Eduardo Pironio, el “obispo montonero” que está a un paso de convertirse en beato

Tras ser designado al frente de la Diócesis local, hace 50 años atrás, tuvo un rol destacado en la convulsionada Mar del Plata de los años ‘70. Hasta que, amenazado de muerte, fue trasladado a Roma. El Vaticano busca comprobar si su intervención derivó en la milagrosa sanación de un niño que había ingerido polvo de cobre.

Eduardo Pironio se desempeñó como Obispo de la diósesis local entre 1972 y 1975. Foto: Obispado Mdp

27 de Abril de 2022 08:38

Los ecos del "marplatazo" aún resonaban en la convulsionada Mar del Plata de principios de la década del ‘70 cuando el Papa Pablo VI designó como Obispo de la Diócesis a Eduardo Francesco Pironio, un hombre  particularmente valorado por su trabajo en el Vaticano. 

El 27 abril de 1972, la Iglesia marplatense escribiría otro capítulo en su historia. La llegada del hasta entonces prelado de Avellaneda traería consigo una renovación a la institución y la acercaría a la sociedad, que la veía como una entelequia.

Ordenado presbítero en la Basílica de Nuestra Señora de Luján el 5 de diciembre de 1943, antes de llegar a Mar del Plata, Pironio se desempeñó como rector del Seminario Metropolitano de Villa Devoto en la Arquidiócesis de Buenos Aires; fue decano de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Visitador Apostólico a las universidades católicas de la Argentina, auxiliar de la Arquidiócesis de La Plata y padre conciliar en la III y IV sesión del Concilio Vaticano II. 

Como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), Pironio ejerció marcada influencia en la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968), que definió el perfil de la Iglesia latinoamericana post-conciliar y una vez nombrado presidente del mismo, realizó la aplicación de las "conclusiones de Medellín" con sus “Escritos pastorales marplatenses II”, que tuvieron una amplia difusión en América latina. 

Su prédica comprometida con la opción preferencial por los pobres, en línea con lo proclamado por la Iglesia latinoamericana en la conferencia de Medellín, le valió ser tildado por algunos de comunista.

Un nacimiento milagroso

Si tuviera que hablar de mi vida, comenzaría con mi familia y, en particular, con mi madre, que fue una mujer sencilla pero de fe profunda. Yo soy el vigésimo segundo hijo, el último nacido, y tengo que reconocer que en esta historia hay algo de milagroso. Mis padres eran italianos. Cuando nació el primer hijo, mi madre tan sólo tenía 18 años y se enfermó gravemente. Durante seis meses estuvo en cama, sin poder moverse. Cuando se recuperó los médicos le dijeron que no podría tener más hijos pues, de lo contrario, su vida correría un grave riesgo. Al no saber qué hacer, mi madre fue a consultar al obispo auxiliar de La Plata, quien la tranquilizó y celebró una misa pidiendo protección.

El cardenal Pironio junto al Papa Pablo VI. Foto: Obispado Mdp

Más tarde dio a luz a 21 hijos, yo soy el último. Pero lo mejor no acaba aquí, pues después fui nombrado obispo auxiliar de La Plata, precisamente en el cargo de aquél que había bendecido a mi madre. El día de mi ordenación episcopal el arzobispo me regaló la cruz pectoral de aquel obispo, sin saber la historia que había detrás”. Así relataba Pironio a quien quiera escuchar, el motivo por el que su familia era particularmente numerosa.

"El monse" de los jóvenes 

“Era una persona muy cercana con los jóvenes. En ese momento los jóvenes del Movimiento Diocesano le decíamos 'el Monse'", recuerda en diálogo con este medio Roberto Benzo, actual coordinador de Cáritas Mar del Plata, quien lo define como una persona cálida que estaba constantemente al servicio de los feligreses. "Siempre tenía un momento para hablar con quien lo necesite y en cada charla te hacía sentir que no había nada más importante que lo que uno le contaba”, rememora.

Durante su obispado, Pironio mantuvo siempre una una prédica de paz y compromiso social y llevaba a la práctica el concepto de “Iglesia pascual y peregrina” con gran presencia en los barrios de la ciudad.

“Cuando descubrí mi vocación viaje directamente a hablar con él. El Cardenal tenía la capacidad para descubrir lo bello de cada persona y cada situación”, relata, por su parte, el padre Pablo Etchepareborda, que además recuerda que el por entonces Obispo tenía una participación activa en todas las localidades que integran la Diócesis Mar del Plata. “Llegaba a todos los lugares donde lo invitaban. Era uno más de nosotros, sencillo, cordial y muy agradecido”, asegura el sacerdote.

