0223.com.ar
La dictadura le mató a sus padres y le robó a su hermano: lo busca por todo el país

La dictadura le mató a sus padres y le robó a su hermano: lo busca por todo el país

Rocío Díaz

Su nombre es Adriana Metz. Tiene 43 años y cuenta que recién cuando tuvo sus propios hijos pudo emprender la búsqueda activa de "José Gabriel".

Suele utilizarse la frase "dar a luz" como sinónimo de traer un hijo al mundo. Sin embargo, ese día lo que menos había era luz. Quizás, a Graciela Alicia Romero le quitaron la venda que llevaba desde hacía cuatro meses cuando fue secuestrada. O no, y en ese momento lo único que pudo hacer fue cerrar más los ojos. 

En la oscuridad de un aula de "La Escuelita" de Bahía Blanca, hizo lo que pudo para parir a su bebé. Lejos de la clínica con la cual había soñado, sin obstetra que sostenga la criatura al nacer, sin una partera que la guiara en los pujos, sin un milímetro de anestesia para no sentir el dolor de las contracciones. Lejos de su marido y toda su familia. 

Tal vez solo unos trapos fueron usados para absorber un poco de toda la sangre que una mujer pierde en un parto. O no, y sus líquidos fueron baldeados una semana después cuando ya ni ella estaba viva para sufrirlo. 

Alicia Partnoy era su única compañía en semejante infierno. Se conocían por voz, a través de una pared que separaba las habitaciones donde habían sido depositadas, pero se sentían hermanas. El día del parto, la mujer se ofreció asistirla, pero el milico no la dejó. 

"No hace falta, ayudé a parir ovejas en el campo", le contestó.

"La Escuelita" de Bahía blanca en la actualidad.

Graciela no sobrevivió para contarlo. Fue una de las tantas jóvenes perseguida, torturada y asesinada por la última dictadura cívico militar eclesiástica que militares argentinos encabezaron desde 1976 a 1982 en todo el país. 

Su hijo, apropiado.

Lo único que se sabe es que fue varón. Ella misma se lo dijo a Alicia cuando un día por el descuido de los guardias se encontraron en el baño y le contó que "estaba bien y su hijo también".

Una semana después del alboroto que se armó aquella madrugada del 17 de abril de 1977 en el centro clandestino de detención de "La Escuelita" de Bahía Blanca por el parto de Graciela, aparentemente "una persona de civil fue a buscarlo y se lo llevó". 

De ella no hay más información hasta el día de su "traslado final".

José Gabriel.

La que habla es Adriana Elisa, la primer hija del matrimonio de Graciela con Raúl Eugenio Metz. Cuenta que una tía le dijo que ese nombre es el que sus padres le iban a poner a ella si era varón y por eso supone que así su mamá llamó a su hermano.

Sentada en un banco de la terminal de ómnibus de Mar del Plata se prepara para viajar al sur del país a participar de una jornada de difusión de Abuelas de Plaza de Mayo. Tiene 43 años, pero dice que recién a sus treinta, pudo emprender la búsqueda de su hermano de manera activa. "Antes la hacía de manera pasiva", explica.

"Hasta que no tuve a mis dos hijos y los vi abrazarse, tirarse de los pelos, pelearse, morderse, yo tenía la definición de hermano del diccionario", se acuerda.

Adriana nació en Bahía Blanca, de donde también eran y se casaron sus padres. El día que los militares los secuestraron ella fue entregada a un vecino con la frase: "Callate la boca y criala como propia".

Resulta que ese vecino no pudo cumplir con la tarea y buscó a algún familiar de la niña. Los primeros años vivió con sus abuelos, pero después se mudó con una de sus tía a Mar del Plata, donde vive desde hace ya casi 30 años. 

Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, el día de su casamiento por civil. 

El hermano de Adriana sigue al día de hoy desaparecido, pero ella dice que "información de él siempre hay" y que siempre se acerca gente a Abuelas creyendo haber visto a "un joven parecido a un nieto que están buscando".

"Eso es posible gracias al trabajo de las viejas que le transmitieron la necesidad a toda la sociedad de encontrar a sus nietos", explica y agrega: "Más allá del abrazo que ellas y todos sus familiares se merecen, a los nietos hay que buscarlos por que ellos tienen el derecho de su identidad vulnerada".

Parece un discurso armado, pero no lo es. 

- ¿Se puede continuar la búsqueda con este gobierno?

- Si se pudo con la dictadura, se puede con este gobierno. Es más difícil, se encuentran trabas y cuesta un montón, pero se puede. Suena increíble que hayamos tenido que armar una marcha contra el 2x1, pero así y todo se puede. A veces lo imposible tarda un poco más. 

Llora. Su mirada se rompe. Le cuesta imaginar. No tiene con qué hacerlo. Ni una foto, ni una medalla, ni un perfume, ni una ropa. Nada. La dictadura le robó todo. Le mató a sus padres y le arrancó a su hermano.

Pese a todo, no pierde la esperanza.

En su cabeza, se reencuentra miles de veces con su hermano. Lo huele, lo abraza. Incluso se enoja y le grita. Dice que si algún día lo ve, lo primero que le diría sería: "¡Mierda que cuesta encontrarse!". O le contaría de sus abuelos, de los sobrinos que lo buscan. O tal vez no le diría, no haría falta. Porque si le contara todo lo que pasó en estos 42 años no le alcanzarían las palabras. 

"Sólo lo escucharía". 

