El sorprendente cultivo de la Costa Atlántica que no para de venderse en Europa
Los árboles comienzan a producir entre ocho y diez años después de plantados.
Por Redacción 0223
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El cultivo de Pinus pinea comenzó a expandirse en el sur de la provincia de Buenos Aires como una alternativa productiva de largo plazo. En zonas costeras con suelos arenosos, la especie encontró buenas condiciones de adaptación. A diferencia de otros desarrollos forestales con destino maderero, el objetivo principal es la producción de piñones comestibles: se trata de un fruto con alta demanda internacional y escasa oferta en el hemisferio sur.
Uno de los impulsores del proyecto es Alejandro Camporini, ingeniero forestal formado en la Universidad Nacional de La Plata. Radicado en Claromecó, inició las primeras plantaciones a fines de los años noventa. Con el tiempo amplió la superficie forestada en distintos campos del sur bonaerense: actualmente, el desarrollo suma decenas de miles de ejemplares en producción y en etapa de crecimiento.
De cuánto fue el primer envío rumbo a España
El proceso requiere planificación y paciencia: los árboles comienzan a producir piñas entre los ocho y diez años después de plantados. La cosecha se realiza entre mayo y octubre, y luego las piñas se secan para liberar la semilla. De cada cien kilos de piña se obtienen apenas dos o tres kilos de piñón pelado apto para consumo. Esa relación explica su elevado precio en mercados europeos, donde el kilo puede alcanzar valores muy altos.
En diálogo con La Nación, Camporini señaló: “Esto lleva tiempo y tal vez no llegue a verlo en su máxima expresión”. En 2023 se concretó el primer envío de seis mil kilos con destino a España, operación que se repitió en 2024 y 2025. Europa enfrenta desde hace años problemas sanitarios en sus pinares, lo que abrió oportunidades comerciales para nuevos proveedores. El desafío local ahora es ampliar la escala productiva y consolidar la exportación desde la costa bonaerense.
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