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Historias de acá

7 de Julio de 2019 20:00

La historia del icónico reloj de Mar del Plata que volvió a la vida después de 10 años

Durante años – exactamente, los últimos diez – cada uno de los marplatenses y turistas que detuvo su paso frenético por la esquina de avenida Luro e Hipólito Yrigoyen y levantó su mirada hacia lo alto de la Municipalidad, seguramente habrá contemplado con tanto asombro como desconcierto la presencia inerte de la única figura circular que se distingue en la torre principal del Palacio; la misma que alguna vez, según confiaba la historia, supo reconocerse como un reloj.

 

En verdad, seguía ostentando ese reconocimiento pero con un título cada vez más devaluado. Por fuera, claro, conservaba sus cuatro cuadrantes, sus números romanos, sus agujas livianas de pino, y la estética que ineludiblemente remonta al recuerdo de siglos pasados, pero su mecanismo interno no era capaz de satisfacer el fin básico y primordial que funda el origen de este instrumento: dar la hora.

Así fue que permaneció el histórico reloj del Municipio de Mar del Plata desde la última década y hasta hace algunas pocas semanas. Pero finalmente la administración del intendente Carlos Arroyo tomó cartas en el asunto y, a principios de este mes, lo hizo: sí, volvió a darle vida. Más vale tarde que nunca.

Fue a través del expediente 3829-7-2018 que se dio intervención para que la Secretaría de Obras y Planeamiento Urbano, a cargo de Guillermo de Paz, delineara la confección de las especificaciones técnicas necesarias y pudiera avanzar con una labor que también se topó con distintas dificultades que dilató en varios meses la posibilidad de resolver algo que, en principio, podría suponerse como sencillo.

Uno de los inconvenientes mayores era que faltaban varias piezas “vitales” del reloj original – como el péndulo o la rueda de escape - que se montó durante la construcción del Palacio Comunal que diagramó el reconocido arquitecto Alejandro Bustillo a fines de la década del ’30. “El equipo mecánico original de este reloj ya tenía ciertas modificaciones y le faltaban piezas. Entonces no se pudo restaurar como si fuera el original”, explicó a 0223 Julio Estévez, titular de la Dirección de Obras Públicas.

Durante las tareas, fue necesario realizar un acondicionamiento de las transmisiones mecánicas para los cuatro cuadrantes, con el objetivo de lograr el accionamiento preciso de las agujas indicadoras. Además, algunas piezas debieron restaurarse y otras directamente se fabricaron en forma artesanal en un taller de tornería. “Se pudo terminar de hacer todo en tres días pero hubo muchísimo trabajo previo en el taller”, resaltó el funcionario.

El otro problema era que no había ningún proveedor en Mar del Plata que se pudiera hacer cargo de la reparación. Más allá de la colaboración que brindaron electricistas del Departamento de Servicios Generales y la División Maestranza, el Municipio tuvo que recurrir a Alejandro Sfeir, un profesional de Buenos Aires con amplia experiencia en la materia, para poner en hora el dispositivo, que cambió radicalmente su sistema de funcionamiento.

Ahora, la novedad pasa porque todo el mecanismo de engranajes es accionado por un motor conectado a una máquina digital que posee conexión satelital para el ajuste automático de la hora mediante el Sistema de Posicionamiento Global (GPS). “El nuevo mecanismo de movimiento consiste en una parte electromecánica y una electrónica que obtiene la hora de un satélite del sistema GPS, y a su vez censa el avance de la parte electromecánica y así el reloj funciona de manera automática e independiente”, indicó a este medio el especialista de la firma Serviclock.

Sfeir brindó otros detalles de las intervenciones en el reloj: “Se cambiaron bujes y ejes, se reinstalaron los engranajes porque estaban sueltos y se construyeron ocho agujas nuevas porque las que estaban ya habían sido intervenidas y algunas estaban rotas o desbalanceadas. También se desmontó un separador para que no toque los cuadrantes”.

