. San Martín no es rosista, pero admira a Rosas, cosa que en la Argentina actual está mal visto, por esta cosa de que si admirás a alguien tenés que ser incondicional o si avalás ciertas cosas de algo ya sos de ese palo. Él no era ni federal, ni rosista, pero sí era completamente antiunitario. Eran sus enemigos.

San Martín no es rosista, pero admira a Rosas, cosa que en la Argentina actual está mal visto.

-¿Qué admiraba de Rosas?

-Su capacidad de conducción, el manejo de las políticas exteriores, pero también critica su vínculo con la Iglesia, su excesiva dureza en la represión interna. No obstante, su correspondencia con Rosas es tremendamente fluida. Es a la última persona que le escribe antes de perder la visión y la última carta dictada, que se la dicta a su hija Mercedes, es también a Rosas. Su mejor amigo Tomás Guido es el canciller de Rosas, a quien se le queja por algunas cosas. Por ejemplo, cuando se reestablecen las relaciones con El Vaticano se queja porque no se olvida que el Papa ha condenado a los americanos por subversivos, que van a ir al infierno. Cuando se reestablecen las relaciones le manda una carta maravillosa desde Bélgica, donde con mucha ironía le dice que si van a poner un obispo en Buenos Aires se ofrece él, porque qué mejor que un San Martín para ser obispo, ya que es un santo. Se burlaba mucho de este restablecimiento de relaciones con el Vaticano.

A la vez, recibe en su casa de Grand Bourg, antes de ir a Bologne Sur Mer, a antirosistas fanáticos, como Sarmiento, Florencio Varela, Alberdi, con quienes dialoga, discuta. Es un tipo muy amplio, como buen librepensador que puede apoyar lo que está bien y lo que está mal, cosa que en Argentina es muy difícil de entender. Como es un país muy afecto a las etiquetas, cuando uno dice que tuvo un vínculo con Rosas parece que uno quiere asociarlo a rosas, cuando lo que se hace es decir la verdad.

-¿Hubiese tenido un destino distinto la Argentina si San Martín hubiese gobernado?

-Seguramente. Estamos haciendo una ucronía, pero no tengo dudas que hubiera sido mucho mejor que gobernara San Martín a que gobernara Rivadavia. ¿Por qué lo decimos? Por su excelente gobierno en Mendoza y en Perú. Era un tipo que pensaba en el país. Lo comparo con Rivadavia porque fue el momento en que hubiera podido gobernar el país, y estoy seguro que lo hubiera hecho distinto. No lo hubiera endeudado como lo hizo Rivadavia, no hubiera hecho los desastres que hizo Rivadavia. Él denuncia la ineficiencia y la corrupción del gobierno de Rivadavia en una extensa carta donde detalla punto por punto en qué se gastó el dinero. Estaba muy atento a lo que pasaba en la Argentina, se informaba permanentemente. 

-¿Pudiste hacer el libro que querías?

-Sí, por suerte sí. Por suerte, nadie me apura con los libros y como los disfruto, no tengo apuro y urgencia para terminarlos. De hecho, no quería entregarlo. Decía Borges El fin de un libro lo pone el editor. Lo disfruté mucho, me encantó hacerlo y recorrer la tan gigantesca documentación. Fue un hombre que escribió muchísimo y leí prácticamente todo lo que escribió. Está muy concentrado en su archivo documental que se publicó por El Sanmartiniano y después está en archivos dispersos en Chile, Lima, Mendoza, hay algo en el archivo de Sevilla de España; en Francia, en Italia, donde tuve la suerte de  recabar información. Es un personaje casi novelezco.

 

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