El último aplauso: cuando Jorge Porcel bajó el telón en Mar del Plata

La temporada de 1990 en Mar del Plata marcó el adiós definitivo de Jorge Porcel al teatro de revista en la ciudad. Tras el éxito de Se pudrió todo, el cómico abandonó las tablas, se radicó en Miami y transformó su vida al convertirse al cristianismo evangélico.

Junto a Porcel, figuras como Jorge Luz y la impactante Beatriz Salomón sostenían el brillo de una impactante marquesina.

1 de Marzo de 2026 09:20

Corría el verano de 1990 y el aire de “La Feliz” se sentía distinto. En la puerta del Teatro Provincial, los carteles anunciaban una presentación de Esteban Mellino, un show de Carlitos Bala, la obra Orquesta de señoritas y el mayor espacio estaba cedido a Se pudrió todo, pero pocos sabían que ese título era, en realidad, un vaticinio. Jorge Porcel, el hombre que durante décadas había sido el dueño absoluto de la risa y la taquilla, caminaba por los pasillos del teatro con una mezcla de cansancio y nostalgia. Fue su última temporada en la ciudad que lo consagró: el cierre de una era dorada que no volvería.

Un escenario con aroma a despedida

La obra era una comedia picaresca clásica, ágil y cargada de ese humor de barrio que el público adoraba. La trama seguía a Alberto y Pirulo, dos “casanovas” en aprietos. El personaje de Alberto, asfixiado por deudas de juego, estaba a punto de perderlo todo: su teatro, su casa y hasta su novia. En medio de este caos brillaban La Tota y la Porota, esas señoras del servicio de limpieza que, entre chismes y escobas, se robaban las carcajadas más genuinas de la noche.

Pese al éxito, el clima tras bambalinas era introspectivo. Porcel, ya sin la dirección de Gerardo Sofovich, de quien estaba distanciado, se movía en un esquema de sketches más libres. A los cronistas de la época no se les escapaba el detalle: el “Gordo” se veía agotado. En las entrevistas, confesaba con una honestidad inusual que el ciclo de la revista tradicional estaba cumplido.

El elenco de una época que se iba

Comenzaba una década de profundos cambios a todo nivel. El género y el tipo de humor ya estaban mutando en la sociedad y, así, Se pudrió todo se inscribía en la tradición de la revista porteña trasladada a la costa, con humor pícaro, música y cuadros de baile, un formato muy popular en las temporadas marplatenses de los años 70 y 80.

El escenario del Provincial era un “quién es quién” del espectáculo de los 90. Junto a Porcel, figuras como Jorge Luz y la impactante Beatriz Salomón sostenían el brillo de una marquesina que empezaba a palidecer frente a los nuevos tiempos. Aquel elenco lo completaban nombres inolvidables: Delfor Medina, Tito Mendoza, Leticia Laurenz, Judith Gabbani y Alberto Mazzini.

Para Porcel, Mar del Plata había sido su reino. Desde los tiempos del Teatro Neptuno, donde las colas para verlo daban la vuelta a la manzana, hasta sus películas filmadas en la rambla, la ciudad era su hogar artístico. Sin embargo, ese verano de 1990, el actor se despedía de las tablas, él ya sabía que aquella sería su última temporada en la costa.

En la historia quedaban piezas como La revista de las superestrellas (1982), junto a Moria Casán y Susana Giménez, o El bicho tuvo la culpa (1986), temporada previa al récord histórico de Olmedo con El negro no puede.

De las luces del centro a la fe en Miami

La sombra de la trágica muerte de su “hermano” de escena, Alberto Olmedo, en 1988 en esta misma ciudad, seguía pesando sobre él. Tras el final de esa temporada, el rumbo de Porcel cambió drásticamente. En 1991, empacó sus recuerdos y se mudó a Miami. Allí, después de un breve paso por la televisión latina y de abrir su restaurante A la pasta con Porcel, su vida dio un giro de 180 grados. Solo volvió a la actuación para un pequeño papel en la película de Brian De Palma, junto a Al Pacino, en Carlito’s Way (1993).

La inesperada partida de Olmedo marcó profundamente su vida. A partir de ese momento, cayó en una depresión de la que nunca logró recuperarse del todo. Su presencia en los sets se volvió cada vez más esporádica: trabajaba menos y se sentía desorientado tanto en lo profesional como en lo personal. En busca de un nuevo horizonte, tomó la decisión de emprender un viaje que cambiaría su destino para siempre.

El hombre de los chistes picantes y las vedettes se refugió en el cristianismo evangélico. Cambió el guion por la Biblia y la noche por el púlpito. Sus últimos años estuvieron marcados por problemas de salud que lo obligaron a usar una silla de ruedas, lejos de los flashes y el bullicio de la calle Rivadavia.

La dupla Olmedo-Porcel en Mar del Plata.

El eco de una risa eterna

Jorge Porcel falleció el 16 de mayo de 2006, a los 69 años. Se fue escribiendo libros de fe, lejos de aquel pibe de Avellaneda que un día debutó en La revista dislocada, apadrinado por el gran Juan Carlos Mareco. Aquel mentor firmó una vez en una servilleta que el “Gordo” sería famoso, el tiempo demostró que no se había equivocado.