El escribiente

12 de Julio de 2020 10:16

Wiracocha, el dios hacedor de los Incas

Compartir
Compartí esta nota
Compartir
Compartí esta nota

Aún hoy se discute si fue un dios creador u ordenador del mundo. Sí se sabe que tenía una presencia fuerte entre los antepasados de los incas y luego en ellos. Tan fuerte fue, que los españoles al llegar quisieron rápidamente asimilarlo al dios cristiano. Le interesaba la economía y la prosperidad de su pueblo. La fuerza de los mitos y las leyendas sigue vigente. 

Los mitos y leyendas de la creación son fascinantes en todas las culturas. Por supuesto que, expuestos al tiempo, muchos de estos van simplificándose en algunos casos y en otros cargándose de significados y variando en peripecias y voces.

En Mitos y Leyendas del Perú, su compilador Fernando Rosas, sostiene que “El hombre andino amó particularmente el arte de contar. Es cierto que el mito confunde una vaguedad e incoherencia de misterios del pasado, el futuro y el presente; pero es también posible hallar un orden cronológico de las cosas y de los acontecimientos para una cosmología y genealogía de los dioses y de los seres humanos”.

De ahí partimos hacia la historia de vida de quien fuera considerado el más importante de los dioses andinos: el dios Wiracocha.

Según el historiador Luis Valcárcel fue conocido también como Apo Con Ticci Wiracocha Pachayachachic que significa “Señor de todo lo creado”. Es decir que se lo presenta, generalmente, como dios “creador y hacedor” del mundo y de las cosas; aunque esto, muchos  aseguran que podría ser una exageración de los primeros evangelizadores y de algunos cronistas, ya que, a lo mejor, su verdadera función fuera la de “ordenador” del mundo. Otro historiador, Franklin Pease, manifiesta que “Wiracocha es una divinidad celeste  que recorre el camino del sol y, después de haber ordenado el mundo, se va a los confines de este”.

El culto a Wiracocha fue uno de los más importantes de la región sur de los Andes. Al menos hasta los primeros años del  Tawantinsuyo o imperio Inca (el octavo rey se llamó Wiracocha Inca). Pero, cuando comienza la expansión de dicho imperio, las influencias y los nuevos cruces culturales  llevan a reemplazarlo por otro dios: el Sol o Inti, “Padre de los Incas”, generando una disminución en el poderío y presencia de Wiracocha. La principal prueba de esto es la desaparición de santuarios en  lugares importantes del imperio.

Otras de las leyendas del lugar sostienen que Wiracocha, en realidad, llegó a tener un hijo, a quien llamó Inti, y dos hijas, Mama Quilla y Pachamama. En estas otras versiones, también destruye a la gente del lago Titicaca con una gran inundación, llamada Unu Pachakuti, salvando solo a dos humanos para llevar la civilización al resto del mundo: Manco Capac, hijo de Inti, cuyo nombre significa “fundación espléndida”, y Mama Ocllo, que significa “madre de la fertilidad”. Estos buscaron el mejor lugar para clavar la vara de oro llamada ‘Tapac-Yauri’ y allí fundar la civilización Inca.

La imagen que hoy tenemos de Wiracocha contiene una fuerte influencia bíblica, gracias a las distintas representaciones que hicieron los cronistas en época de la conquista. Sarmiento de Gamboa, por ejemplo, sostiene que Wiracocha era un hombre de “mediana estatura, vestido con una ropa blanca a manera de alba ceñida por el cuerpo y traía un báculo y un libro en las manos”.

Su origen, concretamente y según las antiguas historias, se ubica en el principio de los tiempos en un lugar llamado Tiahuanaco, a orillas del lago Titicaca. Allí apareció un poderoso dios llamado Wiracocha Pachayachachic, que quería decir “creador del mundo”. Según el mito registrado por Juan de Betanzos, Wiracocha salió de las aguas del Lago Titicaca a orillas de la isla del Sol, pero, según otras fuentes, se hace referencia a que este dios salió de la cueva de Pacaritambo en tiempos de oscuridad y trayendo consigo la luz. Al salir, inmediatamente, el dios  dibujó y esculpió en una gran losa  todas las naciones que pensaba crear.

Decidido a llevar adelante este nuevo mundo, Wiracocha modeló a los seres humanos en piedra. Eran seres gigantes y tan deformes que al observarlos el dios  no quedó muy satisfecho. Algunas narraciones relatan que dijo: “No está bien que las gentes  sea tan crecidas” y  decidió destruirlas para crear, así, una nueva generación. Pero esta vez a su imagen y semejanza.