Sin embargo, todavía falta: el relojero dijo que resta avanzar con la restauración de los cuadrantes - hechos de hierro y en planchuelas soldadas – sobre los cuales se acusa un deterioro importante por el abandono de los últimos años. “La falta de pintura y protección y la exposición a la intemperie los oxidó y ese óxido los deformó como si fuesen una masa de hojaldre, lo que provoca que en algunos lados sobresalgan para afuera y en otros para adentro”, graficó.

“En algún momento el Municipio debería decidir alguna restauración sobre estos cuadrantes. Esto es algo que ya fue planteado, las autoridades lo comprobaron pero después está en manos de ellos resolverlo. El consejo ya se los di pero hay problemas presupuestarios, trámites y burocracia, que dificulta hacer este tipo de tareas más rápido”, reconoció.

Desde la administración local afirmaron que hay voluntad de culminar con todas las reparaciones correspondientes, y hasta de adecuar el abandonado sector de la torre donde está emplazado el nuevo dispositivo, al cual se puede acceder después de subir una extensa y angosta escalera de caracol.

 

Los orígenes, entre remates y deudas

Fue durante la primera intendencia que tuvo Mar del Plata – la de Fortunato de la Plaza, electo en 1886 – que se erigió el Palacio Municipal. El trabajo se le encargó al suizo Francisco Beltrami, quien ya contaba con pergaminos en la ciudad por haber diagramado la construcción emblemática de la capilla de Santa Cecilia. Sin embargo, la labor le demandó varios dolores de cabeza al hombre de raíces europeas, y no precisamente por cuestiones de índole profesional.

Es que las autoridades locales no tenían dinero para solventar semejante obra, por lo que fue el mismo constructor el financista. El proyecto logró concluirse y permitió la creación de un espacio imponente, que respetaba una estética eclecticísta. Pero con el paso del tiempo y la consecuente falta de pago, el profesional demandó a la administración municipal e inició un conflicto que terminó con un embargo del edificio y otros intentos de venta.

El Palacio Comunal llegó a ponerse en remate dos veces pero nunca se presentó ningún oferente interesado, así que tuvo que volver a ser adjudicado a Beltrami en 1892. Después de la larga disputa judicial, el Municipio inició negociaciones con el suizo, llegó un arreglo, se comprometió a abonar lo adeudado en diferentes cuotas y recién en 1910 pudo terminar de pagar la construcción.

Casi tres décadas más tarde, sin embargo, la cara de la Municipalidad sufriría una renovación. El intendente José Camusso, electo en 1934, impulsó una encomienda para remodelar la estructura del edificio y el proyecto cayó en las manos del arquitecto Alejandro Bustillo. No fue una casualidad: en ese momento, su hermano José María se desempañaba como Ministro de Obras Públicas e hizo su aporte para que él pudiera realizar el trabajo.

Para dar forma al “nuevo” Palacio Municipal, dicen que el profesional, que ya gozaba de amplio reconocimiento en el país, se inspiró en la sede municipal italiana del Palazzo Vecchio, que se encuentra en la Plaza de la Señoría, en Florencia. La labor comenzó en 1937 y la inauguración tuvo lugar al año siguiente, en el mes de noviembre.

El producto que el arquitecto mostró a la comunidad marplatense fue un edificio tapizado por la piedra característica del lugar, con una torre-reloj semi-exenta, de aproximadamente 40 metros de altura, a lo que agregó un imponente balcón sobre el frente que da a la calle Hipólito Yrigoyen.

 

El reloj "original"

Marcelo Castelvetri es la cuarta generación de una familia de relojeros. Hace 35 años que lleva adelante con orgullo el oficio con su local “Carillón, relojes antiguos”, que está ubicado sobre la Diagonal Pueyrredon, entre las calles Belgrano y Moreno. Es uno de los pocos lugares – si no es el único – en Mar de Plata y la zona, que se dedica a la reparación de dispositivos con cientos de años de historia. Incluso, él dice tener relojes “de hasta 250 años” en el comercio.

