Historias de acá

31 de Agosto de 2021 15:52

La tragedia que marcó al primer vuelo de Austral que unió Buenos Aires y Mar del Plata

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A mediados de enero del ‘59, la empresa Austral anunció una nueva ruta aérea que iba a unir Buenos Aires, Mar del Plata y Bahía Blanca. Pero el vuelo inaugural terminó estrellado a 200 metros de la costa, frente a Camet. De las 52 personas que iban a bordo, sólo sobrevivió una: con fracturas en distintas partes del cuerpo e hipotermia, el hombre de 39 años alcanzó la playa tras nadar cuatro horas.

El viernes 16 de enero de 1959 fue la fecha elegida por la empresa Austral para inaugurar una nueva ruta aérea comercial, que iba a unir Buenos Aires, Mar del Plata y Bahía Blanca. Así fue como a las 19.25 salió de Aeroparque Jorge Newbery el avión Super Curtiss C-46 con 46 pasajeros a bordo y 5 tripulantes que, en medio de la algarabía por el viaje, no imaginaron que dos horas más tarde, todo iba a terminar de la peor manera. 

En el avión, un bimotor que había sido utilizado en la Segunda Guerra Mundial y fue reacondicionado, viajaban invitados especiales y funcionarios de la firma aérea. Pero, además, iba Roberto Servente, un ingeniero civil que a último momento había decidido tomar el vuelo para venir a Mar del Plata a ver a su familia. El hombre de 39 años solía viajar a la ciudad en auto, pero, ante la posibilidad de hacer el mismo recorrido en menos tiempo, no dudó y adquirió un pasaje. Su nombre, horas más tarde, recorrería el país, cuando se hablara del “milagro tras la tragedia”. 

La tripulación de la aeronave mantuvo comunicación con la torre de control hasta las 21.40, mientras se desarrollaba una intensa tormenta. La interrupción del contacto con el avión y las complejas condiciones climáticas que se registraban hicieron suponer que las demoras en el arribo del vuelo al aeropuerto de Mar del Plata se debían a que el piloto, ante la imposibilidad de aterrizar de manera segura, podría haber retornado a Buenos Aires. Sin embargo, la nave no logró sortear el fuerte temporal y cayó a las 22.30 en el mar, a 200 metros de la costa, frente a Camet. Según se pudo reconstruir, el ala derecha de la nave se partió al tocar la superficie del agua y el artefacto completo se desplomó de inmediato. Fue tal la magnitud del impacto que la mayoría de los pasajeros murieron desnucados.

La tapa del diario Clarín del día siguiente de la tragedia del avión Austral en la que murieron 51 personas. Foto: archivo Clarín. 

Los vecinos que vivían en cercanías del lugar en el que se estrelló el avión, alertados por el estallido, dieron aviso a la policía. La nubosidad y el mal tiempo dificultaron las primeras tareas de rescate, de las que participaron bomberos, efectivos de la Base Naval y Subprefectura Marítima y aviones de la Marina y Fuerza Aérea. Durante las primeras horas de esa larga noche, los rescatistas recuperaron 32 cuerpos de entre el oleaje. La escena se repitió a lo largo de la madrugada: retiraban los cadáveres de las víctimas fatales, se los trasladaba al hospital central (hoy, Materno Infantil) para que fueran identificados y luego eran entregados a sus familiares. En la mayoría de los casos, los cuerpos fueron trasladados a Capital Federal, de donde eran oriundos. 

A pesar del sombrío panorama que advertían los rescatistas, el hallazgo de un hombre con vida que había logrado llegar a la costa y yacía inconsciente en una zona de acantilados, alentó a los efectivos que participaban del operativo a buscar a lo largo de la costa, con dirección a Santa Clara del Mar. Sin embargo, los rastrillajes no aportaron más novedades y el pasajero, identificado poco después como Roberto Servente, fue el único sobreviviente del accidente que arrojó el saldo fatal de 51 muertos.

Servente había logrado llegar a tierra tras nadar aproximadamente cuatro horas, arrastrado por las olas, pese a que tenía fracturas en la clavícula derecha, dos costillas y una pierna, además de una herida profunda en la frente. Prácticamente desnudo -sólo le habían quedado puestos los zapatos-, se desmayó al llegar a la arena producto, no sólo del cansancio, sino también de la hipotermia. 

Eduardo, el menor de los tres hijos que tuvo Servente con su esposa Zaira, contó tiempo atrás que su padre solía contar la experiencia que, no obstante, no le impidió volver a embarcarse apenas dos años después. Inclusocomo si fuera poco, llegó a ser director de la compañía Austral, propietaria del avión en el que casi pierde la vida. “Estaba muy atemorizado y seguramente eso fue lo que lo salvó. Vio que desde la puerta de cabina del piloto empezaba a entrar agua, así que, como pudo, salió. Llego a ver cola del avión con el logotipo de austral -un pingüino- hundiéndose en medio de una oscuridad total y con un oleaje embravecido. Vio una luz y pensó que podía tratarse de un barco o un faro y comenzó a nadar”, relató Servente hijo en el documental “Tragedia y milagro en Camet”, de la productora Cabeza contenidos.

Los trabajos para tratar de recuperar los restos de la aeronave -parte delantera del avión y motores, entre otras- y que incluyeron la participación de buzos, equipos especiales y embarcaciones, se extendieron durante varios días. En el Informe Final de Accidente de Aviación Nº 1191, la Junta de Investigación de Accidentes de Aviación Civil determinó que la noche de la tragedia el piloto “falló durante un procedimiento de aproximación" e intentó continuar el vuelo con poca visual por las condiciones climáticas desfavorables que se presentaban esa noche. "La aeronave luego perdió altitud y descendió al mar”, señalaron los expertos. 

En cuanto a los factores que contribuyeron a que se produjera el siniestro, los investigadores determinaron que el piloto “no estaba familiarizado” con el aeropuerto en este tipo de operación y “calculó mal durante el procedimiento de aproximación por instrumentos”. Esta situación crítica -indica el mismo informe- generó que el piloto pasara por un “estado mental temporalmente confuso”, hecho que afectó su capacidad y destreza. Las pericias arrojaron que, en los últimos instantes de vuelo, la radiobaliza estaba fuera de servicio y la iluminación era deficiente debido a las condiciones climáticas adversas.

Servente era socio de una constructora familiar fundada en 1890 y que tuvo a cargo, entre otros grandes proyectos, el edificio de la Biblioteca Nacional y la construcción de las autopistas Illia y Buenos Aires-La Plata. Sin ningún tipo de secuelas psicológicas por la tragedia de comienzos del ‘59, murió en marzo de 2014. Tenía 93 años.

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