El Loco de la Ruta 11 que nunca fue: el misterio del supuesto asesino serial que aterrorizó a la Costa Atlántica
Tras una serie de femicidios, se instaló el temor de la presunta irrupción de un agresor itinerante.
Por Redacción 0223
PARA 0223
Durante la segunda quincena de mayo de 2013, una ola de pánico sacudió a los municipios vecinos a Mar del Plata tras registrarse tres feroces femicidios contra mujeres en un intervalo de apenas cinco días. Las agresiones ocurrieron en zonas desoladas de Miramar, Villa Gesell y Santa Clara del Mar, todas conectadas por el trazado de la Ruta 11.
La seguidilla de hechos violentos en plena temporada baja encendió las alarmas judiciales y policiales de toda la región, instalando el temor de que un agresor itinerante acechara los accesos urbanos.
El primer caso en Miramar que hizo estallar el terror
El primer femicidio tuvo lugar en una zona periférica de Miramar, donde una mujer fue interceptada de noche, golpeada con saña, abusada sexualmente y abandonada en un descampado. Apenas 48 horas después y a más de cien kilómetros de distancia, otra víctima sufrió un ataque de idéntica violencia en los pastizales de Villa Gesell. El tercer hecho ocurrió dos días más tarde en los límites de Santa Clara del Mar, muy cerca del acceso norte, consolidando un patrón geográfico y temporal que desconcertó a las autoridades locales.
Ante la concatenación de hechos, la prensa y los vecinos bautizaron al sospechoso como el "Loco de la Ruta 11", trazando un paralelo directo con los crímenes ocurridos en Mar del Plata a finales de los años 90. La hipótesis principal sugería la presencia de un asesino en serie itinerante, presuntamente un chofer de larga distancia o viajante de comercio, que atacaba de manera sistemática en cada parada balnearia. Durante semanas, la psicosis masiva modificó las rutinas de la población.
La Superintendencia de Investigaciones en Función Judicial junto con la DDI de Dolores montaron operativos cerrojo en las rutas para cruzar perfiles genéticos y rastreos telefónicos. Las pericias científicas del laboratorio forense desarmaron rápidamente la teoría del depredador serial al confirmar que las muestras de ADN halladas en las tres escenas del crimen pertenecían a tres hombres totalmente diferentes. Asimismo, las huellas dactilares y las modalidades de abordaje a las víctimas presentaron diferencias sustanciales entre cada expediente.
Cómo se descartó la posibilidad de la existencia de un asesino serial
Las investigaciones locales permitieron la detención independiente de dos de los agresores en procedimientos aislados realizados en sus respectivas ciudades. La policía determinó que se trataba de delincuentes residentes de la zona sin vínculo alguno entre sí, quienes aprovecharon la escasa iluminación y la falta de patrullaje invernal para atacar. La Justicia descartó de manera definitiva cualquier conexión en red o la existencia de una mente criminal única recorriendo el corredor vial atlántico.
El fenómeno de mayo de 2013 se convirtió en un caso de estudio criminológico catalogado bajo el concepto de "conglomerado criminal fortuito": esta figura describe cómo delitos de idéntica tipología cometidos por autores independientes en un breve lapso generan la falsa percepción social de un único asesino serial.
El lógico pánico colectivo y la coincidencia geográfica llevaron a construir el mito de un psicópata del camino donde en verdad convergieron distintos episodios de inseguridad local y de brutales femicidios.
Aunque la verdad científica demostró la inexistencia del Loco de la Ruta 11, el caso dejó al descubierto la vulnerabilidad de ciertas localidades durante los meses de invierno. Las causas por abuso sexual y lesiones graves continuaron su trámite en los tribunales de la jurisdicción con condenas individuales para los responsables.
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