De la iglesia cercana a los pobres a ser tildado de Obispo Montonero 

La popularidad de Pironio iba en franco ascenso y, en el contexto político de violencia que se vivía por ese entonces en el país, sumado a su accionar dentro de la iglesia, eso no era un buen augurio. Para 1975, tanto el obispo como su entorno se habían acostumbrado a recibir amenazas de todo tipo. “Era muy común ver las paredes de la casa parroquial pintadas con frases como 'Pironio Montonero; tu destino es la orca'. Teníamos idea de la proyección del Obispo dentro de la Iglesia y éramos conscientes de que su vida estaba en peligro”, confiesa Benzo.

Su prédica comprometida con la Iglesia latinoamericana le valió el mote de "comunista", aunque de acuerdo a los dichos de quienes lo conocieron de cerca, el prelado “nunca utilizó su rol dentro de la comunidad para adoctrinar políticamente”. “Siempre abogó por la paz”, aseguran.

En vísperas del golpe militar del 1976, el religioso fue amenazado de muerte y luego de aparecer la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia con la inscripción "Pironio Montonero", el edificio tuvo que ser desalojado por una amenaza de bomba. Fue entonces que el gobierno de María Estela Martínez de Perón le ofreció a Pironio proveerle custodia personal, oferta que rechazó.

"No puedo aceptar eso. Primero, porque confío en la protección de Dios. Segundo, porque considero inaceptable que un obispo desarrolle su labor rodeado de guardaespaldas. En tercer lugar, porque pueden atentar y no solo matarme a mí, sino matar a un custodio; y su vida vale tanto como la mía", sostuvo Pironio al declinar el ofrecimiento de la mandataria.

El crimen de Coca Maggi y su traslado a Roma

Las crónicas de la época dan cuenta que, durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, los docentes alineados con la derecha peronista ocupaban los cargos jerárquicos de la Universidad Provincial. María del Carmen "Coca" Maggi, decana de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica grabó entonces una entrevista que tuvo con Pedro Arrighi, rector de la Universidad Provincial y la llevó a la prensa.

En esa entrevista, Arrighi sostuvo que la única manera de integrar la Universidad era "designar como decano en la Facultad de Derecho al doctor Jorge Aguilera" y le pidió por su intermedio a Pironio "que deje de extorsionarlo con la venta de la biblioteca de la universidad". Además, durante la charla, el funcionario confesó que con la integración planeaban echar a todo el personal no docente y docente. 

Días después de la difusión de la entrevista, el 9 de mayo de 1975 "Coca" Maggi fue secuestrada y un año más tarde, el 23 de marzo de 1976, su cuerpo apareció enterrado en una playa cerca de la laguna de Mar Chiquita.

"Para Monseñor fue un golpe durísimo", recuerdan en el entorno del recordado religioso. "Entonces el traslado era inminente", afirman. En efecto, fue promocionado por el papa Pablo VI a Prefecto de vida consagrada y sociedades de vida apostólica en septiembre de ese año y trasladado a Roma, ciudad en la que permaneció hasta su muerte, el 5 de febrero de 1998

Legado

La obra de Monseñor Pironio se mantiene hasta la actualidad. Fue el recordado obispo local el creador de la "Marcha de la esperanza" que año tras año reúne a miles de fieles que peregrinan desde los barrios marplatenses hacia el centro de la ciudad.

La primera edición de esta marcha tuvo lugar el 8 de diciembre de 1973. En su rol de obispo, Pironio decidió lanzar la convocatoria como iniciativa de la comunidad juvenil que quería encarnar la religiosidad popular, "caminando con María desde el puerto, pasando por algunos de los barrios periféricos, hacia el centro de la ciudad".

Pironio junto al Papa Juan Pablo II. Foto: Obispado Mdp

Ya como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Eduardo Pironio realizó la propuesta de instituir la Jornada Mundial de la Juventud​ de la que se lo considera cofundador. El sábado 7 de febrero de 1998, el propio Juan Pablo II recordó el gran aporte del cardenal Pironio a la Iglesia Católica en la misa de su funeral.

La beatificación

El proceso de beatificación del cardenal argentino fue abierto en Roma por el cardenal vicario, Camillo Ruini, en junio de 2006. La apertura del proceso se realizó en el Palacio del Laterano, anexo a la basílica de San Juan de Letrán, la catedral de la ciudad italiana. Se abrió en ese lugar porque, tal como marca la normativa para estos casos, fue donde murió el purpurado.

Con el reconocimiento de las "virtudes heroicas" que publicó el Vaticano, Pironio pasará a ser "venerable" y queda a un milagro de poder transformarse en beato, según la reglamentación vaticana. 

De acuerdo a la información oficial, ahora es la comisión médica del Vaticano la que debe decidir sobre la beatificación de Pironio. La junta deberá estudiar un posible milagro en la curación de un niño argentino que había tragado y respirado polvo de cobre y que, tras ser internado, fue dado de alta completamente curado y desde entonces no ha tenido ninguna otra consecuencia; hecho en el que habría intercedido una oración de la madre al cardenal.

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