El crimen que conmocionó a Mar del Plata: traicionó a su amigo, lo descuartizó y lo tiró en Chapadmalal

Un gerente pergeñó un plan macabro para encubrir una estafa millonaria y responsabilizar a su amigo e íntimo colaborador.

El hecho involucró a las autoridades de la firma Casa Noel.

27 de Octubre de 2026 17:38

Por Redacción 0223

PARA 0223

El sangriento crimen de Casa Noel de agosto de 1968 permanece como uno de los capítulos policiales más macabros de la historia de Mar del Plata. La sucursal de la célebre fábrica de dulces y conservas, situada en la calle Jujuy 3258, atravesaba una auditoría interna por un faltante de más de ocho millones de pesos. Ante la inminente revisión de los balances, el gerente Héctor Espiñeira pergeñó un plan criminal para encubrir el desfalco y responsabilizar a su íntimo amigo y contador de la firma, Roberto Aníbal Ruiz.

Cómo fue el brutal crimen de Casa Noel

El lunes 19 de agosto, la esposa del contador, Irma Nieto, alertó a su familia tras notar que su marido no había regresado a su domicilio tras cumplir su jornada laboral. Ante la preocupación, su cuñado Andrés García inició las averiguaciones pertinentes y formalizó la denuncia policial por desaparición. Mientras las fuerzas de seguridad buscaban al profesional, el propio Espiñeira intentó desviar la atención al denunciar oficialmente la defraudación económica contra la empresa.

La víctima fue decapitada y le cortaron las extremidades.

El primer hallazgo decisivo ocurrió el 25 de agosto, cuando una transeúnte descubrió un cadáver mutilado entre los arbustos de las barrancas de la playa La Paloma, en Chapadmalal. El cuerpo presentaba una característica escalofriante al carecer de cabeza y manos, aunque una cicatriz quirúrgica por una operación de apendicitis permitió identificar a la víctima. Dos días después, una patrulla policial halló abandonada en la ciudad de Azul la camioneta rural Fiat 1500 perteneciente al contador, la cual presentaba manchas de sangre en su interior.

El inesperado triángulo amoroso y la confesión del agresor

La investigación judicial destapó además una compleja trama de relaciones personales y complicidades administrativas dentro de la compañía marplatense. Las pesquisas revelaron un triángulo amoroso que involucraba a Aelita Ivars de Martiarena, empleada y cuentacorrentista de la firma, quien había mantenido vínculos sentimentales tanto con el contador como con el gerente. Los peritajes determinaron que la mujer colaboró en las maniobras contables destinadas a ocultar los movimientos irregulares de dinero.

Acorralado por las evidencias recolectadas, Espiñeira fue detenido y terminó confesando que asesinó a su amigo tras una discusión sobre el fraude corporativo. El homicida mantuvo el cuerpo en el baúl de su auto durante 24 horas antes de cortarle la cabeza y las manos con un instrumento filoso para evitar su reconocimiento. Durante un posterior viaje en lancha desde la zona de Tigre, el asesino arrojó las extremidades y el cráneo al río Paraná para borrar los rastros de la ejecución.

El caso fue un golpe enorme para Casa Noel.

En 1974, la Justicia dictó sentencia y condenó a Espiñeira a la pena de prisión perpetua en la cárcel de Sierra Chica por los delitos de fraude y homicidio calificado. Por su parte, Aelita Ivars de Martiarena falleció el 12 de mayo de 1972 y su caso sumó un componente enigmático en 1977. Durante el traslado de sus restos en el cementerio marplatense, los operarios hallaron una tijera quirúrgica de gran tamaño a la altura del tórax, un misterio que perduró junto al recuerdo de la tragedia.

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