Un metro sentenciador y dos casas derrumbadas: así fue el desalojo bajo las líneas de alta tensión en José Hernández

Policía Federal llevó adelante un complejo lanzamiento en inmediaciones de la Estación Transformadora. Algunos vecinos deberán cortar sus casas para evitar el desalojo.

El metro me condena: la propietaria deberá cortar la casa por encontrarse dentro de la zona prohibida.

12 de Marzo de 2026 17:25

Por Redacción 0223

PARA 0223

Las cuatro horas que duró el desalojo dispuesto por la Justicia Federal de Mar del Plata y ejecutado por la Policía Federal sintetizaron, en forma de postal, la compleja trama de la crisis habitacional que afecta a amplios sectores de la ciudad. El epicentro fue la toma ubicada en inmediaciones de la Estación Transformadora, donde se derribaron dos casas debajo de líneas de alta tensión, mientras que algunos vecinos deberán cortar sus precarias viviendas para evitar que corran el mismo destino.

Acuciadas por la falta de recursos y el hacinamiento, en los últimos años varias familias fueron ocupando terrenos en un extenso predio de 45 hectáreas del barrio José Hernández. Algunas de ellas incluso debajo de las líneas de alta tensión que ingresan a la Estación Transformadora ubicada en Carlos Gardel y San Salvador, exponiéndose a siniestros de consecuencias fatales, además de poder afectar críticamente la infraestructura eléctrica de la ciudad.

Vecinos observan el operativo mientras efectivos de la Policía Federal y personal técnico avanzan con el procedimiento de desalojo en la toma del barrio José Hernández.

Este jueves, y en el marco de una causa judicial que lleva tres años, la Policía Federal llevó adelante un desalojo. ¿El objetivo? Liberar las llamadas “franjas de seguridad”, que contemplan 15 metros a cada lado del eje de las líneas de alta tensión, un sector donde legalmente no pueden existir edificaciones. Se trata de un área cercana a las 4 hectáreas, considerando un ancho de 30 metros a lo largo de casi 3 kilómetros en los que se extiende la toma.

Avisados ya desde mayo del año pasado de que la orden de desalojo era cuestión de tiempo, la mayoría de las personas que habitan en las franjas de seguridad fueron reubicando sus viviendas, en su mayoría precarias casillas de madera, aunque algunas también de material.

Personal técnico midió con una cinta métrica la distancia entre las viviendas y las líneas de alta tensión para determinar cuáles debían ser removidas o modificadas.

Con esa escena se encontraron los efectivos de la Federal y los auxiliares de Justicia que se presentaron este jueves a las 8 en el predio. Sin embargo, durante el recorrido detectaron al menos dos casas en infracción. Ante la indignación y preocupación de vecinos, una topadora destruyó las instalaciones, mientras a lo largo de la traza se repetía una imagen inusual.

Es que, munidos con una cinta métrica, personal de la empresa Transba -demandante y concesionaria de la Estación Transformadora- fue midiendo la distancia entre las líneas de alta tensión y las viviendas cercanas. A aquellas que se encontraban a menos de 15 metros y no habían sido oficialmente notificadas del desalojo se les otorgó un plazo perentorio para readecuarse.

Efectivos de la Policía Federal formaron un cordón en uno de los accesos a la toma durante el operativo ordenado por la Justicia Federal para liberar las franjas de seguridad bajo las líneas de alta tensión.

 

“Tenemos que cortar tres metros la casilla”

Joana es una de las casi mil personas que viven en la toma. Su casa no está en la zona de conflicto, aunque sí la de su madre, una paciente oncológica que en ese momento se encontraba trabajando. El metro condenó las instalaciones, ya que el sector se encuentra dentro de la zona límite de 15 metros.

Vinieron a medir y nos dijeron que como la casilla está cerca hay que cortarla tres metros porque está sobrepasando. Con mucho esfuerzo la estaba haciendo y ahora se va a encontrar con la sorpresa de que la tiene que cortar”, se lamentó Joana, anticipando la situación que vivirá su madre cuando vuelva de su jornada laboral. “Lamentablemente, luego de todo el esfuerzo se va a tener que cortar”, agregó ante 0223.

Personal técnico midió con una cinta métrica la distancia entre las viviendas y las líneas de alta tensión para determinar cuáles debían ser removidas o modificadas.

El operativo fue seguido de cerca por muchos de los vecinos, que miraban con preocupación el resultado que arrojaría la medición en sus casas. En el entorno se replicaba la postal de precariedad ambiental y habitacional que exponen muchas barriadas populares de la ciudad: basura, olores nauseabundos y falta de infraestructura urbana.

“Hay mucho temor de la gente a que su casa sea demolida”, reconoció uno de los operarios de la empresa, mientras entregaba folletos de Transba sobre los peligros de vivir bajo las líneas de alta tensión. “No desconocemos los riesgos, es que no tenemos alternativa”, resumió la situación otra de las vecinas.