El hombre fue el experto que tuvo a su cargo una de las últimas reparaciones integrales del mismo reloj americano que se montó durante la obra de Bustillo en el Palacio Comunal. Fue en febrero del ’88, cuando el radical Ángel Roig estaba al frente de los destinos de la ciudad. Por intermedio de un amigo, el Municipio se comunicó con él y le encargó el trabajo, que decidió hacer “totalmente ad-honorem”, según resaltan las crónicas periodísticas de la época que aún conserva como recuerdos invaluables en el interior de su local.

“En ese momento el reloj era totalmente original: era un reloj patrón electromecánico, que estaba en planta a baja, y funcionaba a péndulo. Una vez por minuto cerraba un contacto y mandaba una señal arriba, y el reloj movía un minuto y así sucesivamente”, detalló a 0223 el relojero sobre las características del antiguo dispositivo.

Cuando Castelvetri intervino, el reloj también había dejado de funcionar durante varios años. Él se hizo cargo del mantenimiento hasta el ’90 pero después decidió desistir de la labor por advertir faltante de piezas y otras problemáticas que derivaban en serios inconvenientes. “Le metía mano cualquiera al reloj y eso era un verdadero problema”, sintetizó.

El relojero comentó que hace cinco años, durante el Gobierno de Gustavo Pulti, había sido contactado nuevamente para reparar el dispositivo pero al observarlo advirtió que era “irreparable” por los elementos que le habían quitado al mecanismo, tal como señaló el actual director de Obras Públicas.

“Quizás le habían sacado piezas para repararlas pero el problema es que nunca volvieron al reloj. Y para hacer el trabajo, yo tenía que buscar al que hizo ese cambio para ver las piezas que fueron extraídas y por eso desistí. Ya no había otra forma de repararlo más que con maquinaria nueva”, señaló.

Alejandro Sfeir, el relojero que se hizo cargo del reciente arreglo, agregó en este sentido que, durante el desarrollo de su trabajo, advirtió que hace dos años también se había “hecho un intento de automatización de todo el mecanismo”. “Quisieron hacer andar esto con agregados y mecanismos de automatización industrial y todo eso no resultó”, aseveró.

“Posiblemente el reloj haya andado un tiempito en su momento pero esto fracasó. Era algo irreparable”, coincidió el especialista con Castelvetri, y enumeró al respecto: “Estaba todo mal tratado, mal hecho, mal ajustado, y había problemas básicos y elementales como que las agujas no estaban compensadas”.

 

Movimiento ciudadano: "A los funcionarios hay que darles cuerda"

Norma Delio fue la vecina de la ciudad que sacudió el tablero e inició las gestiones ante las autoridades para que se materializara, de una vez por todas, la reparación del reloj que tiene la Municipalidad. Ella presentó un proyecto ante el Concejo Deliberante y hasta buscó la forma de generar donaciones para avanzar con la tarea. Incluso, fue la que terminó haciendo los lazos con el especialista que finalmente podría en funcionamiento el dispositivo.

Sfeir destacó la actitud de la mujer e instó a que los ciudadanos actúen con la misma voluntad frente a las distintas problemáticas cotidianas que acusan. “Ella estuvo muy activa, muy presente, insistió y eso motivó a que alguien reconozca que el reloj no podía permanecer tantos años abandonado y así se arregló. Los vecinos tienen que opinar y participar y acercarse a las autoridades para que tengan presente sus opiniones sobre todos los temas”, consideró.

Norma tiene un blog en el que hace mención de las gestiones que hizo por el reloj y, en la misma sintonía que lo planteado por el profesional de Buenos Aires, sostuvo que “si uno tiene voluntad y deseo de que las cosas funciones hay que ponerse uno mismo en movimiento”. “Si usted tiene un problema en su barrio, con las calles, con la salud, con la educación, con la seguridad usted tiene muchas vías para resolver el problema, pero debe dar los pasos que corresponde”, instó.

“Esto es porque vivimos en un mundo gobernado por leyes y funcionarios que ganan un sueldo y pierden la voluntad de servicio cuando caen bajo el techo de una repartición estatal. Hay que estar siempre detrás de ellos para que funcionen igual que un reloj. Hay que darles cuerda o ponerles las pilas”, sentenció la vecina marplatense.