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Enfoque global

26 de Noviembre de 2019 09:02

Si vos querés, Colombia también

Colombia lleva cinco días de protestas contra las políticas del gobierno de Ivan Duque. 

Bienvenida Colombia a la convulsión latinoamericana. El paro general con movilización de último jueves abrió la puerta al descontento generalizado de la población con otro de los modelos puesto como ejemplo del liberalismo regional. 

Lo novedoso de este caso es que después de muchas décadas, salen a la superficie muchos de los problemas estructurales que permanecían tapado por el tema que acaparó los debates en el sistema político durante 50 años: la guerrilla. 

Negociación o militarización fue el tópico que atravesó a todos los gobierno que tuvieron que tomar decisiones en relación a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El último mandato de Juan Manuel Santos avanzó en un acuerdo de paz que pretendió ser definitivo pero se encontró con la falta de voluntad del uribismo de implementarlo y, con ellos, cientos de exguerrilleros fueron asesinados.

En este marco, mientras se suponía que volvíamos a fojas cero en este tema, la sociedad decidió manifestarse con fuerza y, además de pedir la paz, puso en agenda el empleo, la jubilación y la educación, entre otros. 

No alcanza con crecer

De esta forma, tal como sucede en Chile, el malestar social en Colombia demuestra que no alcanza con crecer en términos macroeconómicos sino hay distribución de la riqueza. El país cafetero creció un 3,2 por ciento frente al escaso 0,1 que mostró la región en 2019 y se espera un incremento del 3,5 en un promedio general para el año próximo. A esto, hay que sumarle una buena inversión extranjera directa y un consumo para nada despreciable. 

¿Cuál es el problema entonces? El desempleo y la pauperización. Según datos oficiales de septiembre la desocupación fue de 10,2 por ciento afectando en gran medida a los más jóvenes. Además, según la encuesta de la consultora Gallup, la falta de trabajo preocupa al 88 por ciento de los consultados. Este enojo popular fue creciendo por abajo sin que las autoridades pudieran preverla. 

A este punto hay que sumarle la precarización laboral que, según dijo el secretario genera lde la Central Unica del Trabajadores (CUT), Diógenes Orjuela, en diálogo con 0223  "el 44 por ciento de los trabajadores están por debajo del salario mínimo legal, es decir, inferior a los 828.116 pesos (240 dólares)". 

La propuesta de reforma laboral del gobierno de Ivan Duque fue la chica que desató el incendio en esta flamante crisis, ya que, fue propuesta por el Fondo Monetario Internacional y  la OCDE, y establece mayor facilidades para despidos y un modelo de contratación laboral, conduce a la eliminación de organización sindical.

En otro orden de cosas, el denominado "paquetazo de Duque" también contempla ajustes en el sistema de jubilaciones y pensiones en donde más de 8.5 millones de personas cotizan mensualmente, pero sólo 3 millones logran adquirir una jubilación.

Las marchas del movimiento estudiantil y la Federación de Educadores de Colombia fueron el prólogo de lo que vimos el jueves en reclamo del cumplimiento del compromiso de inversión que el oficialismo aún no cumplió y el oficialismo respondió con represión

Para completar el combo, Duque busca privatizar 16 empresas públicas para favorecer a Odebretch, Reficar y Ais, entre otros holdings en el mandatario pretende vender para salir de la crisis. Todos estos elementos combinados explican la masividad que se alzó a las calles para pedir reformas urgentes en favor de las grandes mayorías.  

Caída de imagen

Ivan Duque lleva menos de dos años en el poder, sin embargo, su popularidad está en baja y con signos de debilidad. Tal como publicó El País, en las últimas encuestas la desaprobación llegó el 69% y el Jefe de Estado carece de mayorías en el Congreso. 

Además, viene una estrepitosa derrota en las elecciones municipales en la que perdió históricos bastiones como Cali, Bucaramanga, Medellín, Santa Marta, Bogotá, Cúcuta, Montería, Boayacá, Manizales y Caquetá.

No obstante, no hay una figura pública que capitalice la crisis gubernamental y nos impide proyectar una futura propuesta programática que canalice las demandas dado que la oposición se presente dividida en algunos referentes como el ex candidato a la presidencia, Gustavo Petro, y la alcaldesa electa de Bogotá, Claudia López.

En todos los casos, el exceso de protagonismo y la división uribismo-antiuribismo puede ser contraproducente debido a que lo que se puso en marcha es un movimiento ciudadano que relegó a la clase política a correr de atrás. 

Ecuador, Chile y Colombia son casos testigos de la falta de tolerancia de la sociedad a las políticas de ajuste. En los tres casos los gobiernos optaron por la represión y se sostuvieron en las Fuerzas Armadas provocado muertos y heridos mientras las fuerzas progresistas discuten la manera de canalizar una salida de la crisis que no sea el autoritarismo. 

Las marchas cumplieron su quinto día consecutivo desafiando el toque de queda y las intenciones del gobierno de desactivarla. Si bien es una noticia en desarrollo, la sociedad decidió imponer su propia agenda y gambetear la lógica maniquea del enemigo externo con la que el uribismo manipuló la opinión pública para nunca cambiar nada.