El dios, entonces, esculpió a los seres en piedra y barro para luego ponerles nombres. Y, al llamarlos por este, las estatuas se iban animando convirtiéndose así en seres humanos. Y así lo hizo también con los animales. Como aún no existía ni la luna ni el sol ni las estrellas, se trató de una creación de noche.

A estos nuevos seres Wiracocha les pidió que vivan en paz, en unidad y virtud. Pero estos con el tiempo lo olvidaron,  provocando así la ira del dios y su castigo. Los volvió a convertir en piedra y sobre el lugar desató un diluvio al que llamaron Unu Pachacuti, que significa “agua que transformó el mundo”.

Concluido el diluvio, el dios decidió formar una nueva generación de seres humanos y, para que no se extraviaran en la oscuridad y hubiera luz en el mundo, creó el sol, la luna y las estrellas. Quiso así Wiracocha mejorar su obra y dividió el cosmos en tres partes: Hanan Pacha (mundo de arriba), Kay Pacha (mundo de aquí) y Uqu Pacha (mundo de adentro). En el Hanan Pacha ubicó y ordenó las funciones del sol, la luna, las estrellas y los demás seres celestiales. Y los nuevos seres creados comenzaron a salir de cuevas, lagos y manantiales para habitar el Kay Pacha.

Con su obra casi lista, el dios abandona la región de Tiahuanaco y, acompañado por sus dos ayudantes, Imaimana Wiracocha y Tocapu Wiracocha, marcharon por caminos diferentes. Tocapu se dirigió a la costa e Imaimana hacia la selva, mientras que el propio dios lo haría por el camino de la sierra. La misión de todos estos era poblar con plantas, animales y personas toda la región.

En su camino, Wiracocha llegó al pueblo de Ollantaytambo que, gracias a sus divinas experiencias, pudo florecer con todas sus fuerzas y esplendor.

Mientras caminaba el dios iba poniendo nombre a todo y creando con la palabra. Mostraba también a la gente aquello que era bueno para comer y lo que era bueno para sanar. Indicó el tiempo en que iban a florecer las plantas y dio órdenes sobre cómo vivir. Les habló de un profundo amor y de la bondad con el otro. También les enseñó a cultivar.

Wiracocha sigue su tránsito por la región hasta detenerse en un punto determinado para crear allí a una persona en particular, de nombre Alcaviza. A ese sitio se lo nombró Cusco y dicen que él dejó también el siguiente mensaje: “Después de Alcaviza vendrán los Incas Orejones, y es mi deseo que todos los respeten”.

El recorrido del dios termina en lo que es hoy Ecuador. Allí se juntaron los tres y, antes de partir definitivamente, dicen las leyendas que les reveló a los seres humanos lo que les ocurriría en suerte, pero también que él enviaría a sus mensajeros a que los “amparasen y enseñasen”. Dicho esto, se dirigió al mar caminando sobre las aguas y perdiéndose en el horizonte. Algunas traducciones de su nombren indican que Wiracocha es en realidad, “espuma o grasa del mar”.

Asegura Patricia Temoche Cortez, en su “Breve historia de los Incas”, que Wiracocha  “fue uno de los dioses más importantes de los Andes prehispánicos: el venerado Apu Ticci Viracocha. Los cronistas españoles intentaron encontrar en él ciertas semejanzas con su dios cristiano, lo cual, evidentemente, era imposible. La ideología de los Andes no representaba a dioses creadores. Viracocha era el dios transformador. Un dios que no tenía sexo. Era masculino y femenino a la vez. Una evolucionada representación del conocido dios de las varas. Eso sí, estaba relacionado con la vida política y económica de los incas. Lo demuestra la leyenda que narra la guerra entre chancas y cusqueños. Se cuenta que, en sueños, el joven Cusi Yupanqui recibió la visita del dios que le ordenó dirigir la resistencia de la ciudad. Después de la magnífica victoria, Wiracocha llenó de grandes éxitos y augurios al ahora llamado inca Pachacútec. Este dios no estaba solo. Las crónicas se refieren a una triada de dioses estatales. Uno de ellos era Wiracocha, otro el sol (Inti) y el dios de los truenos y relámpagos (Illapa)”.

Hacedor u ordenador, Wiracocha es un dios benefactor y civilizador, que encarna la fecundidad de la vida y el triunfo sobre la naturaleza.

Compartir
Compartí esta nota