El Súper Domo: Un gigante de lona que marcó una época

Durante años, quienes pasaban por Juan B. Justo y Edison se detenían a mirar aquella estructura descomunal que parecía caída del cielo: una carpa monumental, tensa, imponente. El Súper Domo no solo fue un estadio, fue un experimento urbano, un imán cultural y un escenario donde Mar del Plata vivió algunos de sus momentos más vibrantes.

Más allá de su arquitectura, el Súper Domo se inmortalizó por la electrizante variedad de eventos que albergó.

21 de Diciembre de 2025 19:11

La manzana rodeada por la avenida Juan B. Justo y las calles Edison, Acha y Solís fue testigo de un gigante que todavía resuena en la memoria de varias generaciones de marplatenses. Me refiero a esa colosal carpa con la forma de un domo, imponente y llamativa, que se erigió a comienzos de los años 80 para albergar sueños, récords deportivos y noches memorables. El Súper Domo, como se lo conoció, pasó de ser una ambiciosa idea a convertirse en un hito de la cultura y el deporte marplatense.

Los orígenes de un proyecto audaz

El Súper Domo, lugar mítico de Mar del Plata durante su despedida.

La historia de este predio se remonta a 1978. En ese momento, la intervención municipal de Mario Roberto Russak, interventor durante la dictadura cívico-militar que gobernaba el país, anunció planes ambiciosos para la ciudad. Se hablaba de un ente autárquico destinado a concretar cinco megaproyectos: desde un hotel de lujo y el complejo de Punta Mogotes hasta la creación de un posible acuario.

Curiosamente, el terreno en la manzana de Juan B. Justo y Edison, propiedad de Bernardino Brasas, dueño del también icónico supermercado La Estrella Argentina, ya estaba acostumbrado a los espectáculos acuáticos. Antes del Domo, la firma que planeaba el acuario permanente había presentado allí, durante tres temporadas consecutivas, el show Acuarama On Parade. Las presentaciones fueron un éxito rotundo, con la presencia estelar de delfines como Flipper y Sisi, y luego una orca como parte del espectáculo.

Nace la carpa gigante

Fito presentando El amor después del amor.

Para el fallido proyecto del acuario, la empresa había importado una carpa espectacular: valuada en 150 mil dólares y con un peso de seis toneladas. Ante la negativa de construir el parque acuático, sus dueños vieron una oportunidad. Decidieron instalar la lona en el predio de la avenida Juan B. Justo y Edison, para darle una explotación anual.

La construcción fue una hazaña de rapidez. "Lo armamos en 30 días", recuerdan sus gestores. El techo se formó a partir de cuatro grandes arcos de sustentación, diseñados para resistir vientos de hasta 300 kilómetros por hora y un metro de nieve. El costo de esta estructura era significativamente menor que el de un estadio tradicional. Se niveló el piso y se ensambló la carpa, dividida en tres partes, con una capacidad inicial para 3.500 espectadores.

El Súper Domo abrió sus puertas en plena transición democrática. La inauguración se produjo el 18 de diciembre de 1983, con la presentación triunfal del afamado Circo Tihany, un show que se mantuvo exitoso durante toda la temporada estival.

Sus responsables tenían una filosofía clara: se consideraban "como el Luna Park", pues simplemente alquilaban el espacio. El lugar contaba con una infraestructura básica pero funcional: veinte acomodadores y boleteros, porteros según la afluencia, y butacas de plateas laterales y generales, además de populares sin numerar. Para el frío, había calefacción, y para el calor veraniego, la solución era simple: abrir las lonas de las puertas y dejar correr el aire. Fue también pionero en seguridad, siendo el primer estadio del país con puertas antipánico equipadas con barrales.

Este coliseo de lona y arcos tuvo una vida intensa entre 1983 y 1996, pero su destino estaba sellado por la modernidad. Con la construcción del Polideportivo Panamericano, antes de los Juegos Panamericanos de 1995, la necesidad de la carpa decayó. Abandonado y desaprovechado por un grupo de empresas compradoras, comenzó a ser víctima de saqueos nocturnos. El Súper Domo fue desmontado finalmente en octubre de 2002, dejando solo el recuerdo de su forma de carpa gigante en la memoria de la ciudad.

Estrellas, canastas y nocauts

Más allá de su arquitectura, el Súper Domo se inmortalizó por la electrizante variedad de eventos que albergó. Fue un crisol de música, circo y, especialmente, un semillero para el deporte local, dejando una huella indeleble en disciplinas como el básquet y el boxeo.

Tras el debut del Circo Tihany, el Súper Domo se convirtió en una parada obligada para el jet set artístico. Por ejemplo, el verano siguiente al circo recibió a Tropicana, la prestigiosa compañía cubana de espectáculos de fama internacional.

La música fue la que convirtió al Súper Domo en un verdadero ícono. Bajo su carpa convivieron el canto popular y de protesta, con voces como Mercedes Sosa, León Gieco, Víctor Heredia, Facundo Cabral y José Larralde, y la presencia inolvidable de Joan Manuel Serrat, que regresó en distintos veranos. El rock nacional también encontró allí un escenario decisivo: Soda Stereo, Virus, Los Redonditos de Ricota, Miguel Mateos, Charly García y Fito Paez, y bandas de sonido más duro como Divididos, Hermética, Rata Blanca, Los Violadores, Pappo y Alacrán hicieron vibrar a multitudes, incluso bajo estrictas normas de seguridad (se prohibía el ingreso con pilas y cintos para evitar lanzamientos y peleas). Entre folklore, tango, por ahí pasó también Osvaldo Pugliese, y rock, la carpa se volvió un punto de encuentro obligado para generaciones enteras.

