Chocó contra un patrullero y murió: “Ningún policía vino a dar la cara”
Marcela, la mamá de Federico Couñago, contó el dolor que atraviesa en este delicado momento. “Hasta el día de hoy, ningún policía vino a dar la car ni pedir disculpas”, lamentó.
Por Redacción 0223
PARA 0223
A un mes de la tragedia, Marcela Couñago (60), la mamá de Federico Couñago (31), el motociclista que murió tras dos meses de agonía en el Hospital Interzonal tras chocar contra una patrulla de la policía bonaerense en la avenida Luro y España, exige justicia. “Hasta el día de hoy, ningún policía vino a dar la car ni pedir disculpas”, lamentó.
El brutal siniestro ocurrió el pasado martes 14 de julio cuando Federico circulaba en una Honda XR 150 cc sobre la avenida en dirección a Champagnat, con semáforo en verde. En un video al que tuvo acceso este medio, se observa que la brutal colisión ocurrió cuando la camioneta de la policía cruzó el semáforo en rojo, supuestamente con la sirena encendida para acudir a una emergencia.
“Recién vengo del cementerio y estoy destruida, destrozada. Mi hijo era mi compañero, era todo para mí”, expresó esta mañana Marcela, en diálogo con 0223.
La familia inició acciones legales contra la policía pero para la mamá de Federico, es “incomprensible” que ninguna autoridad de las fuerzas de seguridad se acercó a dar las condolencias, a lo que entiende, “un accidente que se podría haber evitado si la policía habría cruzado la avenida con más precaución”.
“Ni siquiera hicieron una llamada en los 2 meses que estuvo internado. Y menos se acercaron en el funeral. Ni Provincia, ni la Municipalidad. Es una vergüenza y los culpables están libres. La Policía que manejaba está desafectada, pero yo quiero que sufra en la cárcel como estoy sufriendo yo”, dijo.
El dolor de una madre
Según el recuerdo de su mamá, Federico "era una persona familiera" que la acompañaba jugando a las cartas o a los dados, a quien intentaba no abandonar ni un segundo por sus múltiples enfermedades. Del mismo modo era con su familia y especialmente con sus sobrinos, a los que pasaba a buscar por la escuela y se los llevaba a jugar.
Había trabajado en una empresa de correo privado y también vendió pescado al ser despedido. La manera en que actuaba se reflejó hasta el último de sus días, ya que cuando sufrió el accidente se dirigía a hacer las compras para festejar el cumpleaños de su hermano Franco, que se encontraba en su casa cuidando de su hija pequeña.
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