El escribiente

12 de Septiembre de 2021 12:37

La literaria vida de Dante

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Borges solía reivindicar la obra de Dante. Alababa al poeta y su Divina comedia. Por ejemplo, manifestó en su conferencia sobre ella que: “Dante, como en Shakespeare, la música va siguiendo las emociones”. El próximo martes 14 se cumplen 700 años de su muerte.

Dante y su obra. Dante y sus lecturas e interpretaciones. Su viaje en busca de la mujer amada y la facilidad con que nos identificamos en sus escenarios.

Dante Alighieri fue funcionario público. Su habilidad y talento lo promocionaron enseguida en Italia. Su familia era prospera  y él  al ser único hijo, tuvo un muy buen pasar. No obstante, los cambios políticos de la época lo llevarían al exilio.

Pero él buscaba su futuro en las letras. Apadrinado en su momento por Brunetto Latini, quien le había enseñado «cómo el hombre se hace eterno» a través de la palabra escrita, y el auge del amor cortés le mostrarían el camino. Pero no sería fácil. Tuvo que pagar un precio alto.

A Beatriz la conoció cuando tenía nueve años. Recordaría más adelante que su sentir se reflejó en las palabras de Homero: “No parecía la hija de un hombre mortal sino de Dios”. Nueve años pasaron para volver a verla. Dos veces le bastaron para no dejar de pensarla y soñar con ella.

Se habla de la existencia real de Beatriz. Beatriz Portinari, hija de un banquero del lugar, que terminó por casarse con otro. Mientras tanto, Dante se casó con Gemma Donati, compromiso  arreglado por los padres cuando ellos tenían nueve años, con quien tuvo cuatro hijos. Pero nada menciona él sobre ella en su obra (es más, la abandona durante su exilio de Florencia).

Su amor era para con Beatriz. Se lo declara en la Vita nuova y lo consolida en la Divina comedia.

Es decir que, ambas obras, son autobiográficas. Las dos registran la evolución y el amor del protagonista, el propio Dante.

¿Por qué comedia si es una historia de amor y sufrimiento? El propio Dante confirmó en una carta que: “La finalidad de la obra es conseguir que los que viven en esta vida salgan de una situación de tristeza y conducirles al estado de la felicidad (...) El título del libro es «Aquí comienza la comedia de Dante Alighieri, florentino de nacimiento pero no de carácter». Y para comprender esto es necesario entender que (...) comedia es un tipo de narración poética que difiere de todas las demás. Difiere de la tragedia por el tema, por su desarrollo, pues la tragedia al comienzo es admirable y serena y al final catastrófica y terrible (...) En cambio, la comedia comienza con circunstancias adversas, pero tiene un final feliz...”.

El término “divina” no estaba en el título al principio, suele decirse que fue el propio Bocaccio quien lo denominó así en una conferencia (quizás se buscaba referirse a Dante como “el divino”), pero finalmente se adaptó el título a Divina comedia, con el cual sale la edición de 1555.

Dante la ponía a la par de la Eneida de Virgilio. La escribe en el exilio y aseguraba que se trataba de una “odisea del alma”, en contraposición de la obra de Virgilio que era la vida de un hombre errante.

Las lecturas de la obra  fueron, son y serán muchas.  Algunos, ya desde aquella época, aseguran que solo se trata del viaje de una persona y no un tratado de teología o misticismo. Dante dirá que se habla del “estado del alma después de la muerte”.

Los detalles simétricos y la gran riqueza de significados y símbolos que la pueblan son innumerables, así como intensos y fascinantes (quizás motivo para otra columna).

No se sabe exactamente cuánto tiempo le dedicó Dante a su escritura, pero se especula que se comenzó alrededor de 1308 y finalizó en 1321. La escribió en lengua vernácula  para que resultara más accesible para todos y estuviera a su alcance (si la escribía en latín, como se estilaba en la época, solo la leerían unos pocos y no era la intención de Dante).

Cuando se divulgó el Infierno y el Purgatorio, Dante comenzó a tener mucha notoriedad. Era invitado constantemente para ser reconocido por distintas ciudades por su obra, pero él las rechazaba porque solo le interesaba su Florencia natal, aquella ciudad dejada atrás por el exilio en 1302.

Transitando de un lugar a otro, con 56 años de edad y paludismo, Dante muere en Rávena el 14 de septiembre de  1321. Para esa altura, faltaba el final de la obra, los trece últimos cantos del Paraíso. Como el tiempo pasaba y los rollos no se descubrían, se les pidió a sus hijos, que eran “rimadores”, que completaran la obra de su padre. Pero esto no fue necesario, y vaya uno a saber si hubiese sido justo.

Nueve meses después de la muerte de Dante, su hijo Japoco di Dante tuvo un sueño donde se le aparecía su padre vestido de blanco inmaculado y con su rostro resplandeciente. Dialogaron y en la charla este le preguntó si había terminado su obra antes de “pasar a la vida verdadera”. Dante se lo confirmó y le indicó en qué lugar de la casa se encontraban los versos que faltaban.

A la mañana siguiente, Japoco se dirigió al lugar señalado en el sueño y encontró allí los trece cantos que faltaban llenos de humedad. Algunos aseguran que de haber seguido un tiempo más en ese espacio se hubieran perdido para siempre.

Muerto Dante y la obra ya en su esplendor y completa, generó el interés de los florentinos por los restos del poeta. Muchas veces reclamaron el cuerpo y hasta el propio papa León X pidió por él. Pero los enviados, ya en el pueblo de Rávena, no encontraron nada en su tumba.

En 1782, las autoridades de la ciudad decidieron renovar la tumba del autor de la Divina comedia, pero al abrirla se encontraron con un ataúd vacío. Nadie, en aquel momento, dijo nada sobre el tema. Recién en 1865, celebrando el sexto centenario del nacimiento de Dante, y al intentar nuevamente los florentinos recuperar a su poeta, se decidió abrir la tumba para identificar los restos. Ya con una Italia unificada Dante no estaba en el exilio, sino que era de todos. La sorpresa la suma un obrero, según las crónicas, que trabajando en la capilla que estaba junto a la tumba de Dante descubre otro ataúd de madera.  La inscripción y el examen del esqueleto confirmaron que eran sus restos, entonces se decide abrir la tumba  y ratificar el hecho.

Desde aquel momento, hay una tumba en Florencia, en la basílica de Santa Cruz, que ha estado siempre vacía, ya que el Dante permanece en su tumba en Rávena bajo una inscripción que apela “Honrad al más alto poeta”.

Cierra Borges, “La Comedia es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos, es entregarnos a un extraño ascetismo. ¿Por qué negarnos la felicidad de leer la Comedia? Además, no se trata de una lectura difícil. Es difícil lo que está detrás de la lectura: las opiniones, las discusiones; pero el libro es en sí un libro cristalino. Y está el personaje central, Dante, que es quizá el personaje más vívido de la literatura”.

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