El hogar de Peñarol.

Acompañando a la presencia de artistas, la serie de anécdotas que el lugar dejó también se sucede a montones. La convivencia con el Circo Tihany, por ejemplo, dejó algo inolvidable. Según cuentan, un día se escapó uno de los monos y lo tuvieron que andar corriendo por arriba de los techos para poder atraparlo, labor que llevó largas horas. Otra vez, un tigre fue el protagonista al tirarse encima del domador, lo que provocó que el público entrara en pánico y comenzara a salir corriendo por los accesos de la carpa.

El hogar del básquet Milrayitas

Para el deporte, el Súper Domo se convirtió en un estigma y una bendición. El básquet, en particular, se popularizó allí. La historia de Peñarol en el Súper Domo comenzó el 5 de octubre de 1985, buscando un espacio más amplio para jugar como local en la Primera B de la Liga Nacional.

El estadio, con una capacidad deportiva de alrededor de 2.800 personas, se equipó con un tablero central de cuatro caras, similar a los de la NBA, que marcaba hasta los fouls personales, un lujo para la época y uno de los pocos disponibles en la competencia local. Dos años después de su llegada, el 22 de mayo de 1987, Peñarol ascendió a Primera División tras derrotar a Unión Progresista. Los hinchas invadieron el perímetro en un festejo histórico.

Su momento de gloria cumbre llegó en la edición 1993/94, cuando el Milrayitas se consagró Campeón de la Liga Nacional por primera vez, ganándole la serie final a Independiente de General Pico. Incluso el mismísimo Diego Armando Maradona estuvo presente observando uno de los encuentros desde el banco local y alentando al equipo. El Súper Domo también fue sede, en 1988, del "1er Juego de las Estrellas" del país.

Noches de títulos mundiales

El boxeo encontró en ese espacio un cuadrilátero digno de campeonatos. Peleadores de talla mundial como Juan Martín “Látigo” Coggi y Julio César Vásquez disputaron allí combates por la corona.

  • 12 de enero de 1993: Coggi recuperó el título Wélter Júnior en un memorable octavo asalto ante el filipino Morris East.
  • Febrero de 1993: Vásquez defendió su corona en solo 45 segundos contra el panameño Aquilino Asprilla. Esa misma noche, el "Roña" Castro y Coggi también cosecharon triunfos.

 

El Súper Domo también fue escenario de exhibiciones de gimnasia rusa, la magia de los Globetrotters, Campeonatos Mundiales de Taekwondo y Paddle, y hasta el lanzamiento de los Juegos Panamericanos de 1995.

El Súper Domo no solo fue una cancha, fue un escenario monumental que recibió a las figuras más influyentes de la música, el arte y el espectáculo nacional e internacional. Su cartelera fue un verdadero reflejo de la efervescencia cultural que vivió la ciudad.

Por su parte, los más chicos (y no tan chicos) vibraron con las hazañas de sus héroes en el cuadrilátero con el legendario show de Titanes en el Ring y los Globetrotters, entre otros.

El eco de la despedida y la nostalgia

El anuncio del cierre en los medios de comunicación.

El Súper Domo, la carpa que desafió la idea de estadio, terminó su función con la misma discreción con la que llegó. Su desmantelamiento fue la señal de que la ciudad ya miraba hacia otras infraestructuras, como el Polideportivo. Aunque hubo intentos de reabrirlo para que Peñarol siguiera jugando, las exigencias de seguridad y los altos costos de remodelación (estimados en más de 120 mil pesos de la época) lo hicieron inviable. La Municipalidad también exigió mejoras de seguridad, nuevas salidas, baños, vestuarios, reparaciones en la lona y equipamiento deportivo para su habilitación.

En el año 2016, el exintendente Carlos Fernando Arroyo anunció que, tras veinte años de abandono, en ese lugar se construirían dos edificios de altura, cocheras, un centro comercial y una plaza pública. En esa icónica esquina de Mar del Plata funcionaba, a esa altura, una cochera a cielo abierto para un espectáculo que se brindaba cerca del lugar.

Sin embargo, para quienes vivieron sus conciertos, sus peleas de boxeo y la gesta del básquet, el recuerdo de ese coliseo de lona es mucho más fuerte que su ausencia física. El Súper Domo fue una explosión de vida y pasión en la periferia de la ciudad.

Su presencia sigue siendo tangible en la memoria colectiva. Cuando alguien menciona la carpa gigante, es como activar un viaje a la nostalgia profunda y compartida.

Basta con que una conversación reviva aquel vibrante recital de Soda Stereo, de Fito o de Spinetta, o el recuerdo de la marea de gente saliendo con la adrenalina a flor de piel después de un épico partido de Peñarol. La imagen regresa nítida y poderosa.

Para otros, la conexión es aún más personal, porque guardan aquellas entradas para el Circo Tihany, o para una tarde mágica con los espectáculos infantiles, o la expectación por ver a los ídolos de Titanes en el Ring.

Aquel espacio no fue solo un escenario para actividades artísticas y espectáculos, fue el pulso cultural y deportivo de toda una época. Cada vez que vuelve a la memoria, el Súper Domo, la carpa, se alza de nuevo en esencia.