Comentarios de usuarios de 0223
Comentarios de usuarios de facebook

La dictadura le mató a sus padres y le robó a su hermano: lo busca por todo el país

Su nombre es Adriana Metz. Tiene 43 años y cuenta que recién cuando tuvo sus propios hijos pudo emprender la búsqueda activa de "José Gabriel".

Suele utilizarse la frase "dar a luz" como sinónimo de traer un hijo al mundo. Sin embargo, ese día lo que menos había era luz. Quizás, a Graciela Alicia Romero le quitaron la venda que llevaba desde hacía cuatro meses cuando fue secuestrada. O no, y en ese momento lo único que pudo hacer fue cerrar más los ojos. 

En la oscuridad de un aula de "La Escuelita" de Bahía Blanca, hizo lo que pudo para parir a su bebé. Lejos de la clínica con la cual había soñado, sin obstetra que sostenga la criatura al nacer, sin una partera que la guiara en los pujos, sin un milímetro de anestesia para no sentir el dolor de las contracciones. Lejos de su marido y toda su familia. 

Tal vez solo unos trapos fueron usados para absorber un poco de toda la sangre que una mujer pierde en un parto. O no, y sus líquidos fueron baldeados una semana después cuando ya ni ella estaba viva para sufrirlo. 

Alicia Partnoy era su única compañía en semejante infierno. Se conocían por voz, a través de una pared que separaba las habitaciones donde habían sido depositadas, pero se sentían hermanas. El día del parto, la mujer se ofreció asistirla, pero el milico no la dejó. 

"No hace falta, ayudé a parir ovejas en el campo", le contestó.

"La Escuelita" de Bahía blanca en la actualidad.

Graciela no sobrevivió para contarlo. Fue una de las tantas jóvenes perseguida, torturada y asesinada por la última dictadura cívico militar eclesiástica que militares argentinos encabezaron desde 1976 a 1982 en todo el país. 

Su hijo, apropiado.

Lo único que se sabe es que fue varón. Ella misma se lo dijo a Alicia cuando un día por el descuido de los guardias se encontraron en el baño y le contó que "estaba bien y su hijo también".

Una semana después del alboroto que se armó aquella madrugada del 17 de abril de 1977 en el centro clandestino de detención de "La Escuelita" de Bahía Blanca por el parto de Graciela, aparentemente "una persona de civil fue a buscarlo y se lo llevó". 

De ella no hay más información hasta el día de su "traslado final".

José Gabriel.

La que habla es Adriana Elisa, la primer hija del matrimonio de Graciela con Raúl Eugenio Metz. Cuenta que una tía le dijo que ese nombre es el que sus padres le iban a poner a ella si era varón y por eso supone que así su mamá llamó a su hermano.

Sentada en un banco de la terminal de ómnibus de Mar del Plata se prepara para viajar al sur del país a participar de una jornada de difusión de Abuelas de Plaza de Mayo. Tiene 43 años, pero dice que recién a sus treinta, pudo emprender la búsqueda de su hermano de manera activa. "Antes la hacía de manera pasiva", explica.

"Hasta que no tuve a mis dos hijos y los vi abrazarse, tirarse de los pelos, pelearse, morderse, yo tenía la definición de hermano del diccionario", se acuerda.

Adriana nació en Bahía Blanca, de donde también eran y se casaron sus padres. El día que los militares los secuestraron ella fue entregada a un vecino con la frase: "Callate la boca y criala como propia".

Resulta que ese vecino no pudo cumplir con la tarea y buscó a algún familiar de la niña. Los primeros años vivió con sus abuelos, pero después se mudó con una de sus tía a Mar del Plata, donde vive desde hace ya casi 30 años. 

Graciela Alicia Romero y Raúl Eugenio Metz, el día de su casamiento por civil. 

El hermano de Adriana sigue al día de hoy desaparecido, pero ella dice que "información de él siempre hay" y que siempre se acerca gente a Abuelas creyendo haber visto a "un joven parecido a un nieto que están buscando".

"Eso es posible gracias al trabajo de las viejas que le transmitieron la necesidad a toda la sociedad de encontrar a sus nietos", explica y agrega: "Más allá del abrazo que ellas y todos sus familiares se merecen, a los nietos hay que buscarlos por que ellos tienen el derecho de su identidad vulnerada".

Parece un discurso armado, pero no lo es. 

- ¿Se puede continuar la búsqueda con este gobierno?

- Si se pudo con la dictadura, se puede con este gobierno. Es más difícil, se encuentran trabas y cuesta un montón, pero se puede. Suena increíble que hayamos tenido que armar una marcha contra el 2x1, pero así y todo se puede. A veces lo imposible tarda un poco más. 

Llora. Su mirada se rompe. Le cuesta imaginar. No tiene con qué hacerlo. Ni una foto, ni una medalla, ni un perfume, ni una ropa. Nada. La dictadura le robó todo. Le mató a sus padres y le arrancó a su hermano.

Pese a todo, no pierde la esperanza.

En su cabeza, se reencuentra miles de veces con su hermano. Lo huele, lo abraza. Incluso se enoja y le grita. Dice que si algún día lo ve, lo primero que le diría sería: "¡Mierda que cuesta encontrarse!". O le contaría de sus abuelos, de los sobrinos que lo buscan. O tal vez no le diría, no haría falta. Porque si le contara todo lo que pasó en estos 42 años no le alcanzarían las palabras. 

"Sólo lo escucharía". 

Conectar
Crear cuenta
Redimensionar