Desmantelaron la calesita de Plaza Colón: ¿Fin de una época?
Es un clásico de Mar del Plata y fue el primer carrusel de piso doble de la ciudad y corceles móviles. Desde hace 22 años niños de todas las edades se acercan a dar una vuelta e intentar quedarse con la sortija. Que pasará con los caballitos
Por Redacción 0223
PARA 0223
Hace 22 años los corceles móviles de la calesita de Plaza Colón giran alegrando las tardes de miles de chicos que se acercan a ella en busca de una vuelta al ritmo de canciones infantiles que marcan el paso de los jinetes. Ayer, los marplatenses se sorprendieron por el desmantelamiento del histórico carrusel.
Fuentes consultadas por 0223 indicaron que, la baja de los caballos de fibra de vidrio junto a la cartelería y otros elementos que dan vida al primer carrusel de doble piso de Mar del Plata se debe a tareas de mantenimiento de cara a la temporada 2026 que se avecina.
En la misma línea, las fuentes indicaron que, las obras que se realizarán en el tradicional juego de niños comprenderá tareas de pintura, ajustes de maquinaria, cambio de pisos, arreglo de juegos y sistemas eléctricos.
La calesita de Plaza Colón es una de las pocas que sobrevive y, desde hace 22 años, es, para muchos la más vistosa de la ciudad ya que cuenta con dos pisos con numerosos corceles móviles en la planta alta y variedad de juegos en la planta baja y cada vuelta en ese juego dura tres minutos y medio. Como detalle, los calesiteros que trabajan en la boletería los fines de semana destacan a este medio que “en el segundo piso los caballos van más rápido”.
De campo de entrenamiento militar a objeto de diversión
La primera calesita que aparece inmortalizada en la historia del arte data del año 500 y se trata de un bajorrelieve del Imperio Bizantino en el que se distingue a varias personas dentro de un plato similar a la base de una calesita dentro de cestas que estaban suspendidas de un poste. Cuenta la historia que hasta el año 1.100 se utilizaban para entrenar jinetes.
Durante la Edad Media, en la época de las cruzadas, el elemento llamó la atención de los europeos que lo adaptaron y de a poco fueron cambiándole su función. Al llegar al denominado viejo continente, las calesitas adoptaron el nombre de “carosello” (primera batalla) y, además de las cestas, contaban con caballos y muñecos colgados en el techo con los que los soldados entrenaban su puntería.
Con el correr de los años, a los integrantes de la realeza les resultó atractivo contar en sus extensos jardines con calesitas para convertirlos en espacios de entretenimiento. Más tarde pasaron a formar parte de las diversiones del pueblo.
El carrusel, un legado inmigrante
En Argentina, de acuerdo a la información de la Asociación Argentina de Calesiteros y Afines, la primera calesita se instaló en la ciudad de Buenos Aires en 1870 en las inmediaciones del Teatro Colón y fue traída desde Alemania, ya que en el país comenzarían a fabricarse dos décadas más tarde.
La aparición de las calesitas significó para muchos inmigrantes europeos una fuente de ingresos y se dedicaron a utilizar algunas conexiones que les quedaban en sus países de origen para encargar calesitas y así invertir sus ahorros para explotar un creciente mercado ávido del novedoso y llamativo elemento lúdico.
Cuando las calesitas se volvieron furor en el país, surgió un atractivo adicional en el juego que rápidamente fue adoptado por otros países: la pera y la sortija, que otorgaban a quien se hiciera del artefacto, con una vuelta adicional sin cargo.
El invento tenía como finalidad otorgarle una cuota de “argentinidad” al juego que mayormente era explotado por españoles e italianos. La sortija se incorporó a las calesitas en la década del '30 -época en la que el juego llegó a Mar del Plata- e imitaba a las antiguas carreras de gauchos ya que los niños debían obtenerla con el carrusel en movimiento y quitarla de un poste.
De acuerdo a la investigación de Ignacio Gruppalli para el sitio web "Historias de Mar del Plata", en el barrio Nueva Pompeya, hasta la década del '50, en ciudad funcionó una calesita que giraba con tracción a sangre conocida como “La calesita de Marcelino” que contaba con un rudimentario sistema de tracción para que los niños disfruten de la propuesta recreativa. El carrusel tenía en el medio de su plato de base un agujero lo suficientemente grande para que entre un caballo y camine en círculos para hacer girar el engranaje y que la calesita comience a girar. Tanto los chicos como sus padres eran conscientes que estaba terminantemente prohibido molestar al animal durante el tiempo que duraba la vuelta, ya que cualquier alteración que sufriera el animal podía desatar una catástrofe.
Actualmente, en la ciudad funcionan tres de las calesitas “históricas” que llenaron de color a la ciudad y están ubicadas en Plaza Rocha, Plaza Mitre y Plaza Colón.
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